¿Cómo hacen, los que tienen sexo
sin amor? Imperturbables como bailarines,
deslizándose el uno sobre el otro, como patinadores
sobre hielo, los dedos enlazados,
uno dentro del otro, las caras
rojas como un bife o como el vino, húmedos como
bebés recién nacidos cuyas madres
piensan abandonar. ¿Cómo es que acaban
Dios cómo es que acaban
por llegar a las aguas tranquilas, sin amar
al que hizo el recorrido junto a ellos, mientras que poco a poco
subía la temperatura, y un vapor emanaba
de sus pieles? Yo creo que ellos son
los religiosos de verdad, los puristas, los profesionales,
los que se negarían a creer
en un falso Mesías, o a amar al sacerdote
en vez de al Dios. Jamás confundirían
a quien tienen al lado con la fuente de su propio placer.
Son como los mejores corredores: saben que están a solas
con el camino y sus características,
con el frío y el viento, las particularidades
del calzado, su condición cardíaca: variables, nada más,
como el otro en la cama; no su verdad, que es
el cuerpo aislado, solo en el universo,
tratando de batir su propio récord.1
.
La fuerza de este poema de Sharon Olds (Estados Unidos, 1942) radica en la peculiar ambigüedad con que trata uno de los grandes temas de la poesía. En un primer momento, el sujeto se pregunta alarmado cómo es posible el sexo sin amor (“Cómo es que acaban / Dios cómo es que acaban / por llegar a las aguas tranquilas, sin amar / al que hizo el recorrido junto a ellos…”). Sin embargo, a pesar de que inicialmente el poema parece ubicarse en una posición moralmente conservadora, no sólo manifestando su sorpresa ante la mera posibilidad de esta práctica, sino además presentándola de manera completamente fría y deserotizada(“…imperturbables como bailarines, / deslizándose el uno sobre el otro, como patinadores / sobre hielo…”), en una segunda instancia, a partir de la comprensión de que en el sexo sin amor hay una técnica y un arte (una vez más: “bailarines”, “patinadores sobre hielo”), y del hecho de que quienes lo practican se entregan a él con seriedad y devoción, el poema pasa de la esfera del arte (“los puristas, los profesionales”), mediante la trascendencia por la forma y el trabajo técnico, directamente al ámbito religioso (“los religiosos de verdad… /, los que se negarían a creer / en un falso Mesías / o a amar al sacerdote / en vez de al Dios…”). Si bien inicialmente pareciera condenar o al menos colocar el sexo sin amor en un lugar polémico, el poema reconoce una instancia de trascendencia en el ejercicio gimnástico y profesionalizado, que es sin embargo siempre individual: el sexo sin amor, para Olds, es otra forma válida de comunión, pero en este caso del sujeto para y consigo mismo, sin necesidad de la intervención de otra instancia superior o ajena.
[1] Sex Without Love
How do they do it, the ones who make love / without love? Beautiful as dancers, / gliding over each other / like ice-skaters / over the ice, fingers hooked / inside each other’s bodies, faces / red as steak, wine, wet as the / children at birth whose mothers are going to / give them away. How do they come to the /come to the come to the God come to the / still waters, and not love / the one who came there with them, light / rising slowly as steam off their joined / skin? These are the true religious, / the purists, the pros, the ones who will not / accept a false Messiah, love the / priest instead of the God. They do not / mistake the lover for their own pleasure, / they are like great runners: they know they are alone / with the road surface, the cold, the wind, / the fit of their shoes, their over-all cardio- /vascular health–just factors, like the other /
in the bed, and not the truth, which is / the single body alone in the universe / against its own best time.