El 10 de noviembre de 2008, mientras se desarrollaba la primera edición del FILBA, Alejandro Soifer se encontró con el escritor y periodista salvadoreño Horacio Castellanos Moya para charlar sobre su último libro, Tirana memoria. También hubo lugar para la política y los problemas que agobian a latinoameríca.
Esta es la segunda y última de dos entregas. [Leer la primera]

¿Tu familia a nivel político cómo es?
Mi familia ya casi no existe. Es decir, cuando yo nací, cuando era chico a nivel político eran dos familias distintas, como en Desmoronamiento, que es de mis novelas más autobiográficas aunque yo no aparezca. Es autobiográfica por el retrato de familia, no por el personaje porque el personaje apenas es mencionado y aparece un ratito nada más. Pero fue así, yo tenía una familia conservadora del lado hondureño y tenía un sector de mi familia del lado salvadoreño que era comunista. Entonces ahí se dio el choque que ni siquiera fue un choque para el lado salvadoreño porque la gente vivía con otra intensidad. Pero para el lado hondureño, que mi madre se haya ido con mi padre si fue como un choque.
Con respecto a todos los traslados que viviste, los lugares donde viviste. Bueno, ahora estás viviendo en Estados Unidos. ¿Cómo viviste la presencia política importante de Estados Unidos, el intervencionismo político norteamericano? ¿Eso influyó tu manera de pensar y escribir?
La presencia de Estados Unidos en la guerra civil de El Salvador fue muy intensa, a través del apoyo militar y político a la junta, luego al gobierno demócrata cristiano y sobre todo al ejército de El Salvador. Luego, en el ’89 cuando la guerrilla lanzó su ofensiva y se tomó la capital, prácticamente casi derrota al gobierno -al ejército- y si no lo derrotó en buena medida fue porque el alto mando fue tomado por el ejército americano. De tal manera que ahí hubo una negociación: “ustedes no van a tomar esto” y estaban las tropas ya listas para invadir, “si ustedes toman esto, invadimos”. Desde ese momento el ejército salvadoreño está totalmente subordinado al ejército de Estados Unidos, por eso está en Irak, es el único ejército de Latinoamérica que está en Irak. Porque ya no es su voluntad, quedó subordinado, perdió su soberanía, creo yo.
No hay moneda tampoco en El Salvador, la moneda es el dólar americano. Se abolió la moneda nacional. Entonces la relación entre El Salvador y Estados Unidos tiene niveles coloniales explícitos. ¿Por qué? Bueno, porque el 25% de la población de El Salvador vive en Estados Unidos y es la que sostiene al país. El dinero que esta gente manda es superior a todas las exportaciones juntas. Lo que exporta el país es mano de obra ilegal que se va a Estados Unidos para que envíe dinero.
Así es que lo que al principio fue una intervención fue, digamos, una intervención militar y política para evitar que la izquierda tomara el poder por las armas -una izquierda marxista- ahora se convirtió en una relación muy intensa de la tendencia del país hacia el imperio y paradójicamente me da la impresión que va a ganar la izquierda las elecciones de marzo próximo. Lo cual va a ser muy interesante, a ver qué pasa. Porque todas las encuestas señalan hacia allá y ahora, con el triunfo de Obama va a ser más fuerte la tendencia a que la izquierda gane. Yo todavía no logro ver qué van a hacer los ricos salvadoreños con la izquierda en el poder porque su movimiento reflejo va a ser el mismo de los 80 y de los 90, pero la realidad internacional y la misma realidad nacional ya no se los va a permitir porque ya los dueños de los medios de producción y de la banca y de todo son los grandes corporativos, como en todas partes. Entonces ya, incluso como clase dominante, no tienen el margen de maniobra que tenían antes.
Y en Estados Unidos, donde vivís actualmente, ¿el clima cómo se siente?
Mucha ilusión. Mucha ilusión en la gente que yo conozco. No hay que olvidar que el 45% de la población votó por Mc Cain. Entonces lo que hubo fue una nueva generación que votó por primera vez y que quería cambio y logró ese cambio. Pero es un cambio que está pegado con saliva. Porque hay un 45% ahí que no le gustaba. No es un triunfo contundente, es decir, es un triunfo contundente por el sistema político americano de los colegios electorales, pero en términos globales es una sociedad que sigue igual de dividida. Nada más que ese 5%, 10% flotante se fue del lado de Obama. Pero ahí está el 45% rígido. Entonces vamos a ver qué pasa.
Se vive con mucha ilusión. Yo no sigo mucho, pues, porque he estado dedicado a la escritura de mis novelas estos dos años que he estado ahí.
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