05/05/2010

Diario íntimo de San Martín

Por Leandro Vives

Me habían recomendado leer a Rodolfo Terragno por sus ideas políticas y, sobre todo, por ser un hombre que piensa en un país a mediano y largo plazo, algo muy difícil de encontrar hoy en día en la Argentina. Así comencé con La Argentina del siglo XXI (Planeta, 1985) y continué con dos libros que, a mi humilde entender, forman junto al anterior una trilogía imperdible, y de los cuales calculo hablar en algún momento: Memorias del presente (Legasa, 1984) y Proyecto 95 (Planeta, 1991). Enseguida me vi cautivado por sus ideas, por la claridad con la que es capaz de expresarlas y por el riguroso estudio que realiza de cada tema antes de precipitarse a formular cualquier tipo de hipótesis o juicio de valor. Por eso cuando compré Diario íntimo de San Martín lo hice con la esperanza de encontrar una investigación seria, objetiva y, más que nada, basada en fuentes inéditas a las que pocos habían tenido acceso. Y debo confesar que mis deseos fueron complacidos.

El libro está escrito, como el título previene, a la manera de un diario íntimo, como si fuera el cuaderno de bitácora de un espía fantástico (ya que está escrito en tercera persona) abocado a seguir de cerca las acciones que el General San Martín lleva a cabo en el año 1824, luego de abandonar el Perú. Terragno justifica esta elección diciendo que, habiendo juntado en Inglaterra tanta información de diarios, cartas y documentos, y habiéndolos ordenado cronológicamente, se había dado cuenta de que podía reconstruir ese año casi día por día. Aclara, a su vez, que si no lo escribió en primera persona fue porque, de haber hecho hablar al General San Martín, se hubiera convertido en una ficción. De todos modos, y más allá de que Terragno aclara que no se trata de una novela sino de un trabajo de investigación histórica, uno termina perdiendo la noción de la realidad y se deja llevar por los acontecimientos como si hubiese abierto una buena novela.

Además de tal cualidad, y de haber conocido personajes importantes de la revolución, que hasta ese momento no eran para mí más que algunas de las calles de mi antiguo barrio, como García del Río y Paroissien, descubrí varios detalles que  desconocía y que tal vez muchos otros desconozcan:

  • Que el misterioso encuentro de Guayaquil no es en realidad tan misterioso.
  • Que San Martín continuó su lucha por la independencia de Sudamérica de forma diplomática, desde Londres, ya que creía que, por la situación que se vivía en Europa, se requería que Inglaterra reconociera la independencia de las colonias para asegurar su continuidad. Incluso planea un viaje al Perú para retomar la lucha junto a Bolívar, que luego se ve frustrado.
  • Que no vino como espía de los ingleses como algunos aducen, sino que aprovechó el conocimiento que ellos habían adquirido mientras planificaban la forma de apoderarse de la región, para llevar a cabo su estrategia. Además se dio que tanto ingleses como revolucionarios querían la independencia de las colonias españolas, los primeros para poder comerciar libremente y los otros porque luchaban contra las monarquías absolutas.
  • Que inmediatamente después de haber libertado al Perú, San Martín pensó que la mejor forma de gobierno para ese país era una monarquía constitucional, por eso envió a Europa a García de Río y a Paroissian a buscar un monarca apropiado.
  • Que San Martín era, en aquella época, más conocido de lo que ahora se piensa y que era tan alabado como criticado, tanto por los personajes públicos como por los periódicos, tal como sucede con la política en la actualidad.

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21/12/2009

Las manos de Okinawa, de Luis Vázquez

Por Leandro Vives

La primera vez que este libro llegó a mis manos fue en año 1997, cuando el autor aún no tenía ni la remota idea de que algún día sería publicado. Me acuerdo de que en ese entonces yo estaba buscando reflotar una revista de karate que había dirigido mi primer maestro en el Club Ciudad de Buenos Aires y él, que había pasado a ser mi nuevo maestro (y que a su vez, había sido el maestro de mi primer maestro), me había acercado una copia, escrita a máquina: “Leelo, son cuentos que escribí después del viaje que hice en el 88’, si te gusta, podrías sacar uno por cada número de la revista”, me había dicho. De esa forma, salió el primer número con el primer relato, pero hubo dificultades para continuar con la revista y el proyecto quedó trunco.

Cuando hace unos meses me comentó que el libro se iba a publicar, me puse muy contento, me pareció que era la mejor forma de salir al ruedo. Hice memoria y traté de recordar el efecto que aquellos catorce cuentos habían tenido en mi mente, en mi práctica y, sobre todo, en mi espíritu. Era una época de menos obligaciones y menos responsabilidades, más irreal, más propensa a la fantasía. Sé que el primer impulso que sentí fue el de querer viajar a Okinawa y practicar junto a esos maestros legendarios y conocer a todos aquellos personajes que él narraba en sus cuentos; porque, y eso era lo más importante, todos ellos eran reales.

El libro plasma las vivencias de un joven aprendiz de karate que parte hacia la isla de Okinawa, con sólo tres cosas en claro:

  • Que le atrae combatir en un torneo en la cuna del karate.
  • Que desea conocer cómo es practicar junto a los grandes maestros.
  • Que sólo tiene ciento ochenta dólares en el bolsillo.

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23/10/2009

Entrevista a Guillermo Martínez {5

Por Leandro Vives

Guillermo Martinez © Daniel JurjoAquí la quinta y última parte de la entrevista que Leandro Vives le realizó a Guillermo Martínez. A él va nuestro especial agradecimiento por su tiempo y predisposición para esta conversación, ojalá la haya disfrutado tanto como nosotros.

[Leer la cuarta parte]

Imagen de Daniel Jurjo, cortesía de Editorial Planeta

***

Leandro Vives: Y literatura, ¿te imaginás escribiendo de a dos como hacían Borges y Bioy Casares?

Guillermo Martínez: No, no. O sea, como juego sí, pero no como proyecto serio. No, además mis temas son como muy personales, no podría compartir un libro.

LV: ¿Es verdad que con este libro te retiraste de la matemática?

GM: Sí, este libro para mí es como una despedida de la matemática, aunque sigo estudiando con Gustavo las implicaciones filosóficas y lo que tiene que ver con el platonismo… eso todavía me interesa entenderlo un poco más.

LV: Pero no matemática pura.

GM: Sí, ya no es matemática.

LV: ¿Qué pasó? ¿Te dejó de gustar?

GM: No, lo que pasa es que, mientras hice la carrera de matemática, fui terminando mis novelas como en una especie de esquizofrenia, pero llegó un momento en que se resentía la matemática y se resentía también la literatura. Me parece que la matemática que yo hacía la puede hacer cualquier otro matemático, mientras que los libros propios, sean buenos o sean malos, solamente los puede escribir uno. Hay algo puramente personal en la literatura. Esto también es algo muy discutible: hay matemáticos que piensan que hay una marca muy personal, y una forma de expresión muy personal, en la matemática. Pero, a la vez, se ven tantos ejemplos de resultados a los que, si no llega un matemático, llega otro en otro país que…

LV: Pero existe la posibilidad de inmortalidad dentro de la matemática.

GM: Sí, pero hay problemas planteados y hay muchos matemáticos pensando en esos problemas. Entonces es muy fácil que cualquiera los resuelva. De hecho a nosotros nos pasó eso: cuando encontramos una de las conexiones fundamentales que daba lugar a un paper, y lo enviamos en el 97, lo mismo ya se había probado en el 95. De modo que lo que creíamos que habíamos acabado de probar, ya se había probado dos años antes.

LV: Y eso te desanima.

GM: Y… te desmoraliza, eso en general desmoraliza mucho, son años de trabajo.

LV: En la ciencia, si no llegas a un resultado importante, puede ser muy frustrante. Y yo en realidad te lo pregunté porque te escuché decir que sólo escribías 3 horas por día, y eso te deja tiempo para investigar.

GM: Totalmente, pero yo prefiero ahora recuperar la lectura. Yo leía de una manera que tuve que relegar por la matemática, y ahora estoy como en una especie de programa de lectura muy variado, me estoy poniendo al día con viejos proyectos de lectura, también. Es posible que, en algún momento del futuro, intente hacer algo que tiene que ver con la crítica literaria, asociado a estos sistemas formales: un intento como de formalizar y crear algo así como una teoría crítica personal, en el mismo sentido que Wittgenstein reflexiona sobre el lenguaje desde una especie de punto de vista ingenuo, pero rigurosamente vigilado, me gustaría hacer algo así con la cuestión de las impresiones estéticas con que uno se enfrenta a un texto.

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22/10/2009

Entrevista a Guillermo Martínez {4

Por Leandro Vives

Guillermo Martinez © Daniel JurjoCuarta y ante última parte de la entrevista a Guillermo Martínez.

[Leer la tercera]

Imagen de Daniel Jurjo, cortesía de Editorial Planeta

***

Leandro Vives: ¿Y no crees que en la ciencia, por más que se hayan descubierto muchas cosas, estamos, parafraseando a Borges, como en una esfera de radio infinito y centro en cualquier lado? ¿No estamos en cualquier punto del conocimiento?

Guillermo Martínez: Si bien hay muchas cosas que no se han descubierto, si uno mira lo que se ha hecho en ciencia, de algún modo, eso es un conocimiento que tiene un factor acumulativo. No es que estamos construyendo como si levantásemos arena, que cada vez que uno levanta se cae todo. No es así. Y eso sirve también de base para pensar que se sabrá más. Por otro lado va a haber cosas que no se sabrán, pero que para mí van a tener las características de la construcción de Gödel, es decir: va a haber cosas que no se van a saber, pero que ni siquiera se va a saber que no se saben.

LV: Sí, puede ser. Yo también me hice otra idea a partir del dibujo del asesinato que vos pones en el libro para hablar de lo verdadero y lo demostrable, donde hay dos personas y un muerto en una habitación cerrada y no se puede determinar quien es el asesino. Ahora, supongamos que en algún lugar de la habitación hay una cámara, pero que nadie sabe que está ahí, y la maneja alguien externo: un servicio de inteligencia de otro país, por ejemplo.

GM: Ese es el Argumentum Ornithologicum, o sea, son los pájaros, bueno, ¿cuántos son? Nadie los ha contado pero hay un número.

LV: Claro, alguien lo sabe, pero yo imagino de pronto infinitas cámaras y llego a la conclusión de que tiene que haber algo también, así como hace siglos se preguntaban por el primer principio, qué fue lo que inició todo, e iban para atrás hasta que en el algún punto se detenían y decían: está bien, a esto le ponemos un nombre, que en el caso de Aquino, bueno, él trató de explicar a Dios con esa idea.

GM: Pero para mí, justamente, no es necesaria la idea de Dios, incluso la idea del primer principio, yo creo que se va a encontrar que no es así, sino que es algo que tiene más que ver con la estadística, con el pasaje de estados… que es más o menos la idea de la física estadística, que no es que haya leyes sino un pasaje de estados menos probables a estados más probables, sería la física vista de esa manera. O sea, el desorden es un pasaje de un estado de más información y menos probable, a un estado de menor información y más probable.

LV: Claro, es por lo que Shannon le pone a la información media el nombre de Entropía.

GM: Claro, es eso en el fondo, no hay leyes físicas. Yo leí hace poco un artículo extraordinario en Izquierda y derecha en el cosmos, y ahí el autor lo explica con esta figura del juego de pool, donde el triángulo que tiene las bolas en el golpe inicial contiene una información altamente sofisticada: están todas las bolas reunidas y eso es altamente improbable, ¿y cómo se ve esto? Porque cuando vos rompés el esquema con la primera bola, lo que obtenés es que las bolas pegan en todos lados pero no vuelven a formar el triángulo.

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21/10/2009

Entrevista a Guillermo Martínez {3

Por Leandro Vives

Guillermo Martinez © Daniel JurjoTercera parte de la entrevista a Guillermo Martínez.

[Leer la segunda]

Imagen de Daniel Jurjo, cortesía de Editorial Planeta

***

Leandro Vives: Hay gente de distintas disciplinas, que no tienen nada que ver con las ciencias duras, que están esperando algunos de sus resultados para poder justificar sus propias ideas de una manera más convincente o porque no encuentran argumentos dentro de sus disciplinas.

Guillermo Martínez: Y además es como que no entienden exactamente cómo es el proceso de la formación de los conceptos científicos, que tiene más que ver con la idea del límite, de los refinamientos, de las reformulaciones. Es decir, la crisis de los griegos con respecto de la raíz de dos se resuelve con la creación de conceptos que antes no existían, y la creación de esos conceptos da un nuevo punto de vista y da una nueva manera de definir las cosas y de pensarlas. Llega un momento en el que lo que una generación anterior, un siglo anterior, no podía concebir, se vuelve una herramienta totalmente conocida; que es lo que pasa con los infinitos de Cantor, o sea, gran parte de lo que fue la discusión alrededor de los fundamentos de la matemática era si se aceptaba o no la definición de los infinitos como una totalidad, de Cantor, y Hilbert arma toda su teoría para tratar de retener esa idea para la matemática que es una idea crucial. Ahora un estudiante de la universidad no podría entender la crítica que le hacían los filósofos a esa idea, que para los matemáticos contemporáneos es una idea totalmente normal.

LV: Lo que pasa es que el infinito es una de las cuestiones que más lugar da a la polémica y que roza casi con la religión, en algún punto.

GM: Todo eso si uno conoce la serie de objeciones y discusiones que rodearon lo que son las primeras paradojas que aparecieron. Pero digamos que para un matemático común y corriente, en la práctica diaria, es una herramienta totalmente exacta.

LV: Una de las ideas que se me ocurrieron mientras leía el libro tiene que ver con lo verdadero y lo demostrable. O sea, hay cosas que son verdaderas pero que no son demostrables. Y yo me pregunto, ¿verdaderas desde qué punto? Desde otra teoría que no está dentro de la que se quiere demostrar.

GM: Sí.

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19/10/2009

Entrevista a Guillermo Martínez {1

Por Leandro Vives

Guillermo Martinez © Daniel JurjoEn el mes de mayo de este año Guillermo Martínez publicó junto a Gustavo Piñeiro Gödel para todos (Seix Barral), un libro de divulgación matemática. Teniendo esto en cuenta le propuse a Leandro Vives, colaborador estable de Hda, la posibilidad de entrevistar a Martínez sobre ese libro para transitar una zona de su producción y vida poco visitada. Martínez es matemático (retirado, ya verán por qué) y escritor; Leandro es ingeniero y está haciendo sus primeras armas como escritor, así que el diálogo estaba asegurado.
Los invito a leer la primera parte de algo que se convirtió en una charla más que una entrevista. Nos permitimos publicarla completa en cinco partes, desde hoy hasta el viernes. Ojalá la disfruten tanto como nosotros.

Imagen de Daniel Jurjo, cortesía de Editorial Planeta

***

Leandro Vives: Me di cuenta de que, en todas las entrevistas que te hacen, además de que todos se sorprenden por el hecho de que seas matemático, como si eso fuera incompatible, vos también aclarás a cada momento que no es que sos un matemático que un día se puso a escribir, sino que escribías desde mucho antes, que la matemática fue casi una casualidad.

Guillermo Martínez: Sí, y tiene que ver con cierto hastío ya de mi parte por la pregunta. Justamente, yo no veo por qué debería asombrar más que el hecho de que un médico escriba. Pero es la primera pregunta que me hacen y, después de cien reportajes, ya me resulta fastidioso; y tengo como una especie de respuesta estándar, que es explicar esto de que, más allá de que por supuesto no serían incompatibles y podría haber sido perfectamente un matemático de carrera que un día se dedicó a escribir, las cosas se dieron exactamente al revés. Entonces de algún modo yo creo que se quiere leer, a partir de la vinculación entre la matemática y la literatura, algo sobre mis textos que no está allí. O sea, si yo borrara la información de solapa, no podrían, creo yo, inferir mi profesión, más allá de que aparecen cuestiones que tienen que ver con el conocimiento matemático; de la misma manera que yo siempre digo también que en Hemingway aparece la pesca.

LV: Lo que pasa es que la pesca es algo más popular.

GM: La pesca es algo que ya tiene una lectura metafórica naturalizada, como la navegación, es decir: ya ha sido incorporada como una especie de actividad naturalmente literaria y formadora de imágenes literarias. En cambio la matemática, para los que no saben nada de matemática, parece que fuera las antípodas de lo literario. Hasta cierto punto, si uno va a analizar lo que son los lenguajes, podría decir que efectivamente el lenguaje matemático está en las antípodas de lo literario, porque en el lenguaje literario lo fundamental es la ambigüedad, la polisemia, la manera de sugerir lo no dicho, ¿no? Mientras que el lenguaje matemático es un lenguaje que va hacia la unicidad, a que las cosas se digan de una manera lo más acotada posible; es un lenguaje que busca algo así como una máxima precisión. Pero, creo, se abstrae de la cuestión del lenguaje con que se expresan ambas actividades, en cuanto a la concepción de las ideas, la imaginación y esa especie de pasaje del mundo platónico a lo que es una demostración en matemática y un cuento o una novela en el ámbito literario, las actividades son muy similares. Generalmente uno está tratando de llevar a un texto escrito algo que se ha entrevisto primero como una idea de un mundo platónico.

LV: Ahora… si bien es difícil inferir, sin leer la información de solapa, tu profesión, aunque podría conjeturarse por las menciones a Gödel y demás, ¿podrías imaginar cómo hubiese sido tu literatura si no hubieses sido matemático?

GM: Por supuesto, porque yo tenía escrito un libro entero de cuentos antes de pensar en dedicarme a la matemática, y gran parte de los cuentos de mi segundo libro ya estaban en borrador antes de que yo me pasara de carrera; de modo que, en realidad, tenía un libro y medio escrito. Y siempre las ideas se me fueron ocurriendo de la misma manera, las conexiones literarias, no es que yo noté algún cambio, más allá de que la matemática me ha dado, creo yo, como una disciplina quizá de autocorreción, de crítica, de paciencia. Cualquiera que haya trabajado alrededor de un teorema matemático entenderá que en la matemática hay una serie de protocolos, de dificultades, que requieren mucha precisión, mucha paciencia… y, bueno, quizá algo de eso con el tiempo fue apareciendo en mis prácticas, pero no en la manera fundamental que es la forma en la que aparece en la teoría….

LV: Bueno, quizá no en el lenguaje, pero…

GM: Ni en el lenguaje, ni en la forma de imaginar, creo.

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30/09/2009

Gödel para todos

Por Leandro Vives

Gödel para todosDebo anticipar, aunque resulta evidente, que Gödel para todos es en esencia un libro de matemática. Paradójicamente, en 1998, Guillermo Martínez comienza su reseña del libro El diablo de los números de la siguiente manera:

Se sabe que sólo hay un modo más efectivo para prevenir una conversación en un tren o en un avión que abrir un libro, y es abrir un libro de matemática. La sola mención de la palabra “matemática” infunde escalofríos, terror, y puede remontar al adulto más seguro a los temblores de una división con fracciones y a otras pesadillas numéricas de la infancia.

Sin duda concuerdo con la apreciación, basta con acercarle a un adulto un problema de regla de tres simple para que comience a sudar y trate, desesperadamente, de desviar la atención para no quedar en ridículo. Recuerdo ahora lo que me decía mi madre cuando un problema de ese tipo no me salía: “razoná, tenés que razonar”, y para mí de eso se trata la matemática, de razonar y razonar –no es casual que mi abuelo buscara mantener la lucidez intacta hasta sus últimos días realizando problemas de matemática–, quizá sea por eso que esté tan emparentada con la filosofía, y que me guste tanto.

Cuando el libro llegó a mis manos supuse que mi base en ciencias duras me iba facilitar el entendimiento hasta convertirlo en una lectura, entre comillas, rápida. Descubrí gratamente, al comenzar a leerlo, que no era así, y que tendría que volver a ejercitar aquello que tanto me señalaba mi madre en la infancia y a lo que mucha gente le teme: la razón.

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14/08/2009

Un ataque de cholulismo con Viggo Mortensen

Por Leandro Vives

Viggo y poetas

El martes tuve un ataque de cholulismo –algo inusual porque no suelo sentir esa tentación por la fama o a la figura de nadie. Me enteré de que en la presentación de la antología de poetas argentinos de Perceval Press iba a estar Viggo Mortensen y sucumbí al cholulaje. No podía asociar al Aragorn de la ficción con un tipo interesado en publicar poetas argentinos y, más aún, en asistir a su presentación; tenía que verlo con mis propios ojos.

Llegué unos 30 minutos antes y me puse en la cola, que apenas comenzaba a formarse. Eso me permitió sentarme en los asientos más cercanos a los presentadores después de los reservados para los poetas.

Viggo llegó por el pasillo que habían dejado entre columnas de asientos, exhibiendo como de costumbre la remera de San Lorenzo, con una tranquilidad sospechosa, como si ya supiera de antemano que no sería demasiado acechado por los medios. Porque, si bien había algunos fotógrafos, no era ni por casualidad la cantidad que uno podría haber imaginado.  Cuando pasó por al lado de mí, un señor se levantó a saludarlo, entonces aproveché el momento para darle la mano y regalarle un libro, cosa que después hicieron varios. Me agradeció sorprendido.

El embajador de España abrió la charla, luego siguió Kevin Power de Perceval Press, luego Gustavo López, el antologador, y, finalmente, Viggo, que fue breve y metió uno o dos comentarios graciosos. Después comenzaron a leer los poetas.

Fue un momento bizarro: ver a un actor de Hollywood de su trascendencia escuchando, con la mano bajo su pera, y por momentos haciendo gestos de aceptación y  aplaudiendo, uno a uno los poetas que iban pasando, aún más bizarro que verlo junto al bambino diciéndole “Hola Guido”.

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09/06/2009

Pájaros en la boca

Por Leandro Vives

Pájaros en la boca

El libro se compone de quince cuentos: algunos muy buenos y otros excelentes. Samanta consigue nuevamente crear atmósferas típicas de una pesadilla, la sensación que transmite en la mayoría de los cuentos; como si uno se quedara profundamente dormido y fuera el espectador de una situación extraña y absurda, quizás hasta graciosa al principio, pero que lentamente comienza a angustiar y a generar temor: la sensación de que, de un momento a otro, todo puede terminar en un hecho espantoso. Es entonces cuando uno se despierta de golpe, sudado y respirando agitadamente.

“En la estepa” es un cuento de suspenso: una pareja se establece en la estepa para buscar un supuesto bebé (nunca queda claro si es eso lo que buscan). Después de probar distintas recetas sin obtener ningún resultado, conocen a una pareja que ya ha logrado conseguir uno, el suyo, y arreglan una cena para que se lo enseñen. Sin embargo, algo que descubren esa noche los hace huir despavoridos.

En “La furia de las pestes” un funcionario público encargado de realizar censos llega a un pueblo muy extraño, como detenido en el tiempo, y en el que sus habitantes parecen haber olvidado el hábito de comer, hábito que el pobre funcionario se encarga de hacerles recordar. “Bajo tierra” y “El cavador” comparten la misma clave fantástica: la perseverancia de los personajes para cavar un pozo sin un sentido evidente. “Irman” es el encargado de un parador de ruta, tan petiso que ni siquiera llega a las alacenas de la cocina. Su mujer está muerta en el piso y cuando dos clientes llegan en busca de un trago, su estatura se convierte en un verdadero obstáculo para poder atenderlos.

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13/02/2009

Nació Lara

Por Matías F.

El martes 10 de febrero a las 21:37 nació Lara Belen Vives, la hija de Leandro Vives, uno de nuestros compañeros acá en Hablando del asunto. Al nacer pesó 2,5 kilos y midió 44 centímetros.

Es su primera hija y aunque se animó a la sala de partos, corre el rumor de que tuvo que retirarse “a tomar aire”. Según tempranas declaraciones del padre, la nena es hermosa, por lo que él mismo empezó a dudar de su paternidad.

Le mandamos un abrazo a él y a su mujer, Cecilia. Se suma un nuevo vástago a HdA.

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