Tres preguntas a Sergio Chejfec
Sergio Chejfec, novelista porteño radicado en Nueva York, presentó Mis dos mundos (Candaya) su primera publicación en la Península. Participamos del almuerzo literario que organizó la editorial junto a la Casa América de Catalunya.

Mañana fría y otoñal. Mi llegada tradicionalmente tarde irrumpe en la mesa redonda de forma esperadamente brusca. Está Chéfjec, rodeado de periodistas de diversos medios, dedicados o no a asuntos literarios o latinoamericanos. Indagan, también esperadamente, en sus pareceres sobre los dirigentes de los países donde vivió. Chéfjec es prudente con Chávez, más explícito con Cristina Fernández y silencioso frente a Obama. Ante todo, le cuesta disimular su incomodidad frente a cuestiones que, dice, exceden su opinión y el libro del que nos vino a hablar. Prefiere referir su Lenta biografía, tal como tituló su primera obra, allá por 1990. Se declara un ‘poco abstracto’. Un periodista matiza que el ‘poco’ está de más. Le exige que concrete cuál es la trama de su última novela. Chéfjec es incapaz.
Parece que una condición excluyente, para un escritor latinoamericano, sea concebir y publicar su obra desde el exilio, sea éste forzado o no. Pienso en Huidobro que estudió las raíces de su tradición chilena en París. Contanos cómo fue tu experiencia de construcción de identidad literaria a la distancia.
En parte me fui de la Argentina por cierta sensación de incomodidad, que sólo después entendí que se debía a no sentirme interpelado por ningún discurso oficial acerca de la identidad nacional, ni por el de la escuela, ni por el del estado. Comprendí que era menos argentino de lo que creía. En el caso de Huidobro había particulares elementos en su generación: París era un emblema de situación de vida que ya de por sí otorgaba cierta competencia literaria. En mi caso, irme significó poder ver distanciadamente mi país y mi lengua. Me gustan los escritores que desconfían de sus propias herramientas y de lo que están escribiendo. En esta desconfianza se basa buena parte de lo que la literatura tiene para decir acerca del mundo. Estar fuera de mi país ayudó a que pudiera escribir más de esta manera. Pero todo lo que escribo lo pienso para ser publicado en Argentina.
¿Y cómo te relacionás con la producción literaria que se da dentro del país?
Uno establece un diálogo a veces abstracto, a veces concreto, con otros libros. Uno tiene una biblioteca presente y ausente al mismo tiempo. Si bien cada libro establece una conversación un poco difusa con los que uno ya ha leído; me cuesta hablar de tradición, porque creo que son operaciones de la crítica o de los lectores. Pueden ayudar a clasificar, pero cuando escribo no me sitúo dentro de la tradición argentina; más bien trato de recurrir a mis propios instrumentos. Claro que hay escritores que me han impactado mucho en la literatura latinoamericana, como Juan José Saer o Felisberto Hernández. Pero la identidad literaria está en permanente construcción. No puedo tener una versión elaborada y concluida.
A lo largo de toda tu obra se percibe una presencia dominante de un yo reflexivo. Quisiera saber si conocés la obra de Javier Marías.
Lamentablemente, no. Este yo reflexivo se relaciona con mi actitud frente al relato. Quiero que cada invididuo refleje una situación de pensamiento y que el lector acompañe su evolución a través de cavilaciones, digresiones. Encuentro autores europeos que me inspiran en la literatura alemana.
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Foto: Graciela Montaldo

Las respuestas de Chejfec están muy bien, porque él es un tipo que es inteligente y sabe lo que se dice y demás. Lo que no entiendo es la soplapollez de preguntar por Javier Manías -no es una errata- cada vez que alguien lee un libro donde se muestra a un narrador que piensa, como si fuera el único tipo que lo hiciese, es descojonante. Aunque tampoco se puede esperar gran cosa de alguien que construye una frase como “Mi llegada tradicionalmente tarde irrumpe en la mesa redonda de forma esperadamente brusca.” En un examen de secundaria lo suspenden seguro, dos adverbios en mente en la misma oración y encima es agramatical. Cagate.
Enhorabuena por Hablar del asunto.
Muy hospitalario todo.
Soplapollez también es agramatical. Y en la E.S.O. no creo que te aprueben si lo ponés en un examen, majo.
¿Qué pasa con Javier Marías?
El post sobre los e-book, me llevó a este sitio:
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=554003&idseccio_PK=1013&h=
En esta estrevista también el periodista pregunta por él.
Qué muchacho macanudo el chacal este.