03/03/2009

Entrevista: Diego Trellez Paz /2

Por Catalina Rossini

Diego Trelles Paz

Hay una tensión entre ésta foto del presente de la literatura joven y la pretensión de trascendencia, eso es algo que te preocupa mucho en el prólogo…

Claro, esa es la idea del título (que, por cierto, es una idea mía que no todos los autores comparten). Tiene que ver con la manera en la que me embarqué en el proyecto. No estaba buscando descubrir a la nueva gran voz, al nuevo gran genio. Me interesaba la radiografía de un grupo. La idea de que el antólogo pudiera fijar el futuro desde el presente y de la trascendencia premeditada, me resultaba conflictiva, No existió esta pretensión de proclamar una especie de gloria anticipada. Aunque hay unos autores más conocidos, mediáticos o prolíficos que otros, la idea es mostrar el grupo, que el lector decidiera y hubiera esta confrontación en el presente. El futuro es una cosa que a mí no me compete. No me compete en nada.

Por lo menos no esa idea casi esquizofrénica por trascender que hubo antes, en antologías previas. Eso es algo que llega de manera natural. Lo importante es el texto y no lanzar diatribas, o proclamar que América Latina ya tiene escritores que son ciudadanos del mundo. La idea era mostrarnos como grupo de narradores, ni más ni menos relevante que los anteriores.

Y la otra idea era demostrar (quizás no sea el verbo adecuado) que los escritores del Boom hicieron sombra, pusieron el listón muy alto, durante muchos años, para muchos de los que venían detrás. Nosotros los tenemos como abuelos, con todo respeto. Yo los llamo “los monstruos del aprendizaje”, no como algo horrendo, sino en el sentido de monstruos literarios, de narradores que produjeron con una vitalidad y un talento inédito. Los cuatro Beatles de la literatura latinoamericana, escritores que marcaron profundamente a generaciones posteriores: Vargas Llosa, Fuentes, Cortázar, García Márquez, también Donoso y algunos otros más.

Además hay una generación posterior, que nace con Manuel Puig y se fortalece con Monterroso, Piglia, Pitol, Ibarguengoitia o Bolaño. Escritores que nosotros también leímos con los ojos abiertos y que marcaron la forma en que la literatura evoluciona. La inclusión de los aparatos y manifestaciones propios de la cultura popular en las novelas, por ejemplo, era considerado de mal gusto, cercano a la sub literatura. La incursión en géneros que antes eran tildados de menores como el policial o la ciencia ficción. Todo eso fue cambiando poco a poco.

Es alejarnos de la solemnidad de la literatura con mayúscula, con la que yo nunca he estado de acuerdo. Básicamente nuestra aproximación es un pacto con la ficción. La forma no es tan importante si es coherente con lo que estás contando.

Hablo de Puig como puedo hablar de Piglia, de Bolaño, de Pitol, de Monterroso. Más recientemente de Castellanos Moya, Vallejo o Bellatin. Yo creo que son autores que también nos formaron aunque son más cercanos a nuestra edad y son importantes para muchos de nosotros.

No sólo autores latinoamericanos, también hay otros escritores de diferentes partes del mundo. Si hay algo que nos divide son las influencias, que no son todas literarias. Hay algunos autores que dentro del grupo leen mucho a escritores estadounidenses o franceses o japoneses que otros no leerían ni por error. La disgregación que tenemos es casi una nuestra característica.

Y de la mano de esta disgregación está lo que llamas “el desencanto” y que los une…

El término no es mío sino de Tryno Maldonado, autor mexicano antologado en El futuro no es nuestro. Él la usa en el prólogo a su antología de escritores mexicanos llamada Grandes hits. Entre muchos de los cuentos se percibe ese desencanto, esa tendencia casi natural al individualismo. Es un desencanto que, acaso, provenga del hecho de ser fruto de ideas y experiencias que estuvieron condenadas al fracaso, de utopías que se acabaron y que a veces tuvieron mucho de farsa y de pantomima.

Yo creo que hay algo de eso en esta antología pero también, a diferencia de esa tendencia tan juvenil y evasiva en la narrativa latinoamericana de los noventa, de pensar al escritor como alguien necesariamente cosmopolita, alguien que escribe mirando hacia fuera para insertarse en el mercado mundial de libros, y que parece ver a los Estados Unidos como un tótem literario, en esta antología hay una recuperación de temas más cercanos a nuestros países, como la violencia, que lo impregna casi todo y que tiene que ver mucho con lo actual.

Sin embargo, esta vuelta temática no es nacional y nada tiene que ver con banderas o patriotismos baratos, sino con una sensibilidad cercana a lo que vemos y nos afecta a diario tanto en nuestros países como fuera de ellos.

Cuando te digo “disgregación” es porque percibo que, aunque formalmente hay coincidencias, son muchas más las diferencias. Uno lee el cuento de Ignacio Alcuri, por ejemplo, que es una parodia muy graciosa y bastante pop y luego algo como lo de Antonio Ungar, que tiene ese realismo tan encarnado y visceral y esa prosa tan afilada, y no encuentra mayores correspondencias. No hay una estética definitoria en todos nosotros. Formalmente no hay nada que atraviese a estos cuentos o, al menos, yo no lo percibo.

¿Buscaste esa coincidencia temática, como en el caso de las dos autoras chilenas, o los dos cuentos de autores peruanos sobre la violencia?

Puede haber una coincidencia temática, sí, pero yo no la busqué. Tampoco puse condiciones en cuanto a los temas. A mí, en principio, todos los temas me parecen interesantes. En el caso de los dos cuentos de las autoras chilenas me gustó la forma de encarar el tema sexual: sin tapujos, sin pudores. El de Lina Meruana tiene una prosa finísima, unas imágenes poderosas, bastante logradas y un final transgresor. El de Andrea Jeftanovic es mucho más crudo: desde la primera línea te salta a la yugular. El tema del incesto tiene el riesgo de desembocar en uno de esos dramas sentidos y lacrimógenos con moraleja. Andrea se aleja del cliché del autor bien pensante que regala mensajes. Es un relato que provoca al lector y no lo deja indiferente.

Creo que se nota, como nunca antes, el gran trabajo que están haciendo ahora las escritoras de América Latina. No porque sean mujeres. La literatura no me interesa en términos de género. Es, sin embargo, bueno notar que, a diferencia de otras antologías previas en donde se les veía un poco relegadas, el alto nivel de lo que recibí para El futuro no es nuestro me permitió presentarlas en conjunto. Giovanna Rivero, es sólo un ejemplo, uno se pregunta ¿por qué no las vimos antes? ¿Por qué no tuvimos acceso?

¿Trabajaste sobre los textos con los autores?

Muy poco. Con algunos sí, trabajé un poco como editor y corrector, pero siempre ha sido desde la confianza, desde el diálogo, porque a mí también me ha tocado como escritor que alguien revise y lea mis textos y me haga sugerencias.

¿Tuviste la oportunidad de conocerlos personalmente?

Los estoy conociendo de a pocos. Nuestra forma primordial de comunicación es la red. A Lina Meruane y a Fernanda Trías las conocí en Nueva York. Acabo de estar con Daniel en San Francisco. A Santiago lo conozco desde antes.

Entonces, de a poco. Lo curioso es que esas amistades, si es que no vienen de antes si se forjan por el correo electrónico. Es curioso lo que ha logrado la tecnología. En realidad nosotros nos comunicamos casi todos por internet y así tomamos decisiones en conjunto. Por ejemplo, la próxima edición de El futuro en México, ese tipo de decisión conjunta la tomamos usando el mail: si alguien no estaba de acuerdo probablemente no participe el resto.

Ese tipo de comunión es el que estaba buscando, pienso en un equipo de fútbol latinoamericano. Ir como equipo, ir y marcar goles, si nos caemos nos caemos juntos y si nos levantamos, juntos también. Esa era la idea de no trascendencia, básicamente.

¿Cuáles con sus expectativas con respecto a la antología, en el corto y mediano plazo?

Nos está yendo muy bien, mejor de lo que esperaba. La primera meta como grupo era poder ofrecer esta antología a cada país de Latinoamérica, que cada país tuviera la opción de que una editorial pudiera publicarlo y, poco a poco, poder llegar a toda la región. El primero fue Argentina con Eterna cadencia. Salimos en Bolivia en Mayo, y en México en Setiembre.

Estoy muy contento. La revista del cineasta Francis Ford Coppola, Zeotrope All-Stories, nos invitó a Daniel Alarcón y a mí a hacer una selección de 10 autores que saldrá ahora en marzo, así que también esperamos llegar a los lectores de aquí.

Un comentario en Entrevista: Diego Trellez Paz /2

  1. Trelles Paz hablando del asunto « Eterna Cadencia dijo el

    [...] Diego Trelles Paz, antologador de El futuro no es nuestro,  fue entrevistado en tres partes (I, II, III) por Catalina Rossini en Hablando del [...]

Dejanos tu comentario

Aprovechá este espacio para comentar, sugerir, criticar, saludar o lo que quieras.
Los insultos y cosas que consideremos inadecuadas serán borradas.
Los comentarios son de responsabilidad absoluta de sus autores y no expresan las opiniones del autor de la nota.

Switch to our mobile site