Entrevista: Diego Trellez Paz /3

El año pasado el New York Times eligió a 2666, de Bolaño, como una de las 10 novelas del año, ¿cómo ves a la literatura Latinoamericana en Estados Unidos?
El mercado de EEUU protege mucho lo que producen sus autores. El mercado de traducciones es uno de los más pequeños y con esto quiero decirte que es más fácil que te traduzcan en Inglaterra antes que en Estados Unidos. Los lectores de EEUU leen a sus autores.
Durante muchos años el autor de cabecera fue García Marquez, que es un escritor excepcional. Lamentablemente la posta fue tomada por una cantidad inestimable de autores epigonales, encabezados por Isabel Allende, que a mí como autora me parece bastante discreta. Vendieron como en subasta el estereotipo de una América Latina exótica y mágica, donde las cosas vuelan y la cocina hace milagros de amor y esas cosas. Creo que esa imagen quedó muy arraigada por aquí.
Borges, Vargas Llosa, Onetti, Cortázar, todos ellos, desde luego, están traducidos, aunque dudo que aquí tengan un público amplio y fiel.
Bolaño ha logrado poner de nuevo en la mira a América Latina como productor de literatura de calidad y esto, desde mi perspectiva, porque es el mejor escritor en lengua hispana de los últimos 20 o 25 años. Y no es moda, su éxito actual es fruto del trabajo. Más allá del mito que se creó alrededor de su vida (y que, ciertamente, el mismo ayudó a fundar), gracias al éxito comercial y crítico que está teniendo, se ha abierto la expectativa de los estadounidenses sobre lo que se está produciendo en nuestros países.
¿Cuál es el problema con el realismo mágico?
Con el realismo mágico no tengo ningún problema, ni con García Márquez que es estupendo. Creo que el problema está en esa visión bastante cómoda en términos formales, de producir en serie y copiar mal, o sea, deformar, una fórmula exitosa en la que se explota sin pudor un estereotipo. Es una fórmula que se usó hasta el hartazgo, entonces la imagen que se vendió de América Latina era casi de Hechizada. Leyendo a Isabel Allende y compañía me queda la sensación del pastiche sin gracia. No sólo me parece de mal gusto. Literariamente, es una cobardía y una viveza que sólo satisface a las necesidades del mercado y al bolsillo de esos autores. Son, pues, novelas a pedido pero sin, por lo menos, tener la decencia de la marca del autor.
Si es tan reprobable atender a las necesidades del mercado entonces ¿Cómo hace un escritor para vivir de la escritura?
Mira, si vivir de la escritura significa que el escritor debe entregarse y hacer lo que sea para vender libros, no me interesa. Yo no escribo por eso. Vamos, nadie se mete a ser escritor para ser millonario, eso es una tontería. Tampoco digo que no sea válido vender, pero a mí, como lector, me molesta que me engañen, que me den malas copias o que pretendan venderme dos veces el mismo libro, que es lo Jaime Bayly hace a gran escala desde que se le ocurrió escribir.
Y si dejamos un poco los autores latinoamericanos ¿Qué otros autores te dan ganas de escribir?
Te voy a decir tres. William Faulkner, que es el escritor ideal y, como Onetti, no sabía escribir mal. Otro que me interesa mucho es Céline. Todo lo relacionado con la literatura del mal, la cual podemos encontrar en las obras de Vallejo, Castellanos Moya, Piglia o Bolaño. Son esos escritores que tienen algo de locos, de esquizofrénicos en vida y obra, los que me interesan. Y otro, quizás el escritor clave de EEUU junto a Roth, es Cormack Mc Carthy. Las imágenes y la prosa de Mc Carthy sobrecogen. Sus palabras me dan miedo.
Me gusta mucho lo que han hecho los hermanos Coen con el libro de Mc Carthy. Ahora se vienen otras dos adaptaciones. Una es de Ridley Scott sobre Meridiano de sangre y, desde luego, me asusta. Creo que esa novela requería a alguien despiadado y con un estilo menos plano, como Gaspar Noé. A Scott le gusta mucho quedar bien con Hollywood. La otra es la de La carretera y la elección de John Hillcoat como realizador, me deja tranquilo.
Te interesa mucho el cine ¿verdad? Tu formación tiene que ver con el cine…
Si. Mira, lamento ser repetitivo, pero hace poco salió una reseña sobre el libro y fue muy favorable, pero me llamaron profesor. Y sí, estudié el bachillerato en cine e hice crítica por un tiempo muy corto en un periódico limeño. En el doctorado estudié literatura y ahora la enseño en una universidad estadounidense. Todo esto es, sin embargo, complementario. Mi única vocación es la escritura. Desde ya te digo que yo no pienso hacer una antología nunca más. Estoy dedicado tiempo completo a mi tercera novela que debe salir en España este año.
¿De qué se trata esa novela?
La novela está relacionada con la maldad, que es un tema que me apasiona. Es, pues, una novela sobre el mal, así, a pequeña y gran escala. Aunque utiliza el trasfondo de la violencia política en mi país, no es una novela política ni nada semejante. Hay una trama detectivesca y también una serie de personajes paranoicos y estrambóticos que deambulan por la ciudad sobreviviendo, sin mucho sentido de nada. Me cuesta escribirla porque tiene una estructura muy ambiciosa y muchas voces y tiempos y peripecias y tramas alternativas a la historia principal. Ahí está el cliché del escritor: “es la novela más ambiciosa que he hecho.”
¿Qué lees en este momento?
Hace poco terminé La ley de Herodes. Quería cerrar el ciclo Ibarguengoitia y esa era la única de sus obras que no había leído. Ibarguengoitia es uno de esos escritores que deberían leerse más y que, lamentablemente, sólo brillan dentro de su país. Las muertas fue su obra maestra. De Perú, me traje La iluminación de Katzuo Nakamatsu de Augusto Higa y me sorprendió muy gratamente. También me compré la reedición de lujo del poemario Ave soul de Jorge Pimentel, poeta peruano del grupo Hora Zero. Ahora mismo leo La noche humana del escritor Carlos Calderón Fajardo y está muy bien. A Calderón Fajardo lo iba a editar en Argentina la editorial Interzona pero quebró. Paralelamente, también leo los cuentos de la antología de Juan Forn, para un curso que estoy dictando en este momento. En mi mesa de noche hay una cola de libros que es de morirse. Voy de a pocos.
¿Y qué otros autores argentinos te gustan?
Me gusta mucho Ricardo Piglia. Me gustan Di Benedetto, Walsh, Denevi, Fogwill, Conti, Castillo. Aira y Fresán a veces (más el primero que el segundo). Desde luego, Borges y Arlt. Y, claro, Bioy, Sábato, Cortázar. Debería leer a Saer pero aún no lo he hecho. Me gusta también Alan Pauls, El pasado y Wasabi. La última de sus novelas aún no la leo. Es obvio que soy partidario de lo que hacen Oliverio Coelho y Samanta Schweblin, pero también están Patricio Pron, Mariana Enriquez, Andrés Neuman, Gonzalo Garcés, Federico Falco, Gabriela Bejerman. Sé de Washington Cucurto y de Juan Terranova y de Damián Tabarovsky pero sólo les leí cuentos sueltos en la red. Sé que se me escapan muchos nombres pero en Argentina es así. Es como sicótico con la literatura y el cine. Uno nunca acaba de asombrarse.
Muchas Gracias, Diego.
Por favor, gracias por haberme permito explayarme catárquicamente.

Che, estaría bueno que editen un poco las entrevistas, parecen las de Fontevecchia (¡Y encima esto no es lectura en papel!). Una sugerencia nomás. Saludos!