10/06/2009

La madriguera, de Kafka

Por Matías F.

Matías Fernández


por Matías Fernández
matiasfernandez.hda@gmail.com


Madriguera

Reseñar un libro de Kafka es una tarea simplísima, nada de lo yo -ni nadie- pueda llegar decir va a alterar un ápice la perspectiva sobre su obra. Así que no queda más que lanzarse.

Comenté esto cuando me enviaron el libro, pero lo hago nuevamente acá: no es para nada menor que un sello local esté produciendo ediciones locales de autores importantes (iba a decir clásicos, pero me parece que todavía no editaron ningúno) en nuevas traducciones y prólogos de prestigio. Todo el mundo dice que estamos en crisis, nadie quiere arriesgar un centavo. Aún así “La compañía” se embarcó en esta empresa. No sé si lo hacen con ánimo exportador, ojalá que si.

Todo esto trata sobre La madriguera, uno de los últimos (quizás el último) relatos escrito por Kafka antes de morir víctima de la tuberculosis.

El libro tiene un prólogo de Martín Kohan que da un pantallazo general sobre las lecturas críticas que se hicieron del autor. Supuse que iba a hablar de sus dos grandes amores Benjamin y Lukacs, abrí el libro y los encontré ahí. Eso no quita que sea un excelente prólogo introductorio, breve, como los demás de la colección. Me gusta el segmento en el que habla sobre la total potencialidad interpretativa que tuvieron y tienen los textos de Kafka. Es habitual que sobre ellos se monten diferentes aparatos hermenéuticos capaces de justificar lecturas no siempre oportunas.

Todas las lecturas de la crítica literaria pueden comportar deslecturas y relecturas: activar la reversión de un cúmulo de sentidos previos para dar posibilidad a la emergencia de sentidos nuevos. A propósito de Kafka, no obstante, existe eso pero también más: una necesidad más imperiosa de revertir y reajustar. En torno de las interpretaciones esa empresa recrudece. No es tal o cual interpretación lo que se pone en discusión, para proponer otras distintas llegado el caso, sino la propia y extendida propensión a consagrar a Kafka como el súmmum de la interpretabilidad. No interpretarlo en absoluto es la premisa radical de Deleuze y Guattari, que desisten de ver en esos textos símbolos, metáforas o alegorías. (p. 14)

En La madriguera está narrado todo el recorrido mental -si se pudiera decir tal cosa- de un animal que bien podría ser un topo. Este topo construyó su madriguera y desde el momento en que terminó la obra, comienza a romperse la cabeza midiendo todos los riesgos y amenazas latentes que podrían hacer peligrar esa plácida seguridad que pudo conseguir.

Primero el topo (nunca se menciona la palabra “topo”, es un animal fuertemente humanizado) termina la construcción y siente orgullo de los caminos y galerías que construyó. Pero luego teme por la entrada y se ubica en el exterior para ver si efectivamente alguien lo acecha. Finalmente decide volver a ingresar pero ahí es cuando empieza a escuchar ruidos extraños que podrían corresponder a otro animal cavando túneles muy cercanos a su propia madriguera.

Es importante tener en cuenta que las últimas páginas del relato están extraviadas, se conserva así, sin final.

Cuando trato de analizarlo se me ocurre que, justamente, cualquier matriz podría colocársele encima. Se podría analizar a partir de cualquier lectura persecutoria, conservando el contexto de escritura, los datos biográficos o no, extrapolando la historia a cualquier otro momento.

No obstante me gusta pensarlo desde una perspectiva banal, muy banal, en clave Seinfeld. En esta serie se ponen en funcionamiento de una forma muy efectiva -y creo que por primera vez en un producto masivo- las preguntas laberínticas del hombre común acerca del miedo sobre sus pertenencias, sobre creencias y también sus relaciones. Para bajarlo más aún, ahí es donde se pone en funcionamiento la famosa persecuta, ese recorrido mental que mencionaba y que nunca termina ni encuentra soláz ubicando una especulación negativa tras otra.

Sobre la traduccion, me gustó especialmente la incorporación de un posfacio con las notas que nunca se le permite agregar a los traductores, con lo valiosas que son. Ahí aclara Ariel Magnus el por qué del título; originalmente fue “La construcción” pero le pareció mucho más ajustado traducirlo por “La madriguera” ya que es la historia de un topo y su madriguera, obviamente.

4 comentarios en La madriguera, de Kafka

  1. El General dijo el

    Guau, qué lío te armaste en el primer párrafo.

  2. Matías F. dijo el

    Así soy yo, la gamba la meto en el primer párrafo o nada.

  3. Federico Reggiani dijo el

    Lo de leerlo en clave Seinfeld tiene que ver además con que Kafka era un gran escritor cómico, algo que suele ocultarse tras lecturas edípicas, pero que es bastante evidente si uno lee un rato sin el “monumento Kafka” en la mochila.

    El topo paranóico de “La construcción” (soy de los que todavía hablan de “El cazador oculto” y “La guerra de las galaxias) es un personaje triste, desesperante, y gracioso…

  4. La Madriguera. Franz Kafka. « Algún día en alguna parte dijo el

    [...] su estrategia narrativa a su máximo grado de expresión. En ese sentido podría decirse que “La madriguera” es el más logrado de los cuentos de Kafka, el más [...]

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