Un Grosso mal
El problema es la hipérbole. No cometerla, sino que crean que uno la cometió. Por eso es mejor no tener una credibilidad que minar.
Allá vamos: Grosso Mal de Ernán (Loco Rabia Ediciones) es uno de los libros más importantes entre los publicados por estas tierras en mucho tiempo. Y no dije “libros de historieta”, ahí no tiene casi nada con qué competir. Creo que me ganó la cobardía, porque en realidad no recuerdo un libro mejor en lo que va del año. Grosso mal es un prodigio.
Los fundamentos de mi afirmación son un poco difíciles de exponer. Grosso Mal cuenta la historia de un personaje (de nombre Ernán) que conversa con su esposa Juana. Ernán descubre que toda representación de Dios es histórica y arbitraria, y bien puede proponerse a sí mismo como un Dios para estos tiempos: con más tetas, una Ferrari, un diente de oro, un rolex. Así se lanza a protagonizar su evangelio, que incluye proezas como conseguir que le fíen una cerveza en el supermercado chino, milagros como una virgen que pare sandías (con tetas, poronga, Ferrari, diente de oro…) y una orgiástica muerte y resurrección.
La pregunta, claro, es por qué este evangelio es un gran libro.
En principio, porque Ernán es graciosísimo. Es posible oler el consenso entre sus colegas: Ernán es el mejor humorista gráfico (o historietista humorístico, habrá que pensar la diferencia alguna vez) que haya surgido en Argentina en los últimos años. Cosa rara, porque éste es su primer libro, aunque hace mucho que frecuenta revistas extrañas y dirige la más extraña de todas, Cábula, antología de historieta latinoamericana que es a veces un magazine de lujo, a veces un fanzine mugroso y últimamente el booklet de un CD musical. Eso sin contar los cientos de páginas que ha hecho de “De cómo me hice rico y famoso” en Historietas Reales. 1
Pero además de ser gracioso y de enfrentarnos a los modos de pensamiento de un tipo que parece no tener mecanismos de autocensura, Grosso Mal es una maravilla porque condensa dos rasgos muy propios de Ernán: lógica y ritmo. Ese argumento demencial que enumeré más arriba es el resultado de un encadenamiento minucioso de razonamientos a cargo de un sujeto cuyos ídolos son Trotsky, Pamela Anderson y Rocco Siffredi. Nada que ver con la asociación libre o las enumeraciones surrealistas, la lógica se expresa en una construcción coherente de cada detalle. Grosso Mal es el único libro que puedo imaginar en el que las faltas de ortografía no sólo son soportables, sino necesarias. Sus editores, con buen criterio, prefirieron no corregirlas y limitarse a una advertencia.
En el mismo sentido, el dibujo parece ignorar el concepto de acabado, aunque a esta altura me parece un exceso hablar de “mal dibujo”, en el sentido en que la idea puede aplicarse a autores como Copi, Reiser o Vuillemin (una tradición en que Ernán está cómodo, sin dudas), porque la precisa gracia de gestos y posturas muestra que Ernán, encima, ahora dibuja bien. Hasta el título, las letras del título, irreductibles a cualquier idea de diseño, forman parte del sistema. No puedo dejar de mirar la “G” de la palabra “Grosso”. No lo intenten, es un zahir.
Lógica y ritmo, decía. Es que esa lógica está dispuesta en una sucesión de viñetas que se encadenan con un ritmo perfecto. Hay un punto en que la poesía y la historieta se conectan: no importa tanto lo que uno dice como el ritmo y los acentos (Ay, quien fuera Hipsipila, que dejó la crisálida/la princesa está triste, la princesa está pálida). Los buenos historietistas, y sobre todo los buenos historietistas cómicos, son maestros del ritmo. Saben cuándo cortar una frase, cuando agregar una viñeta en apariencia inútil, cuándo incorporar una réplica. Y es ese ritmo el que permite que al leer Grosso Mal podamos , como dijo una vez Liniers sobre Ernán, “reirnos para afuera”.
Nota
(1) Desplazo al pudoroso lugar de una nota al pie la respuesta a un segundo y probable cuestionamiento (esta entrega me salió paranoide): puesto que también yo participo en Historietas Reales sería, además de hiperbólico, amiguista. Nunca entendí bien en qué consiste la acusación de “amiguista”: un crítico, un sujeto cualquiera en posición de crítico, que pone su juicio al servicio de la amistad no deja de exponer un juicio que, le guste o no, lo compromete. Por otra parte, en campos pequeños (y en Argentina, todos los campos son pequeños, salvo los que se usan para la explotación agropecuaria), las posibilidades de no establecer algún tipo de relación con aquellos artistas que nos resultan afines son muy bajas. Y finalmente, si me resigno a no escribir sobre historietistas relacionados con Historietas Reales me resigno a perderme una parte fundamental de la historieta contemporánea argentina.



Me la voy a comprar.
Quiero un ejemplar YA. Maldición, cómo no tenía un mango en Viñetas… Perdí la oportunidad de que el Grosso Mal me dedicara el libro.
Una cosa sobre Ernán: cualquiera que lo haya visto dibujar puede dar fe de que no necesita “pensar”: comienza el trazo como si calcara algo que él sólo ve, y lo corona con algún texto tan gracioso que te preguntás cómo no se está haciendo rico escribiendo guiones para TV*.
*Ah, es que la televisión es mayormente mierda. Puede ser eso.
Que Loco Rabia llegue a La Plata (y no se pierda en las diagonales) [sí... había que terminar en el lugar común]
Reggiani, le propongo lo siguiente, ya que le preocupa que crean que su crítica está parcializada por su amistad: abjure de ellos públicamente. Diga, sin tapujos, que gente como Ernan Cirianni, Max Aguirre, Caro Chinaski o -mire usted qué original: hasta el mismo Fran López- le caen realmente mal. Y acto seguido, justifique las críticas laudatorias señalando que son tan bueno artistas que ello lo lleva a tolerar su existencia e incluso -¡horror!- hasta trabajar con ellos.
De este modo, logrará otro objetivo. Puesto que a nadie en su sano juicio le puede caer mal gente tan bien dada como Aguirre o encantadora como Chinaski, usted se hará fama de mal bicho, o incluso, de tipo jodido. De este modo crecerá su figura, porque en este país ser mal llevao’ parece garantizar la idea de que se tienen enormes virtudes artísticas y que la crítica sobre la tarea ajena es objetiva e irrevocable. Míremelo, sino, a Jorge Luis.
Hágame caso, así mata dos pájaros de un tiro y se convierte, claro, en un tipo grosso mal (en itálicas, of course).
++
P.S.: No sé si es uno de los libros más importantes publicados en estas tierras, pero es una muy buena historieta publicada este año, eso sí. Sí, señor.
Federico, buenísima la crítica, comparto tus apreciaciones sobre la obra y sobre Ernán, es un genio!!!
Te pido permiso para decirles a los lectores de más arriba que, desde principios de mes, los libros son distribuidos en comiquerías de todo el país y en librerías Yenny-el Ateneo, corran al local más cercano a sus casas, golpeen el mostrador y exijan su ejemplar! Supongo que alguna de las dos opciones estarán en sus ciudades. De no ser así, se puede comprar por correo postal a través de Leedor.com.
Muchas gracias!
Un abrazo!
Se de alguien que lo fue a comprar a Camelot y no se lo vendieron porque no tenían un remito.
Yo lo quise comprar el viernes en Camelot. El flaco que me atendió, supongo que el dueño me pidió disculpas, pero me dijo que no me lo podía vender porque no le habían dejado el remito, una pena.
qué es el remito? algo parecido al fasito?
“Y finalmente, si me resigno a no escribir sobre historietistas relacionados con Historietas Reales me resigno a perderme una parte fundamental de la historieta contemporánea argentina.”
Chan chan!
ay lo vi en viñetas y no lo compre porque sino me quedaba sin nada para mas, pero ahora que me entero que esta en librerias, fiuu zafe
la historieta puede ser poesía, la admiración puede no ser ignominia, y la cantidad puede ser calidad, como Hernán puede ser ernán.