Levrero historietista
No sé qué azares de la circulación del dinero convirtieron a Mario Levrero en un escritor importante y respetable para las multinacionales que ponen sobre las mesas de las librerías lo que vamos a leer en esta temporada. Bienvenidos sean. Levrero era, para mí, un escritor ligado a cierta zona marginal de la literatura: marginal por “raro” (las comillas son de Levrero), por uruguayo y por fantástico, así que es curioso encontrar un Levrero ligado a “tendencias contemporáneas” como la autobiografía (las comillas son mías) y editado por una multinacional.
Yo leí, como parte de lo que Fogwill llamó “la clientela de ciencia ficción”, su extraordinaria El lugar en el número 6 de El péndulo, Aguas salobres, Fauna/Desplazamientos, Espacios libres y fueron objeto de mi deseo por años los inhallables La Ciudad y París, que hoy están disponibles junto con El Lugar en una coqueta cajita al alcance de cualquiera que tenga $75. No leí todavía al último Levrero, sobre todo porque tengo un cerebro pre-Remes Lenicov que va aún más despacio que mis finanzas y gastar más de $50 en un libro me resulta difícil.
(Releo el párrafo y noto cierto tono de “yo lo vi antes” que no me convence y que en cualquier caso sería un subproducto de la edad: en lo que estoy pensando es en cómo cambian los marcos de lectura. Marcos muy precisos, además, tampoco se trata del hallazgo de una perla oculta en el barro de la cultura de masas: El Péndulo era un modo distinguido de leer ciencia ficción, así como Fierro era un modo distinguido de leer historietas).
Al trabajo: además de literatura, Jorge Mario Varlotta Levrero escribió como Jorge Varlotta al menos dos guiones de historietas, Santo Varón y Los Profesionales, dibujados por Lizán. Digo al menos porque he visto que dicen “escribió historietas”, y no sé si hizo alguna más que no encuentro. Las historietas que sí encuentro se publicaron en Fierro y en Humor en la década de 1980. Después, salieron un par de libros.
¿Y qué son estas historietas?
Santo Varón es un personaje que está siempre parado en una esquina, al que le ocurren diversas calamidades o conversaciones, en ese registro que suele calificarse con el adjetivo, hoy un poco degradado, de “absurdo”. El modelo y antecedente, obvio, es La mujer sentada de Copi, sin la carga de sexo y violencia y exacerbando hasta el límite un recurso: casi toda la comicidad (y el deslumbramiento que me produjo cuando lo leí hace años y cierto fastidio que me produjo cuando lo leí hace unas horas) se apoya en el uso de silencios, viñetas mudas que se intercalan entre los turnos de diálogo, que ponen a cada página bajo el signo de la espera y de la tensión. Es posible relacionar Santo Varón con las habitaciones sucesivas de El Lugar, si no fuera una arbitrariedad.
En Los Profesionales los personajes son tres ladrones que de manera sistemática fracasan en la planificación de sus asaltos. Aunque está presente el recurso de los silencios, el mecanismo que domina es el de un montaje analítico, se detiene en detalles de la acción que una historieta común resolvería con elipsis, porque es en esos detalles en que se cifra el fracaso.

Como en Santo Varón, el uso de una puesta en página regular (casi siempre, tiras de tres viñetas que se repiten hasta ocupar la página) produce un ostinato que le da un ritmo muy particular a la lectura. Los Profesionales remite a las historietas de principios de siglo (los personajes son “el jefe” y Mutt y Jeff) y a la combinación de comedia física y verbal que podría asociar con los Hermanos Marx si supiera algo de cine y de los Hermanos Marx.
Los Profesionales se recopiló en 1987 en un volumen muy lindo, agotadísimo (aunque hasta hace poco se lo veía saldado por monedas aquí y allá), editado por Puntosur, una editorial que surgió con mucha potencia en años de democracia y creo que murió con la hiperinflación (que se cargó tantos sueños demócratas). Santo Varón fue editado en 1986, en un libro muy feo pero eficaz y barato –ahora abundan los libros lindos pero ineficaces y carísimos– por De la Flor, que posiblemente tenga ejemplares en algún depósito: suele aparecer de oferta en el stand de la Feria del Libro, y lo tenían hace pocas semanas en el stand de Viñetas Sueltas. Habría que probar suerte, porque valen la pena, y tampoco es una pena tan grande revolver estanterías.
Hace un par de semanas, antes de las elecciones, antes de la epidemia, en la prehistoria, publiqué un post sobre las historietas guionadas por Mario Levrero. El erudito y generoso lector Nick Carter, en los comentarios a esa nota, me hizo notar que Levrero era autor de otra historieta, además de Santo Varón y Los Profesionales: El Llanero Solitario, publicada en la revista rosarina Tinta que dirigió Sergio Kern y que duró tres números, entre 1976 y 1979. Para mayor humillación a mis dotes como bibliógrafo, tenía en mi casa un ejemplar de Tinta, el No. 3, de 1979 y adentro de Tinta, dos páginas no sólo escritas sino también dibujadas por Jorge Varlotta.
Lo que a primera vista parece una página “a la Copi” (y la influencia de Copi me parece evidente) se demuestra al leer como una compilación de tiras (cada una firmada como “Jorge”) con un elefante enmascarado como personaje, que a veces se disfraza de Papá Noel o del Inspector Maigret. No se trata de una obra maestra, pero es sin dudas una curiosidad interesante. Para congraciarme con el mundo, las puse sobre un escaner y produje una de mis ya clásicas digitalizaciones chapuceras.
Ya que estoy agradeciendo lectores: los azares de internet me llevaron a una entrevista a Levrero, publicada en la revista electrónica La Idea Fija, donde habla un poco de sus historietas y de las condiciones de producción. La entrevista fue realizada por Saurio, otro de los comentaristas. Así da gusto.





Lo que me llama la atención es cómo se funden escritura y dibujo en estos trabajos. Como en todas las buenas historietas, parece que detrás hubiera un solo autor. Ignoro si Levrero le marcaba el tempo a Lizán, o si el estilo de éste afectaba el ritmo de aquél: supongo que no importa, o que sólo importa a los que probamos suerte en el barrio de la narración secuencial.
Aprovechando una ofertísima en australes de La Urraca, compré por correo en los ’80 los diez números de El Péndulo. Qué lujo era eso. Y hoy se entiende por revista de calidad la “Caras Y Caretas” de Pigna…
Diogenes y el Linyera es con guiones de él en un principio, si no me equivoco. Luego siguió Tabaré solo.
RT @matiasfernandez: Levrero historietista en HdA http://bit.ly/18kOhP
Estimado Federico:
¡Dios mío, no sabía que Levrero era autor de Santo Varón! Seguiré tu consejo. Librerías de viejo, allá vamos. A cambio del dato, te sugiero que no dejes de leer “La novela luminosa”. Si es menester, irrumpe a punta de ametralladora a un shopping para conseguirla.
Suscribo letra por letra el último párrafo del comentario de Terranova.
Mis respetos
G.B.
Como Varlotta también escribió “Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo”, un folletín hecho en la época en la que aún el folletín no era un género posmodernamente cool y académicamente aprobado.
En cuanto a “El discurso vacío” y “La novela luminosa”, me desilusioné bastante porque muestran mucho a la persona detrás del escritor y, la mayoría de las veces, eso no es bueno. En estos libros uno se entera que el tipo era un obsesivo depresivo que se la pasaba jugando al solitario en la computadora, durmiendo a contramano y teniendo una enfermiza y melancólica relación con una ex-amante. Pese a todo, se dejan leer, especialmente el Discurso.
Y no, Rodolfo, a Diógenes y el linyera lo guionaban Guinzburg y Abrevaya, luego García Blanco reemplazó a Abrevaya (cuando murió) y luego, cuando murió Guinzburg, siguió solo Tabaré. Levrero no tuvo nunca nada que ver con la tira (aunque sí haya compartido con García Blanco la tarea de hacer crucigramas en varias revistas)
Rodrigo:
El Péndulo, las católicas críticas de cine de Faretta en Fierro y mi snob exposición a Babel (otra vez: comparar Babel con Caras y Caretas, o Ñ, como “revistas culturales” deprime bastante) a la salida de la adolescencia condicionaron mis consumos culturales hasta hoy. Que se le va a hacer. Pudo haber sido peor.
Y sí, habría que preguntarle a Lizán, estaría buenísimo ver un guión escrito, ¿no?
¡Las críticas de Faretta! Creo que mi amor por el cine norteamericano de los ’70 viene de ahí…
[...] Federico revisó al Levrero historietista [...]
También escribió y dibujó El llanero solitario, una historieta con un elefante enmascardo que se publicó en la revista Tinta, de Sergio Kern (1977-1979).
Ahh, el péndulo… ahh, levrero, ahh theodore sturgeon, ahh capanna…
El otro día fui a cenar a un bodegón con amigos y había una mesa con unos 30, como decirlo? senior citizens. Uno me pareció que era Pablo Capanna, por la presentación del libro sobre PK Dick que hizo hace unos años en la Feria. Cuando se iban, pasó cerca mío, así que me levanté y le pregunté. No era. Risotadas generales de la audiencia. Igual hubiese estado bueno saludarlo.
Yo leí La Novela Luminosa, materializada a partir de un regalo de dinero de mi abuela para navidad. Me consumió la primera semana de enero del presente. Es cierto que tal vez es demasiado develadora, pero será que todos somos un poco voyeurs en el fondo? O tal vez no tan profundo…
Seguimos leyendo, fede!
¡Ey, Nick Carter! ¡Es cierto! Lo peor es que tengo un ejemplar de Tinta, y la historieta está ahí, no sólo escrita sino dibujada por Levrero. Gran hallazgo gran. Voy a ver si el capanga de esta publicación electrónia me deja poner algún tipo de actualización.
Por ahí, entre mis tesoros de ocho años de correspondencia virtual, tengo unos dibujitos de Levrero: “Las aventuras del Ratón Mouse” y una “novela gráfica”. No recuerdo si estaban terminados, pero los dibujitos mismos eran de él.
Lindo artículo. Saludos.
[...] link is being shared on Twitter right now. @laperiodica, an influential author, said RT [...]
[...] temor cinematográfico, no se arriesgan a la monotonía –en la que se hubiera sambullido un Varlotta– y someten a sus personajes a innecesarios movimientos de bracitos, a sucesivos espejados, a [...]