08/07/2009

Entrevista a Pablo Ramos {1

Por Javier Quintá

Pablo RamosPablo Ramos – Foto de Milton Müller

Cuatro tipos sueldan unas aberturas de hierro en la vereda de la casa de Pablo Ramos, en la Paternal, mientras espero que me atienda. Sin la máscara protectora ni los guantes apropiados, la chispa azul ilumina la cuadra oscura. La casa está toda cerrada y se me ocurre que a lo mejor se pudo haber olvidado de que vendría. Toco el timbre de nuevo, por si acaso, y esa misma voz tan particular que oí al teléfono, se oye ahora en el portero: “Ya voy”. Una luz se prende, luego otra, como si la casa fuera cobrando vida por partes. Cuando abre la puerta me saluda, mira la reja que está en el piso: “Van a poner un Chino acá al lado”, dice. “Vení, pasá. Estoy muerto”, se refriega la cara antes y después del bostezo. “¿Cómo andás?”

Pablo Ramos: ¿Empezamos?

Javier Quinta: Dale.

Saco un cuaderno, enciendo el grabador.

JQ: Da la sensación, por la verosimilitud de tus historias y los pasajes de tus novelas, que las experiencias que contás difícilmente puedan alcanzarse por la pura invención. Me preguntaba si esto era así y cuánto había de autoreferencial en lo que escribís.

PR: Las experiencias que cuento son absolutamente inventadas. Lo que pasa es que la gente entiende muy poco de literatura y es muy común que tengan una visión superficial de las cosas. Entonces, ante una visión superficial de la literatura, a primera vista, la imaginación de Tolkien es mucho más densa, mucho más rica que, por ejemplo, la de Charles Bukowski. Eso significa no entender nada de literatura. Me parece que una imaginación como la de Bukowski o la de Raymond Carver, que tratan de componer una historia con un profundo conflicto moral o humano usando una mesa, las virtudes y los defectos de esa mesa en la realidad, usando una persona o una ventana o una radio, ahí la cosa se complica más. Nadie puede salir volando a solucionarte nada. Nadie es eterno ni extraordinariamente bello o valiente. Con ese manejo de defectos y limitaciones cuentan una historia que trata de volverse universal y de retratar a un héroe más verdadero.

Siempre cometo los mismos errores esperando resultados diferentes, esos son mis personajes.

Creo en esto que decía Onetti en El pozo, “los hechos están vacíos del alma de los hechos”. A lo que me refiero es que nadie va a encontrar detalles de mi vida privada en lo que yo escribo. Por ejemplo, en mi cuento donde está esa puerta cancel que se cierra y hay una niña que queda del otro lado y el padre, completamente duro, con dos putas adentro, la observa separado por ese cristal… Bueno, a mí eso no me pasó, pero sí alguna vez, completamente duro y borracho, quise entrar a mi casa y me encontré con la mirada de mi hijo. Yo necesité, porque si pudiera decir esto como lo acabo de decir: me encontré con la mirada de mi hijo, y eso hubiese sido suficiente para mí, yo no sería escritor. Necesité componer toda una enorme fábula, acomodar las tensiones para que esa mirada le impacte al lector de la misma manera que me impactó a mí. O sea, estoy apuntando a decir: mirá lo que me pasó, es casi insoportable para mí. Por eso soy escritor, por eso necesito decirlo en términos poéticos.

JQ: Pero es cierto que hay una imagen tuya, al menos la que se deja ver en los reportajes, donde todo aquello sobre lo que escribís tiene que ver con tu vida. ¿Vos jugás un poco con eso?

PR: Pero seguro que sí, es que de alguna manera me pasó y si no me pasó, como dice Carson Mc Cullers, me va a pasar. Soy una persona que está todo el tiempo pensando o viviendo en medio de la literatura. Hace seis años que sólo me dedico a esto, que vivo completamente afuera del sistema, en un mundo que prácticamente se podría decir que tiene razón de ser por el simple hecho de que cabe la posibilidad de que en algún momento del día escriba.

JQ: Sobre la manera en que retratás esos momentos posteriores a una crisis existencial, es decir, en general (Cuando lo peor haya pasado, 2003), se trata de personajes que esperan una salida o algún cambio como si nada de lo que les pasara tuviera que ver con ellos, como si no fueran responsables de su situación. Me preguntaba qué representan para vos esos momentos.

PR: Creo que representan la medida de la locura de mis personajes y la medida de mi locura también. Siempre cometo los mismos errores esperando resultados diferentes, esos son mis personajes. Lo que más me preocupa y más me impresiona de mí es eso. Cómo puede ser que otra vez, estaba completamente ilusionado que las cosas iban a ser diferentes y cuando me doy cuenta, estoy haciendo los mismos pasos que me llevaron a ese lugar en el cual no quería estar.

Entonces creo que a través de la literatura, a través de imaginar situaciones paralelas o que representen esas cosas que me tocan vivir a mí, puedo investigar un poco más sobre esa naturaleza que tanto me disgusta y que, sin embargo, no puedo esquivar. Mi naturaleza adictiva, no sé si soberbia pero grandilocuente, mi naturaleza egocéntrica, la obsesión de por qué mi infancia fue así.

Parece que no pudiera agotar que cada situación que genero me va haciendo entender pero no desde la razón. Creo que la literatura no es una argumentación de un intelecto a otro, es un error, en todo caso, la buena literatura, es una comunicación mucho más compleja: terminar empatado o terminar en una situación un poco más pacífica con respecto a uno mismo. Creo que para eso me sirve escribir, para eso lo uso y por eso estoy seguro que escribiría si aún nadie me leyera, aún si nadie me publicara.

JQ: En el Origen de la tristeza retomás el tema de la infancia y en La ley de la ferocidad, la muerte del padre. Dos grandes momentos para una persona y dos grandes temas de la literatura clásica. En lo personal, ¿qué significan para vos?

PR: “El padre” para mí es el tema, en todos los sentidos. Cuando leí La invención de la soledad de Paul Auster, me dije que iba a escribir esa novela también, porque me preocupa lo mismo y me largué a escribir La ley de la ferocidad. El padre es el tema y la infancia también, lo decía Rilke: cómo una persona que escribe lo que yo escribo no va a ir a buscar donde empezó todo, algún momento de la infancia donde se habrá hecho o se habrá forjado este que soy ahora.

Bueno, siguiendo el consejo de Rilke, la primera historia que pensé en escribir desde siempre, desde que me dieron ganas de escribir, es una historia sobre el fin de la infancia de un chico, sobretodo el fin de infancia de mi generación. Yo tengo 42 años y el fin de la infancia lo puedo enmarcar en los 80’, cuando a mí realmente me pasó que mataron a un amigo en uno de esos casos de gatillo fácil de la zona sur, eso quedó siempre conmigo y un día dije bueno, yo voy a escribir y esto va ser el instante que marque el relato. Aunque no es una muerte gratuita, la acompaña un comienzo de desintegración social, termina el proceso militar con todo el daño que esto causa, el padre pierde el taller, empieza a cambiar ese país que parecía que era, le guste o no le guste a mucha gente, el proyecto peronista era un proyecto y había una idea de pertenecer a un lugar y a una clase social que tenía una posibilidad concreta y que se miraba de frente esa posibilidad. Eso es lo que se perdió para siempre.

Imaginate que yo vivía cerca de Avellaneda, en Dock Sud, donde las puertas de la calle quedaban abiertas con el picaporte del lado de afuera. Era como la libertad que nosotros teníamos. Mis personajes no son marginales, están todo el día en la calle, una calle alucinante aparte. Es terrible en lo que se convirtió esto y creo que esa tristeza se potencia, pues se convierte en algo universal, en algo que identifica a los otros.

[Continuar leyendo la segunda parte]

4 comentarios en Entrevista a Pablo Ramos {1

  1. Hablando del asunto 3.0 » Blog Archive » Entrevista a Pablo Ramos [2] dijo el

    [...] [Leer la primera parte] [...]

  2. pablo ramos dijo el

    Hay una errata, supongo que mía, y no del periodista, que es el nombre de Funes. No pensaba en él cuando lo nombré a él. Mala pasada del cansancio, estaba sin dormir ese día. Siempre pienso en él y en Leo Oyola, porque me preocupan, me interesan. Y que no se entienda que me refiero solo a NEGRO ABSOLUTO con el resultado es lo que ves. Leí solo dos libros de la serie. Mucho peor, me refiero a la mayoría de las cosas que se publican.
    Gracias.

  3. pablo dijo el

    Hola, Pablo, si es que aun lees tus notas. Cuando publicas tu nuevo libro??? Desde Córdoba lo espero hace mucho.
    Seguí igual.
    Pablo de Córdoba

  4. andrea dijo el

    Me gustaría saber algun datos sobre los talleres de p. RAmos si tienen algun telefono

    gracias,

Dejanos tu comentario

Aprovechá este espacio para comentar, sugerir, criticar, saludar o lo que quieras.
Los insultos y cosas que consideremos inadecuadas serán borradas.
Los comentarios son de responsabilidad absoluta de sus autores y no expresan las opiniones del autor de la nota.

Switch to our mobile site