Escribo para los libros
Entrevista a Fabián Casas, primera parte.
Fabián Casas acaba de publicar Ensayos Bonsai, un libro en donde reune artículos que andaban desperdigados en revistas y blogs. Un libro personal desde la tapa, como revelerá durante de la entrevista.
Arreglamos para vernos una tarde por el Centro, cerca de su trabajo. (Casas es periodista). Esperaba encontrarme con un escritor serio, grave: acaba de ser premiado en Alemania. Todo lo contrario: un tipo cálido, afable, verborrágico.
Café de por medio (café por el que terminamos discutiendo quién lo pagaba; gané, pagué yo), hablamos alrededor de una hora. Tal vez el clima de la entrevista quede reflejado en este comentario de Casas. Cuando alguien te cuenta algo así, te está invitando al diálogo, te relaja, te permite jugar un poco más:
«El otro día fui a entrevistar al Indio Solari y el tipo no sabía ni quién era. ‘¿Ustedes son los de Clarín? ¿Ustedes son los de tal?’ Está encerrado ahí con un montón de perros. Mi primer reportaje se lo hice a él. Vivía en una casa en Ramos Mejía, mucho más relajado. Era alucinante. No pienso que el tipo tenga que ser pobre, no tengo la idea del artista romántico. Pero evidentemente algo perdió. Perdió riesgo, hace la ronda de prensa porque sale el disco.
Yo no presento el libro. No hago nada de lo que tiene que ver con la retórica del mercado. No voy a la feria del libro, no voy a la televisión. Sí puedo hacer reportajes porque me resulta interesante encontrarme con gente y charlar. Hoy por ejemplo, la chica con la que charlaba me recomendó libros, sugirió cosas a partir de lo que leyó, me resultó muy estimulante.
Si tengo que hacer una ronda de prensa, me mato. Me suicido. No me interesa para nada. O aparecer como escritor. Pensarte como escritor, el mejor escritor de Boedo, el mejor escritor argentino. Es una estupidez. Te convertís en un idiota a los dos segundos. Pensarte dentro de la literatura te impide escribir. ¡Te inmoviliza! Aparte, siendo completamente sincero, yo soy escritor cuando escribo. Después hago un montón de cosas. Hago millones de otras cosas que también le pongo tanta intensidad».
Muchos de estos textos los publicaste en blogs. Escribís un post y a la hora tenés un lector que comenta. Con el libro, ¿cómo hiciste para cortar esa ansiedad?
No la tengo.
No todo es de blogs ni está pensado para blogs. Quizá lo que tenga que ver con la dinámica del blog es la urgencia del trabajo. Todos estos textos son repetitivos, berretas, tienden a errarle en vez de acertar, no hay una preocupación por redondear la gran obra. En realidad hasta, inclusive los más largos, fueron escritos en horas o en un día.
Quizás si, en vez de escribirlos y publicarlos o dárselos a alguien para que los publique, quizá si no hubiese tenido esa gente, esos textos se hubiesen conservado más tiempo y los hubiese trabajado, corregido. En este caso era algo como urgente. Hay ensayos largos, por ejemplo La reacción, que los escribí en cinco horas. Por supuesto venía con retazos de algo que venía pensando y de golpe, lo bajé todo. De un tirón, en un lapso de no tener laburo en el laburo. Hay uno que se llama The piper se tomó el palo. Ese lo escribí un sábado en mi casa, así, de un tirón. Era como una cosa de estar posicionado con el tema y escribir. Por eso tampoco hay un trabajo de corrección.
Con los Lemmings, trabajé corrección. Por ahí tardo un año en escribir un poema: lo escribo, lo dejo. No tengo ningún apuro. Hay un cuento en los Lemmings que se llama Asterix. Lo escribí a lo largo de 10 años, nunca me resultaba, nunca era creíble la voz que lo narraba, lo tiraba, volvía, lo dejaba en un jonca, cerraba el jonca y lo enterraba. Se lo mostraba a Fogwill, se lo mostraba a Gelder, amigos míos (Helder es al que está dedicado el libro). Lo tomaba. Hay una novela, Ocio, que es una boludez: tiene 70 páginas. Tardé cuatro años. En cambio esto fue así. Se fue acumulando y saliendo.
Como editor periodístico, lo hubiese editado. Si lo pienso de otra manera: “ya está, pusiste en un ensayo la definición de clásico, no la pongas en todos los demás”. La definición de clásico aparece como cuatro veces, y a mí me encanta eso: que sea berreta. A veces la definición de clásico medio choca con la primera definición, esa incertidumbre que mucha gente no se banca. Lla gente quiere ser cool, quiere ser ordenada, quiere que esté todo bien. No quiere dar resquicio para que la ataquen. A mí no me importa todo eso, a mí me encanta ser como sos. Ser real people. Por ejemplo, sé que hay un montón de flancos abiertos en el libro. Cosas que no entiendo porqué las puse. Me encanta eso también. Por ahí el 80% del libro se desintegra con el tiempo. Por ahí no. El tiempo que vivís acá es que tiempo que vivís. La posteridad es algo que le importa a la posteridad. A mí no me importa. Es algo que realmente no me preocupa para nada, no me compete mucho.
Se ve que es un libro muy personal.
Si se quiere, fui aprendiendo que había como una especie de ramillete de obsesiones mías, de mi vida personal. Yo quería hablar sobre Castaneda, sobre los Beatles, sobre mi primo que fue monto, y todo eso lo fui desarrollando. Y a su vez, por ejemplo, hay un poema mío que se llama Ezeiza que habla de mi primo. No tengo mucha imaginación, entonces todo se va cambiando y modificando, negociando.
Pero para mí, la realidad virtual es como un second life. O sea: yo quiero ver el libro. Necesito tocar el libro, ver el libro. Escribo para los libros, no para la web. Eso no es despreciar la potencia o la posibilidad de la web. Este libro por ahí no lo pueden leer en Perú si no lo manda Planeta. Y hay chicos de Perú que me escriben. ¡De Ecuador me escriben! Me escribió un chico que se llama Paul Puma, que es un nombre genial. Es un pibe de Ecuador, y eso es por la web. Es innegable. Pero a mí me gusta el contacto con el libro.
Yo quería esta tapa. Este [señala el objeto de la tapa] es un regalo de mi mujer. La foto la hizo ella. Como soy fanático de Meteoro, crecí viéndolo, esto me lo regaló cuando cumplí 40 años. Es un pisapapeles, un día si venís a casa te lo voy a mostrar. Cuando pensé el libro dije “yo quiero esta tapa”, quiero algo que se asemeje a un bonsai pop. Cruzado con todo, que tenga que ver con mi experiencia.
Sí. Es muy personal.
Cuando recibiste el premio en Alemania, leíste una historia de un zapatero que incluíste en uno de los artículos.
Es un premio reimportante que te dan allá, es toda una ceremonia. Y yo con eso no estoy habituado. Me pidieron que escribiera un discurso. Entonces pensé voy a escribir un discurso de algo que a mí me interese, aunque los tipos no entiendan nada. O que les parezca extraño. De hecho era un lugar muy grande, y mucha gente después vino y me dijo que estaban emocionados por el discurso que di fuera de etiqueta.
Inclusive el discurso laudatorio que dio Timo Berger, que habló sobre mi obra, ¡yo no lo podía creer! Porque era una cosa volada, rara. Yo decía “Acá nos van a echar a los dos, van a descubrir que esto es una conspiración y nos van a echar a patadas”. Y de última, estuvo buenísimo, a mucha gente le encantó, muchos pibes jóvenes. Hicieron muchos reportajes ahí en Alemania. Estuvo bueno.
[continúa]


¿Cuál es el blog de Casas? Yo visito su web pero no actualiza seguido.
Pablo,
los textos los sube al blog de Pedro Mairal, el señor de abajo.
Es “Helder”.
Che, Nicolás, yo escribí “Helder”.
¿Dónde decís?
Terminé en estos días este libro de Casas, y verdaderamente me gustó mucho. Se lee con placer, como si uno estuviera conversando con él, y provoca pensamiento acerca de diferentes temas.
Es un libro franco, fácil de leer. Me encantó el ensayito sobre Castaneda, las reflexiones sobre la poesía, sobre los clásicos, la música, Saer y la reivindicación de Serrat.
Me sorprendió cuando leí el rescate que hace de una frase de Houellebeq; frase que yo había subrayado en el libro y que después copié una y otra vez, porque fue para mí como una revelación.
Muy buena la entrevista, también.
Me encantaron las palabras de Casas, y ya me había gustado mucho el discurso que había dado cuando le entregaron el premio. Me re cabe que está TAN lejos de toda esa webada de los que escriben para antologías berretas, demasiado preocupados por figurar. Y es tal cual: si uno se piensa dentro de la literatura, no puede escribir. “La posteridad le interesa a la posteridad”: Genial.
[...] Segunda parte de la entrevista a Fabián Casas. [Ir a la primera parte] [...]
Ok, en un rato te lo cuento, y gracias por preguntar.
[...] Es un premio reimportante que te dan allá, es toda una ceremonia. Y yo con eso no estoy habituado. Me pidieron que escribiera un discurso. Entonces pensé voy a escribir un discurso de algo que a mí me interese, aunque los tipos no entiendan nada. O que les parezca extraño. De hecho era un lugar muy grande, y mucha gente después vino y me dijo que estaban emocionados por el discurso que di fuera de etiqueta. Inclusive el discurso laudatorio que dio Timo Berger, que habló sobre mi obra, ¡yo no lo podía creer! Porque era una cosa volada, rara. Yo decía “Acá nos van a echar a los dos, van a descubrir que esto es una conspiración y nos van a echar a patadas”. Y de última, estuvo buenísimo, a mucha gente le encantó, muchos pibes jóvenes. Hicieron muchos reportajes ahí en Alemania. Estuvo bueno. Toda la entrevista aquí… [...]