Una poética de la humildad
Hace tiempo ya que Sebastián Lalaurette viene madurando este artículo sobre la poética de Belén Francese y el problema que presenta la presentación de su libro en comparación con otras publicaciones de poesía de más bajo perfil. Finalmente lo convencí para publicarlo.
El autor es periodista, escritor, editor de la revista Sismo trapisonda y además matiene un taller literario
No cabe duda de que el caso Belén Francese se presta al chiste fácil. El supuesto (y rápidamente desmentido) premio oficial a la vedette por su aporte al incentivo de la lectura entre los jóvenes, a través de ese… particular libro llamado Pequeña Belén (no) ilustrada, era, no ya una provocación, sino una lisa y llana invitación al sarcasmo. Parecería que no hace falta explicar por qué. Y sin embargo, como todo chiste fácil, éste reposa sobre algunas convicciones incuestionadas que nunca viene mal desmontar, aunque sea para probar su resistencia.
Lo primero que voy a hacer es confesar que soy uno de los lectores de esa obrita, el libro de poesía más vendido de 2008 en la Argentina. Compré el libro (diez pesos, Ediciones Paparazzi, venta en kioscos de diarios y revistas) no porque pensara derivar de él algún placer estético, sino porque compartía ese afán malicioso que tiñe a esta broma práctica de que ha sido objeto la pobre chica. Mi idea era hacer un análisis de esa Pequeña Belén “como si fuera” un verdadero libro de poesía, encontrar sus innovaciones estéticas, sus procedimientos de torsión del lenguaje, el subtexto de la obra total, lo que Francese hereda sin saberlo (o acaso sabiéndolo) de poetas que han hendido el mundo literario o de discursos circulantes en medios no escritos.
Lo hice, o empecé a hacerlo, pero pronto me hicieron notar que una columna basada en el mero chiste sería algo de interés evanescente. Yo trataba de decir otra cosa, de todas maneras, y este asunto del sobre dorado y la alegría efímera de Belén por su paso a la posteridad es la excusa perfecta para hacerlo. Para hacer el despiece al que me refería más arriba, digo: ver qué hay detrás de ese “como si fuera” que le impide ser un “es”.
Resulta obvio (¿pero debería serlo?) que el libro de Francese no es material apto para llenar las páginas de las revistas literarias y los suplementos culturales de los diarios. Esto es así aunque haya logrado el milagro de agotar en pocos días una tirada de quince mil ejemplares. Si estuviéramos hablando de otro “tipo” de obra, este ninguneo crítico podría tomarse como una paradoja inaudita, como un atentado a la razón; pero ahí opera una concepción de lo poético que excluye a esta obra, que la hace invisible.
Conviene echar una mirada a ese fenómeno. Porque el éxito de circulación de este libro dice algo sobre los usos de la poesía, sobre los públicos que puede alcanzar y las condiciones en que puede hacerlo (por fuera, recalquémoslo, del establishment de la crítica y difusión de la poesía). También, claro, sobre lo que se pierde por el camino de la masividad.
¿Qué es lo que nos impide pensar en la Pequeña Belén como en un “verdadero” libro de poesía? No puede ser su circulación masiva en kioscos de diarios porque otros poemarios, incluso de autores muy reconocidos, se venden en ese circuito. Tampoco creo que sea la procedencia simbólica de su autora, producto del mundo del espectáculo más popular y no de unas raíces literarias identificables, porque otras celebridades de mayor o menor renombre (Madonna, por ejemplo) han publicado libros a los que nadie les niega su carácter de producciones literarias.
Puede ser la tapa. O, mejor dicho, el carácter parcialmente icónico de la obra. Uno va al kiosco y ve un libro cuya tapa, de un color salmónido ensangrentado, está dominada por el cuerpo de una vedette enfundada en un body al tono y arrodillada en una postura provocativa… y no piensa en poesía precisamente. (Hay quienes afirman que el propio cuerpo de Francese, retratado también en varias páginas interiores, es en sí mismo un poema; mi preferencia es más minimalista.) Acaso porque Belén proviene del mundo del espectáculo, su opera prima se plantea como una operación performática, a la que la autora ha optado por ponerle el cuerpo, que aparece aquí y allá, siempre jugado, siempre indefenso. Entonces… no, tampoco esto es nuevo: no es infrecuente el recurso a la interacción entre texto e imagen (aquí “arrevistada”, en otros libros más formal) ni tampoco lo son la performance, la actuación o la pose, incluso en el grado de la desnudez.
Tal vez sea la apuesta a la fusión. Dejando a un lado lo icónico, el propio universo textual de la obra es una melange de géneros y formatos que se aleja mucho del volumen de poemas clásico que fatigamos a diario. Francese salta del poema brevísimo (“Eduardo de la Puente/ tiene más cejas que frente”) al microensayo, de la fábula moral a la autobiografía, del diccionario sui generis a la denuncia del star-system y su hipocresía (“Manual para entender a la farándula”). ¿Literatura para un público televisivo? Sin duda. En esa ampliación del campo conceptual reside su valor. “Escribir es un derecho de todos”, dice la autora en el proemio. También leer.
Alguien dirá que no es la forma de circulación social, ni el carácter erótico-icónico, ni la fusión de géneros lo que hace que Pequeña Belén (no) ilustrada no sea lo que llamamos un “verdadero” poemario. Dirá que lo que sucede es que el libro no aporta nada al universo poético, que no innova, que no hace ninguna apuesta radical. Y eso es cierto, pero podemos responder pasa lo mismo con buena cantidad de libros de poesía a los que no les negamos ese estatuto, y que ganan la atención de las publicaciones especializadas. A esto se podrá oponer que la poesía de Francese no está lograda, que falla allí donde otros trabajos no innovadores son capaces de decir algo en forma competente; en suma, que es mala poesía, que la autora carece del más mínimo talento. Pero esto tampoco alcanza. Circulan muchísimos libros malos y no sufren el ninguneo que las abultadas cifras de venta logradas por Francese no logran revertir.
Queda una objeción, la que, creo, opera en el centro de este vacío crítico en torno de la Pequeña Belén: sin duda no es una obra seria. Pero no es seria en un sentido “no autorizado”: carece de la ironía lúcida, fina, que apreciamos en algunos buenos autores. La caracteriza, por el contrario, el abandono de toda pretensión. La propia autora reconoce eso. La suya es una poética de la humildad, aunque se trate de una humildad paradójica, autonegada, en la que el propio nombre del género (“arrima”) es una operación de retorcimiento del lenguaje: “A veces le pego y a veces le arrimo”, así justifica Francese la invención del término.
En efecto, le arrima. Pero parece que no llega. Está en los bordes de la poesía, descentrada por abajo, más fuera que dentro. O al menos eso nos gustaría pensar.
Y sin embargo… ¿Qué es lo que hace a su libro tan comprable, tan disfrutable, tan citable para miles de lectores a quienes podemos imaginar leyéndose en voz alta unos a otros una selección personal de “arrimas”, reenviando por mail fragmentos previamente subrayados con birome o dejando su copia de la Pequeña Belén en el banquito del baño? La risa es la respuesta a todas estas preguntas (de paso, dirijo al lector a la columna publicada por Giselle Pablovsky el veintiséis de febrero). La poesía, lo pasamos por alto frecuentemente, también tiene lectores. Y ahí están estos lectores, desmintiendo la tesis solemne del universo poético como circunscripto a la intimidad del autor.
Nos preguntábamos por los usos de la poesía y aquí se hace presente el uso primario, el asombro de las primeras experimentaciones con el lenguaje, en una tradición que empezó, supongo, poco después de que saliéramos de las cavernas. Si algo puede decirse en favor de Pequeña Belén (no) ilustrada es que Francese recupera el espíritu lúdico de la poesía: esa antigua, honesta, tremebunda carcajada que, inmersos en la lectura de Yeatsgelmancarverlugonesrilkecasasmujicaborgesplath, habíamos olvidado.

Está bueno el artículo. No leí el libro y no creo que lo haga, pero el artículo está bueno, lo disfruté y me hizo pensar.
saludos
No sé si estoy de acuerdo con gran parte del artículo, pero tampoco sé bien por qué. Lo que importa es que me dieron ganas de leer el libro.
Me gusta mucho el tono calmo del artículo. Abandonar la canchereada empieza a ser una necesidad en nuestro mundito.
El dístico “Eduardo de la Puente/tiene más cejas que frente” es perfectamente imaginable en muchos libros de poesía. Da la impresión de que el libro de Belén prueba que el arte contemporáneo es más una cuestión de enunciaciones que de enunciados: más una cuestión de quién firma, quién edita, a quién se da a leer/contemplar que el contenido.
Cuando me lo preste Fran López, lo leo, pero empiezo a sufrir la tentación de volverme clásico.
Está muy bueno, y muy justa la pregunta.
Uy buenisimo, ni enterado estaba de este libro. Talvez si no es buena la poesia sume a sacarle solemnidad a los poetas no?
Y pedazo de aporte es ese!
Me encanto leer eso. Gracias.
Vamos por partes, dos para ser exácto. Primero, muy bueno el análisis de una pequeña obra literaria que se sabe no tiene como target a los grandes lectores y por ende no debería ser evaluada bajo los mismos cánones estrictos con que se juzga a una obra de mayor contenido y calidad. El que pretenda comprar este rejunte de ideas y encontrar algo de la calidad de Saramago, es un iluso o un hipócrita.
Segundo, me cae realmente bien Belén Francese. No porque me parezca una mina sexy (aunque lo es), no porque sea “famosa” (aunque lo es), no porque haya escrito un libro (aunque lo haya escrito). Sinó porque me parece que tiene una visión bastante inocente del mundo que contrasta directamente con la exposición de su cuerpo. Dudo que se haga la tonta, creo sinceramente que es así en estado natural y es bastante honesta como personaje. Y eso me cae bien, la sensación de que uno podría ir a la casa a tomar mate y realmente tomar mate riéndose de como dice pavadas, sin segundas intenciones, me parece fabuloso. Es como una persona totalmente normal pero que gracias a un físico destacable ha llegado lejos en el mundo del espectáculo.
gran artículo, completamente en línea con el pensamiento gonzalo
abrazos
Buen artículo.
De todos modos, para poesía lúdica me quedo con Susana Thénon
Era obvio. La contracara del bizarrismo de BF es la actitud comprensiva de la leguión de los piadosos que están de regreso sin haber ido.
que miedo me da el mercado literario… (y no hablo sólo del libro de francese)
me gustó el artículo… es interesante sebas
y hablando de humor, mi antecesor
parece un poco querulante y contrariado,
no?
…qué bondi me deja che?
Creo que Borges habló del tema del valor de las rimas sólo si son en joda en “El tamaño de mi esperanza”, su famoso libro “perdido”; argumento usado sobre todo para pegarle a Lugones -quien, en ese entonces, aparentemente era lo que Borges fue después para los escritores de los ochenta: a quien había que pegarle hasta convertirlo en posmo (el pistolero viejo, bah).
Para cerrar el tema, habría que generar una presentación pública de los trabajos de la otra modelo que escribe poemas que ahora no recuerdo cuál es (¿Julieta Prandi?). Para que cumpla con los parámetros lúdicos, que la presentación se haga en un pelotero de McDonalds con ella y Matías vestidos como Bob el Constructor.
Uh, prepárense para el tráfico de Google…
A cualquier ser humano debe alegrarle el saber que hay gente que escribe, que ha volcado su sentir hacia la literatura. Pero si ese ser es una diva que hace suspirar a todos desde su condición de modelo, vedette, es mucho más valioso aún. Pienso que una flor nacional como Belén debe ser considerada y valorada, por ser un ejemplo para todos los jóvenes que han perdido el hábito de la lectura, ejemplo que muchos educadores como yo, también agradecen de corazón, porque en la cultura reside la verdadera grandeza de un pueblo.
no creo que Francese tenga el hábito de la lectura
No creo que la lectura tenga el hábito de Francese.
jajaja,no estaras hablando enserio belisario,porque si solo se trata de escribir lo que sea,yo puedo presentarte a mi amigo jose,el almacenero,se la pasa escribiendo en la libreta,de los fiados,podria decirse entonces que mi amigo es un poeta del posmodernismo,que contento que se va a poner;gracias por el articulo sebas,ahora,realmente,que habra querido decir esta chica con ese libro?vaya uno a saber.