Entrevista a Jorge Carrion {2
*Fotos de Míkel Aboitiz
Fabrizio: En tu libro analizás a García Lorca y Ortega y Gasset desde la elisión tácita de La Boca en sus respectivos mapas mentales de la ciudad. Además, resaltás su actitud aristocratizante. Más allá de estos síntomas de clasismo que pueden percibirse en estos textos, ¿qué otra lectura posible rescatás de sus visiones como españoles que visitaron el Buenos Aires de la primera mitad del s. XX?
Jorge: Hay una cuestión nefasta en la relación entre ambos países en esos años: que yo conozca, no hay ningún viajero español que produjera un texto interesante sobre Argentina. ¿Por qué? Intento denunciar en el libro que el viaje español a América Latina, generalmente, se produce en el marco de ir a dar conferencias, como invitado, bien por una institución de allí o bien por el gobierno español. Una vez Franco gana la Guerra Civil, se crea el Consejo de la Hispanidad, y eso se recubre de una voluntad de misión evangelizadora propagandística del régimen, de la cruzada. También de contra-propaganda, porque hay exiliados españoles que están viviendo allí que evidentemente están defendiendo sus propias ideas republicanas. Eso hace que un montón de escritores españoles, pagados por Franco, vayan a hacer de misioneros culturales. Ninguno de esos textos, de Díaz Plaja, Ortega y Gasset, Camilo José Cela, es interesante desde el punto de vista estético. Si vas a dar una conferencia, no a viajar, ya asumes una posición de poder retórico: tú tienes una verdad, un patrimonio que debes, no compartir, sino imponer. Por eso me interesan mucho más los libros de Juan Goytisolo por el Mediterráneo, que básicamente se deben a viajes personales y no a itinerarios profesionales.
…cuando Argentina se convierte en un país más importante, cultural y económicamente, no tiene una tradición de centralidad y no sabe, digamos, perpetuarla.
F: De hecho cuando citás a Ortega o a Lorca, no citás ningún ensayo sino pasajes de correspondencias.
J: Claro, siempre son artículos, cartas, que para mí también son literatura de viajes pero no un libro de viajes, son textos que no están pensados con esa finalidad. Después, los hay que sí, pero siempre son a posteriori. Primero hacen el viaje y una vez hecho, escriben el libro. Hay muchos libros de autores menores o profesores de universidad que relatan viajes a Argentina en los años 10 ó 20 con esa perspectiva. Obviamente, un libro de viajes que se concibe a posteriori no es bueno. Porque has ido a Buenos Aires, Rosario, Salta, Mendoza a dar conferencias y ese itinerario no tiene otra lógica que la de la misma conferencia. No hay una lógica narrativa.
F: ¿Qué viste desde tu Wolkswagen Senda?
J: Pues vi que la red de carreteras argentinas es muy peligrosa. [Risas] Pese a los hoyos, es muy difícil chocar porque no hay coches viajando por Argentina. Encuentras coches a la entrada y a la salida de la ciudad, y después puedes estar horas sin ver ninguno. Lo cual evidentemente dice mucho del país. No hay dinero para pagar la gasolina, hay que calcular muy bien el viaje para que salga a cuenta. Hay muy poco comercio interno. O sea, la red de viajantes que hay en Europa, de camiones y de coches, no existe en Argentina. Me interesó mucho ver el país desde la velocidad y sobre todo pararme en lugares que de otro modo no hubiera conocido. Descubrí cómo era el país gracias a las estaciones de gas. Recuerdo, por ejemplo, que estuve en la casa, creo que en Entre Ríos, de Saint-Exupéry. Cayó varias veces en América Latina con su avión. En Argentina, aterrizó de emergencia en un prado de un millonario francés, que tenía una mansión. Y esa mansión está todavía ahí, se puede visitar. Sin coche no puedes llegar a ese lugar. Me interesó mucho la casa de Horacio Quiroga en Misiones. Pasé noches en el coche. Un tipo de viaje realmente personal que yendo en autobús u otro tipo de vehículo no puedes hacer. Por otro lado no sabía que había coches a gas, hasta que fui a Argentina. El coche se me averió muchísimas veces y me salvó la red de gomeros argentinos. Es maravilloso su trabajo. En España pagas por hora. Si yo hubiera pagado por hora todas las reparaciones que me hicieron me hubiera arruinado. Los tipos tenían habitualmente una casucha muy primaria, con tres gomas y un martillo y tal. Con eso te arreglaban el coche.
F: Destacás en un pasaje de La piel de La Boca, una paradoja que me pareció muy interesante: Argentina tiene un pasado demasiado inmediato como para no conocer sus orígenes históricos de forma fehaciente. Dabas como ejemplo el misterio que hay alrededor del nacimiento de Gardel, del tango o del mismo barrio de La Boca. Ese pasaje me hizo recordar mucho reflexiones de Eric Hobsbawm en La invención de la tradición: parece forzosamente necesario ignorar los orígenes de un espacio o de un sujeto para transformarlo en un mito, más allá de su antigüedad. Lo mismo da si son mitos milenarios o si ocurrieron en los últimos dos siglos.
J: Hay, al menos, dos ideas interesantes ahí. Una: Buenos Aires y Argentina como lugares periféricos desde su fundación. Se funda como un espacio queridamente marginal. Tarda siglos en convertirse en Virreinato de La Plata.
F: Al no haber oro ahí…
J: Claro, fue una aldea durante muchas décadas. De modo que cuando Argentina se convierte en un país más importante, cultural y económicamente, no tiene una tradición de centralidad y no sabe, digamos, perpetuarla. La segunda idea tiene que ver con el hecho de que aunque efectivamente es más fácil el mito de orígenes borrosos, difusos, vagos, hay un ejemplo que es el de Caminito donde tenemos un archivo muy detallado de qué había ahí, que no había nada, y lo sabemos perfectamente. Y el mito se funda ignorando o eliminando ese vacío. Es decir, el mito funciona igual tanto cuando hay un vacío justificado como cuando hay un vacío sin justificar.
F: Algo más general yendo más a tu obra y no tanto a este libro puntualmente: ¿En qué aspectos de tus diferentes crónicas, en Australia, en La brújula, entre otros, te separás de la tradición de literatura de viajes y en qué la transformás? Hablaste un poco de esto antes de esta pregunta con respecto a la tradición española de centrarse sólo en España para tratar los viajes. También mencionabas a los conferenciantes cuando ya delimitaban su itinerario antes de escribir. Si querés agregar algo…
J: Sí, sí. Para empezar a mí lo que me interesa es la literatura de viajes en su sentido más amplio, es decir, en el sentido más literario: escrita como poesía, con conciencia del lenguaje propia de la literatura. Tengo la suerte de haber leído suficiente como para saber que la literatura de viajes no se limita a la tradición española. Me interesan Chatwin, Sebald, Juan Goytisolo. De autores más recientes: Martín Caparrós, Cozarinsky, Cees Noteboom. De modo que con esa perspectiva más amplia te das cuenta de que no hay límites, que puedes escribir lo que te da la gana a partir del viaje tal como tú lo consideras. Por otro lado en mis libros nunca me limito sólo al relato del viaje, sino que ensayo en el sentido más básico del término, del ensayo como prueba, experimento, divagación de ideas. Intento darle una tensión no solamente lingüística sino también narrativa, con el ideal de encontrar una sintonía entre la forma del texto y la forma del espacio. Por eso en La piel de La Boca he hecho una “crónica conventillo”: mediante fragmentos.
F: Cada capítulo es un personaje o una persona.
J: Está basado en una entrevista fragmentada, a partir de ahí, trabajo con materiales diversos; igual que el conventillo tiene metal, madera, plástico, vidrio, pues esto tiene entrevista, ensayo, narración, diario. Hay una crónica mía que me gusta particularmente que en Argentina se incluyó en un volumen titulado Idea Crónica, que editó María Sonia Cristoff en Beatriz Viterbo. Se llama “Ciudad en Formol”, es una crónica sobre Federación, un pueblo de Entre Ríos, que fue sumergido por un pantano durante la dictadura militar. Ahí alterno fragmentos de crónicas sobre el pueblo con fragmentos sobre la vida de las abejas que generan la miel de la región. Creo que esa fue la forma de sintonizar con el espacio para que el relato de Federación tenga un sobre-sentido, una dimensión simbólica gracias a la vida de las abejas.
F: Algo parecido a Australia, cuando estudiás las migraciones animales junto a las migraciones humanas.
J: Australia parte de la premisa de que todo es movimiento, tanto los continentes se mueven como las semillas de los árboles, los animales, las personas, las enfermedades. El cáncer como enfermedad que emigra por tu cuerpo, lo coloniza y destruye desde la propia emigración.


¿No hay tráfico de camiones en Argentina?
Se nota que este pibe no pateó la Ruta 7.
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