28/08/2009
Por Matías F.
Luis Diego Fernández es Licenciado en filosofía y cultor del hedonismo. Parte de su programa (charlas, clases) se apoya sobre la articulación de esas dos partes de su vida. Así fue que escribió Furia & Clase, un ensayo breve que combina las dos anteriores pero que también agrega una narración, la de un observador sibarita armado con las herramientas teóricas y sensitivas necesarias para revisar y diseccionar cada uno de los elementos del lugar predominante en Furia & Clase, el “lounge”.
A la hora de leer y reseñar el libro no pude más que declararme lego. La persecusión del placer se da de cabeza con todos los prejuicios internalizados de la clase media trabajadora que muchos de nosotros arrastramos a pesar de haber accedido a la universidad y de creernos librepensadores.
Si bien, como le comenté al autor, el libro es generoso en el gesto de permitir diferentes grados de lectura, culposo, le propuse, como haría un aprendíz, que me explique con ejemplos. La idea fue jugar con esa filosofía que propone Luis Diego Fernández. Esta fue la consigna: tomar cuatro imágenenes heterogéneas y escribir un epigrama para cada una, poner en funcionamiento la máquina, ver qué lugar ocupa el placer, su presencia o ausencia.
Esto es lo que escribió para nosotros:
Me interesa la naturaleza para entender lo animal. Somos animales: “bestias rubias”. Somos especie, cada vez más, hoy en el siglo XXI. Una flor puede resultar bella o perturbadora. La vida sexual de las flores es algo muy complejo, un nítido reflejo, tal vez, de la complejidad también, de nuestra propia sexualidad. Pero su persistencia -o la soledad- en algún sentido, no deja de ser algo digno de reflexión. Hay una idea que emana de Nietzsche -y que Michel Onfray retoma- que es la de “epidermicidad”, algo así como la consistencia o la voluptuosidad de la superficie. La hondura de la superficie. Algo que también el poeta latino Horacio asociaba con cierta frivolidad que no es sino lo real. |
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Creo que lo más interesante es sentir indiferencia, no rechazo. No. Respeto la religión como lugar de sentido para alguna gente -no es el mío, que es la filosofía. Creo que la religión -y no la espiritualidad- tiende a resultar una esfera para, como diría Nietzsche, débiles. Sin embargo, es muy interesante analizar el poder pastoral -precursor del poder estatal-. El poder pastoral es una maquinaria de poder quizá hasta más interesante que lo que vino después. Y la teología da elementos para pensar la política. Nadie categorizó ni taxonomizó tanto los diferentes tipos de placerers -claro siempre en relación al pecado, la caída- como la Iglesia. Nadie sabe más sobre sexualidad que los sacerdotes. La confesión es el discurso más interesante y sólido de la sexualidad -basta leer a Foucault-. La confesión como dispositivo productor -no represor- de sexualidades “periféricas” o “perversas”. Otro concepto cristiano: “la carne”. Ahí ya nos metemos con cierta cosa animal. Me interesa. |
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Efectivamente, como dice Nietzsche: “sin música la vida sería un error”. Claro. Sólo imaginar que no existe un soundtrack vital creo que muero. La música, si seguimos el camino de Schopenhauer y, desde luego Nietzsche, es la expresión más lúcida y plena de la voluntad -de poder-. Es una manifestación de cierta pretensión de vitalismo, una organicidad plástica del hacer. Más aún en el caso del jazz -o el hip hop- que mantienen sobre sí la mejor cosecha de grooves. Ayudan a vivir y no salir (ni querer salir) de acá. Sólo creería en un dios (en minúscula) que supiera bailar, as Federico said. |
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Prefiero la multitud que, según Negri & Hardt, es una sumatoria de individualidades. No el “pueblo”. Contraponer placer a restricción o pobreza es un argumento tan cristiano que harta -ese elegía del pobre como el santificado, el rico como el despiadado, es entender la idea de justicia de un modo platónico y no como una lógica de poderes que se alternan-. Y obvio. Placer y protesta son términos que, a veces, se excluyen. Prefiero la crítica -eventualmente “protesta”- como diseño de realidades paralelas y no como mero grito. No hay nada afuera. Aunque a veces el grito -o la puteada arrancan como la punta del iceberg de lo otro en lo mismo. Pero si se queda en eso es esteril. |
Nota: Las cuatro imágenes tienen licencia CC y linkean directamente a sus autores.
Furia & clase en practica http://viigo.im/0JoK
Furia & clase en practica http://viigo.im/0JoK
Muy interesante la nota.
Tanto la forma como las respuestas.
gracias…