Pulpos
Era un calamar de dimensiones colosales, unos ocho metros de longitud, que andaba hacia atrás con mucha rapidez en la dirección del Nautilus. Estaba mirando con sus enormes ojos fijos de matices verdosos. Sus ocho brazos, o por mejor decir, sus ocho pies, implantados en la cabeza, lo cual ha hecho dar a estos animales el nombre de cefalópodos, tenían un desarrollo doble de su cuerpo y se retorcían como la cabellera de las furias. Se veían con toda claridad las doscientas cincuenta ventosas dispuestas en la cara interna de los tentáculos en forma de cápsulas semiesféricas. Algunas veces, las ventosas se aplicaban sobre los cristales del salón, adhiriéndose a él por medio del vacío que practicaban…
En 20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne, Ediciones Olympia, 1995, p 430.
Ilustración de Ted McKeever.


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