11/03/2008

Un estilo acartonado

Por Leandro Vives

Hace varios meses, le pedí a un escritor ya consagrado, y a quien respeto mucho, que me diera su opinión sobre un cuento que yo había escrito y que, casualmente, sería el primero de la serie de mi libro. Tuve la suerte de que lo leyera y me respondiera en un tiempo relativamente corto, aunque confieso que su opinión no fue del todo la que yo esperaba: A pesar de ciertos pasajes de claridad y corrección, debo reconocer que tu cuento me resultó un poco acartonado, había escrito, y luego, como para que no me quedara ninguna duda de que no había quedado conforme, me recomendaba pasar una temporada en un taller literario.

Era la primera vez que alguien me hacía una crítica de esa índole, y me quedó dando vueltas en la cabeza por algún tiempo, sobre todo la palabra “acartonado”, cuyo significado desconocía pero que al momento asocié con dureza y rigidez. Decidí de todas formas consultar su significado con la persona que había corregido mi libro, y que, lógicamente, conocía el cuento. Acartonado significaba no escrito de un modo natural, tal como si las palabras hubieran sido puestas a la fuerza, por alguna razón o capricho, según me explicó. Le pregunté si mi cuento le había parecido acartonado y me dijo que no, pero yo ya tenía la duda implantada y no había Cristo que pudiera quitármela. Empecé así a revisar mi libro, cuento por cuento, para ver si hallaba rastros del famoso acartonamiento: Lamentablemente lo hallé en casi todos ellos, ya sea por sugestión o porque realmente estuvieran ahí. Consideré entonces la recomendación de asistir a un taller literario, incluso hice varias averiguaciones, pero por cuestiones de tiempo y dinero decidí dejarlo para más adelante. Finalmente, me propuse buscar la raíz de tal acartonamiento yo solo.

Después de muchas lecturas, identifiqué dos rasgos que bien podrían ser la causa. El primero: la estructura de las oraciones, su cadencia, un modo tal vez intrincado para la mayoría, pero natural para los que nos formamos con base en las ciencias exactas. Soy ingeniero pensé –aunque hubiera preferido ser físico–, y no puedo evitar buscar en las oraciones cierto ritmo casi matemático. Guillermo Martínez escribió(1) que, en la escritura de Borges, hay un estilo particularmente grato a la estética matemática, una matriz en esencia ensayística, y por esa razón sus textos resultan caros a los investigadores científicos. En lo que a mí respecta, Borges es lo más cercano a la perfección –al menos en castellano–, la forma más acabada. Releí al menos diez de sus cuentos y hallé esos mismos rasgos –o me pareció hallarlos–. Ahora bien, es lógico que en mi primera empresa estuviera su impronta, nunca lo oculté sino que en mis cuentos muchas veces lo resalté con comentarios explícitos e implícitos sobre él y sus trabajos. También es lógico que, en las manos de un novato, sus influencias parezcan impostadas aunque no haya sido esa la intención, ya que es por demás difícil dar con la voz propia en los primeros intentos, pero no soy el único: Bioy Casares está plagado de esas influencias, obviamente con gran calidad. Juan Incardona(2) confesó haber copiado mal al hombre de los espejos, utilizando palabras raras como “oprobio” y “pusilánime”, y dándole chapa a sus textos con una erudición berreta sacada de enciclopedias. De esta declaración di con la segunda causa: las palabras raras. Sí, yo también suelo usar palabras raras, y sé que a veces puede sonar a erudición barata, pero creo que me ha servido para aprender y sentir nuevos vocablos, para no repetir mil veces las mismas palabras. Mi abuelo solía tener a mano cuando escribía un diccionario de sinónimos, porque no le gustaba repetir. ¿Y cuántas veces Borges menciona a las enciclopedias como punto de partida para sus ideas?

Vuelvo sobre mis pasos y vislumbro una justificación: tal vez aquello que llaman acartonamiento sea en parte un estilo. Quizá, en un país donde el vocabulario tiende a reducirse y donde con sólo enviar un SMS se puede aprender el lenguaje tumbero, pueda parecer impuesto a la fuerza y no natural el uso de ciertas palabras raras y de algunas estructuras prolijas. Esto podrá sonar exagerado, lo sé, pero entiendo que, si sólo nos limitamos a escribir como hablamos o como nos suena natural, en un tiempo no muy remoto habremos perdido buena parte de nuestro vocabulario.

Notas:
(1): Borges y la matemática, Seix Barral, 2006, Pág. 35-36.
(2): La Pentatónica, Objetos Maravillosos, Ed. Tamarisco, Buenos Aires, 2007.

18 comentarios en Un estilo acartonado

  1. funes dijo el

    Yo creo que no está mal lo que decís. Pero por otro lado, el acartonamiento que dicen los que te leen tendrá que ver con esa forma que tenés de decir las cosas. Sin embargo, el último párrafo, se convierte decididamente en un error; desde el vislumbro (palabra acartonada si las hay) hasta lo de los tumberos en el SMS me parece un exceso… lo de Borges y vos… bueh.
    Creo que es cierto que si tenés ese estilo que tiende a cuidar las palabras deberías defenderlo pero en un libro de cuentos que sea el tercero o cuarto dentro del mismo estilo. ¿Es tu primer libro? Porque dicen algunos que en el primer libro de lo que sea el autor tiene la sensación de que va a morirse luego de publicarlo y en la posteridad será recordado por ese libro por lo que pone todo pero todo el armamento que tiene a mano arriba de la mesa.
    Los textos de Borges e Incardona – por Dios, no los estoy poniendo en el mismo escalón – tienen años de trabajo encima. Las declaraciones de Incardona creo que persiguen el arrebatado objetivo de confundir… y eso que no lo conozco.
    De todas formas, y por esto es que dejaba comentario; sigue siendo la opinión de UN gran hombre respetado y querido por vos. Si yo te quiero leer y me decís que, ponele fue Fogwill el que te dijo eso, si a mí me gusta tu cuento, a Fogwill me lo paso por el quinto forro del culo bien culiado que tengo. Hay un público, pero antes que nada estás vos. Si a vos te cierra, cerrás al resto.

    Abrazos
    (y que se arme)

  2. Rufián Melancólico dijo el

    Creo que la sugerencia del taller literario no es mala. Ese tipo de experiencia se trata, precisamente, de abrirte la cabeza a nuevas formas de expresarte o te dan la llave a la pregunta que te hacías. Quizás había algo en tu texto que no te cerraba y no sabías el por qué, el taller te puede dar esa respuesta.

    Por otro lado el “acartonamiento” en tiempos pop es dificil de sobrellevar, básicamente porque los lectores estamos muy acostumbrados a una literatura cada vez más rápida y digerible. No digo que esté bien, pero hacer un buen “acartonamiento” es casi tan dificil como hacer una literatura dinámica. En eso coincido con Funes, creo que los textos de Incardona muestran que están muy trabajados, que la forma a veces entra con presión, pero entra, fluye, se desliza. Creo que eso es lo que uno debe buscar con sus textos: que se puedan transitar como la seda, que no tengan trabas.
    Por otro lado, no es casual creo, lo que decís acerca de la mentalidad matemática: son saberes técnicos que pueden entrar en literatura, pero teniendo el cuidado de no escribir como un matemático. Digo, alguien que lee literatura seguramente gustará de una prosa pulida y no disfrutará tanto de un ensamblaje preciso pero áspero.
    Es mi opinión en base a mis gustos.

    Suerte con eso y estaría bueno poder ver alguno de esos cuentos “acartonados” para poder juzgar por uno mismo.

  3. Rökkur dijo el

    Estoy en gran parte de acuerdo con funes. Creo que uno debe buscar siempre una prosa personal, sin importar la opinión de los demás, pero eso no significa que si a uno le gusta Borges deba escribir como él, porque si Borges se convirtió en Borges es justamente porque su estilo es único, diferente, y uno puede reconocerlo en sus escritos sin necesidad de ver su nombre en ellos. Uno solo puede tener una forma de escribir particular si se mantiene fiel a si mismo y no escribiendo como los demás te dicen que debes escribir. Por ahora eso.

    Saludos!

  4. Esteban S. dijo el

    Me parecen interesantes tus interrogantes, pero antes quisiera saber algo: ¿qué aspectos del estilo de Borges fundamentan para Martínez que tenga una afinidad con la estética matemática? ¿es la precisión, la abstracción, el orden sintáctico?

    Gracias.

  5. Saurio dijo el

    Algo acartonado, según el diccionario. es algo que tiene la consistencia seca y dura del cartón, así como algo que carece de vitalidad o espontaneidad. También, aunque no sea el significado correcto, la palabra remite a los decorados de cartón del cine joliboludense de los 50, a moldes de cartón para cortar piezas de tela o papel y a algo que está metido dentro de una caja de cartón.
    Creo que cualquiera con una neurona funcional se da cuenta de que no tiene nada que ver con la riqueza o pobreza del lenguaje, sino con la actitud con la que se escribe.
    Un texto acartonado es un texto escrito por alguien que le tiene miedo a las palabras, ya sean las polisilábicas como las más bastas.
    En un texto acartonado el culo se llama c…
    Un texto acartonado busca agradar al lector.
    Un texto acartonado está escrito siguiendo manuales de estilo.

    La diferencia entre escribir acartonado o no pasa por quién sostiene las riendas, si el escritor o el lenguaje. Un escritor que se somete al poder de las palabras es un escritor acartonado.

    Cambiando de género, nadie podría acusar al rock chabón de intelectual o elevado. Sin embargo es uno de los géneros más acartonados que hay, con letras y músicas carentes de vitalidad y espontaneidad, que repiten una y otra vez clichés y yeites dentro de un espacio creativo limitado y cuyo único objetivo es agradar a un sector del mercado espectador.
    Y lo mismo pasa con la literatura.
    Si escribís con un lenguaje medido y pensado para agradar al lector en vez de hacerlo queriendo provocarle “algo”, entonces sos acartonado.
    Si escribís tratando de ser “literario”, entonces sos acartonado.

    Ah y sí, es “bastas” con b. Como el basto de la baraja. Como la arpillera, que es una tela basta (y vasta, si es extensa)

  6. Andrés dijo el

    Leandro:
    Creo que es lógico que frente a la publicación de un primer libro, como es tu caso, el lenguaje esté “acartonado”. No creo que le tengas miedo a las palabras, sino que has privilegiado otras cuestiones, como la trama, la forma de narrar poniendo ladrillo sobre ladrillo, justamente porque tu cuidado, en este caso, seguramente pasó por otro lado.
    Te recomiendo que leas una entrevista que le hicieron a Faulkner, la podés encontrar en la web. Ahí, el genio, habla de su relación con la creación, con los críticos, y con el lector (esto último fundamental).

  7. estrella dijo el

    Una vez le llevé unos cuentos a una persona conocida, para que los leyera. No me habló de “acartonamiento”, pero sí de algo parecido. Nunca más volví a escribir, por más que después otros lectores me dieron el visto bueno y me aletaron a seguir haciéndolo.
    Claro que fue mi culpa, y claro que, seguramente, no tenía las ganas (¿o el talento?) de seguir escribiendo. Pero quién sabe, escribir se trate de eso: ir de a poco encontrando el propio estilo, la única forma posbible de decir, que será difetente, según cada quien.

  8. Leandro V dijo el

    Esteban:
    Martinez habla de la precisión, de la abstracción, de la forma en la que cierra cada oración, similar a la belleza de una ecuación o un teorema. Eso y, sobre todo, el hecho de llevar ciertos asuntos matemáticos al ámbito literario, como la explicación de que un segmento está compuesto por infinitos puntos en “El libro de arena”, o la esfera de radio infinito y centro en ningún lado de “La esfera de Pascal”. En fin, su cuentos, ensayos y poemas están plagados de este tipo de cosas y Martinez en su libro los rastrea de una manera muy interesante.

    Por otro lado, quiero agradecer todos los comentarios y sugerencias porque realmente son productivos.

  9. Esteban S. dijo el

    Leandro: Te agradezco la respuesta. Me parece que lo más rescatable debería ser el rastreo del estilo más que del tema matemático inserto en un cuento o ensayo, ¿no te parece?. Es mucho más complejo detectar un tono, un ritmo, un estilo “matemático” que comprobar que Borges habla de temas matemáticos. Digamos

  10. Esteban S. dijo el

    Maldición… apreté un botón y me publicó solo……… sigo abajo.

    [...] digamos que hablar de matemáticas se puede hacer sin un léxico “matematizado”… ¿no?; ahora bien, tener una estética matemática es otra cosa.

    Sobre tu vivencia no creo poder decirte demasiado; sólo creo que se trata de una cuestión de búsqueda personal. Es lo que he leído en los grandes escritores: buscaron su voz y permanecieron permeables al cambio y a la influencia. Incide mucho tu persistencia, tu esfuerzo, tu búsqueda, ¿no creés?

    Saludos che.

  11. Fender dijo el

    Bueno, para mí “acartonado” alude a las camisas demasiado almidonadas, tomado esto como un exceso de seriedad, ceremonia o -lo peor- solemnidad.
    De verdad, no sería tan peligroso ser algo acartonado en las formas como en las ideas. Si bien habrá una buena mayoría de escritores apurados por brindarle al lector una lectura llana y sencilla, otros están condenados a un lector “con inquietudes”. Son lectores que se animan a una prosa no por la velocidad con que se la lee sino por el disfrute al arte con que está construida.
    No comparto que para decir cosas nuevas haya que renovar el lenguaje con la misma reciprocidad, porque demasiadas cosas viejas se cuentan en este mundo con neologismos y canchereadas, dando la ilusión de un cambio que no existe. No es una condición necesaria, es apenas un gusto más.
    Lo digo como lector: prefiero a un Nabokov o un Miller (también voy a incluir a los “cronistas” de la talla de Capote, Mailer y Walsh) que sin pretensiones de modernidad exacerbada (y habiendo pasado décadas y/o malas traducciones) patean más culos de los que verán en su vida algunos que escriben en musculosa, shorts y hawaianas.

  12. Fernando dijo el

    Leandro: Si vos podés justificar el léxico que usas en tus cuentos, es decir: por qué escribís de una manera y no de otra, no lo veo mal. Si sos conciente de cada palabra. Lo de “acartonado” lo entiendo como lenguaje arcaico y figurado.
    En la narración no lo veo mal, para mí lo único natural en un texto de ficción es el momento del diálogo. Pero hay surge una paradoja: el diálogo es el lenguaje hablado, pero en la escritura es escrito, por lo tanto considero que un buen diálogo es el que se escucha y no el que se lee. Osvaldo Soriano es uno de los mejores escritores en ese campo, también agrego a Lucio Mansilla, David Viñas y Osvaldo Lamborghini.
    Entiendo que siempre se agregan palabras nuevas, que el idioma cambia con el tiempo, que una palabra puede tener otro significado en otro país del mismo idioma. Pero más allá de todos estos cambios, hay palabras que son propias de la escritura y otras propias del lenguaje oral.
    No sé, pienso en un ejemplo. Un personaje dice: “Solamente me quedan cuatro pesos”.
    Eso lo veo bien, porque es una representación del lenguaje hablado, en estilo directo.
    Pero si el adverbio lo incluís en descripción o acción queda mal. Porque para eso existe el “sólo”. El primero es propio de la oralidad, el segundo de la escritura.
    Acartonado son los traductores de Anagrama, esos malditos coños, joder.
    Bueno, me fui de tema.
    Yo leí tu cuento en este mismo blog, me gustó, es más, no encontré nada acartonado.
    Saludos.

  13. Ecos (hiper)textuales I « El ángel eléctrico dijo el

    [...] el blog de Patrico Zunini empezaron los escalofríos. Primero leo las reflexiones de un joven escritor (cosa que supongo por la foto adjunta, que también supongo reciente) a quien han criticado su [...]

  14. chica_rumiante dijo el

    ¡Mejor “acartonado” que “espontáneo”! Fuera de broma, la sugerencia del taller literario no debería ser desoída si de verdad te interesa avanzar en tu proyecto creador. El taller, es decir, un buen taller, te abre infinitas puertas y ventanas por las cuales empezar a mirar lo que escribís bajo otras luces y sensaciones. Un buen coordinador de taller no será complaciente, te felicitará cuando corresponda y cuando corresponda también te dirá “vos podés hacerlo mejor” y tené por seguro que no se equivocará. Y que te sugerirá caminos para lograrlo. Digo todo esto porque después de muchos años de escribir “por mi cuenta”, de editar pasquines literarios varios, de haber pasado hasta por la facultad (no para escribir, ¡dios me libre!, si no para convertirme alguna remota vez en licenciada en literatura argentina con orientación en crítica génetica) desde diciembre del año pasado estoy asistiendo a un taller literario de los buenos (como en todo, hay mucho chanta suelto!) y te puedo asegurar que los avances son palpables. El taller te brinda herramientas: el resto lo ponés vos, desde luego.
    Sobre el acartonamiento: tal vez el escritor en cuestión se refería a lo que mi maestro del taller llama humorísticamente “artistitis” y que suele aquejarnos a todos en algún momento: como decía alguien en un comentario previo uno quiere poner toda la carne en el asador y ahí puede pecar por exceso. Ahora, construir prolijamente las frases, respetar y romper sólo cuando es absolutamente necesario la sintaxis, evitar las faltas de ortografía y más todavía hacer un todo coherente entre el “qué” y el “cómo” se lo cuenta me parece el norte más atendible de cualquier escritor que se precie de tal. Sobre todo en estos momentos en que prima el “cualquiera puede hacerlo”, el mal llamado “espontaneísmo”, la autopublicación, la ausencia de instancias necesarias como el editor y el corrector literario, y otras lacras por el estilo que revelan la pobreza imperante en todos los estamentos. Oponer a eso una obra bien hecha, hecha a conciencia y hecha con pasión, como sospecho por tu texto, me parece mucho más subversivo y revolucionario que quienes enseguida se ponen la boina del Che y salen a defender lo indefendible.
    Saludos!

  15. Vontrier dijo el

    Leandro:

    Entiendo que no está tan mal lo que te sugiere el que leyó tu libro. Porque, lejos de lo que se puede llegar a creerse, de un taller literario no salen escritores; con mucho esfuerzo, lo que se hace ahí es corregir algunas cuestiones formales y no tanto, que cada uno que va ahí con su textito, llama estilo y en realidad, es vicio o comodidad o ponele un nombre que no suene agresivo porque yo no encuentro la palabra o lo que te sale, cuando te ponés a escribir porque te sale así. Y, seguramente, hay más de una cosa que vos podés explotar desde tu forma de escribir, que a lo mejor -supongo, yo no sé quién sos- se pueden mejorar con una guía que venga de afuera, alguien que no piense que el libro es tuyo y que te costó escribirlo y que lo querés mucho y que sabés por qué ponés las palabras que ponés y todo eso.
    Si no conoces la anécdota -fijate que alguien la habrá colgado en internet- busca el texto “Por el sendero caminaba un viejecillo” de Abelardo Castillo y fijate lo que dice del estilo. (Si no lo encontrás y te interesa, te lo puedo pasar por mail)
    Lo del acartonamiento, bueno… es una opinión, por más reconocida que sea. Si vos entrás en duda con eso, es porque la duda, ya estaba antes de que la voz de Dios lo dijera.
    Convengamos que escribir bien no es escribir con la corbata puesta y que escribir mal no es escribir espontáneamente. Cualquier estilo puede escribirse bien o mal. Y bien o mal no quieren decir más que convencer al lector y que el tipo no saque los ojos del libro hasta la última página. Supongo que eso querés. Y supongo, pensando bien, que para eso te recomiendan un taller.

    Que haya suerte con el libro.
    Salú.
    V.

  16. Hablando del asunto 2.0 » Blog Archive » Palabras que sobran dijo el

    [...] del argentino exquisito de Bioy. Ambos libros me reflotaron un tema que había tocado en mi primer artículo, donde ensayé lo que en el fondo fue una defensa del estilo que traía hasta el momento –digo, [...]

  17. Luis dijo el

    te sugiero escribir como un cartonero mejor, pedí un corrector en Eloisa

  18. Hablando del asunto 3.0 » Blog Archive » Escritores con voz propia dijo el

    [...] esto quiero cerrar el debate sobre el estilo que comencé en el artículo anterior. Por lo demás, considérenlo simplemente como la opinión de alguien que todavía no ha leído ni [...]

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