Algunas líneas sobre El campito
Hace varios días que vengo pensando ésta reseña. Cómo proponer y describir un camino alternativo a las lecturas que se dieron a la última novela de Juan Diego Incardona.
Pero primero una brevísima descripción. El campito es una novela primero y específicamente una novela de aventuras, después. Quienes leyeron Villa Celina me comentaron que había cierta continuidad de personajes y de lugares. Lamentablemente no la leí aún. Pero ahí queda la aclaración. El protagonista de la historia es un ciruja llamado Carlos que después de extraviarse en un juego barrial queda envuelto en una aventura épica. Él termina enrolado, voluntariamente, en los ejércitos peronistas contra los oligarcas que quieren destruir a los peronistas y tomar su territorio. Esos relatos los narra para Juan Diego y su grupo de amigos en la vereda de Celina, donde acuden los amigos del barrio primero en forma íntima y al final multitudinaria.
Lamento tener que sobrellevar la conteporaneidad con Incardona. Lo lamento en el sentido de que él anda suelto por ahí perfectamente habilitado a refutar cualquier lectura que contravenga sus intenciones narrativas. Sin embargo, por las razones que voy a dar más adelante, creo que a él no le interesa eso.
Lo que sí lamento es que se haya leído El campito en un sentido tan abiertamente político. O podría decir tan cerradamente político y partidario. Fueron letras bien grandes anunciando que se trataba de una novela peronista. Como ya tenía mi propia lectura al momento de salir las notas más populares, intenté desviar la mirada y acá está el resultado de la fermentación.
Decir que El campito es una novela peronista es un flaco favor a la literatura en primer lugar y un encasillamiento tan llano como incorrecto. Incardona dice que es peronista (seguramente lo es) y, en efecto, incluye personajes que se definen por su adhesión al movimiento. Hasta ahí todo bien.
¿Cómo nadie mencionó El Señor de los anillos? Vamos, no lo habrán hecho por lo obvio o por lo popular. Ésta última palabrita me habilita. La aventura incluye un mapa con lugares míticos, humeantes, mágicos. Hay enanos, gigantes, batallas… Están las pruebas que debe sortear el héroe, Carlos, el hombre marginal, el vago que sabe de qué se trata eso del peronismo, pero sabe, al mismo tiempo, que no pertenece. El protagonista es un hombre que participa, ayuda, ve, arriesga, pero al final del día, sigue su propio camino.
En El campito La matanza es un lugar lleno, cubierto de pobreza y contaminación, la materia predominante parece ser el marrón del óxido omnipresente en un espacio que quizo ser industrial en algún momento, ya no. Aún así persisten ciertos espacios de belleza hijos de esas aspiraciones. El empeño industrial legó alguna belleza: los campos galvanoplásticos. Flores recubiertas de metales de colores que crecen así conformando un auténtico parque industrial.
Me gustaría señalar que Incardona tuvo un paso por la Facultad de Filosofía y Letras, señalarlo positivamente (para mí no puede ser de otra manera) y que además administró durante cinco años una de las revistas literarias más activas en ese período, El interpretador. O sea, no se puede suscribir al autor al mundo de la inocencia banal, me parece imperativo permitirle cierta ironía, cierta narración crítica hacia ese imaginario peronista “de Perón”. Sobre esto lamentaba la contemporaneidad que mencioné más arriba. En otra palabras: Incardona no escribe con el bombo junto al escritorio, eso queda para la militancia partidaria. Él simplemente comparte un imaginario con las generaciones que lo precedieron y en ese mundo compartido el peronismo pertenece a una arcadia, una edad de oro en la que todo fue mejor y que legó algunos de sus mejores productos a la corrupta era actual. Para evitar malentendidos sigo aclarando, porque cuando se habla de política la mitad del tiempo se pasa aclarando: la era es la corrupta, o lo que es lo mismo, compleja.
En el mismo sistema, el campito, Celina y fundamentalmente los Barrios Bustos (un conglomerado de barrios ocultos que conforman toponímicamente los bustos de héroes peronistas) integran una especie de locus amoenus al que los protagonistas vuelven terminada la aventura y superadas todas las pruebas que les impuso la batalla.
Pero eso no es todo. También está el conurbano. ¿Quiénes son los otros escritores del conurbano, ese espacio indeterminado que en algunos momentos forma parte de la Provincia de Buenos Aires, en otros de una zona de frontera llamada “AMBA” (Área metropolitana de Buenos Aires) y otras de un limbo delictivo? Incardona pone en disputa la adscripción geográfica del conurbano y la tensión con ese otro territorio, el que queda del otro lado de la General Paz, del otro lado del río.
A medida que nos internamos en el campito, otra vez empezamos a escuchar los ruidos de los animales y los bichos nocturnos, pero jamás dejamos de oír las voces que, desde la distancia, seguían cantando y festejando. A veces, por los rebotes que hacía el eco, se escuchaban incluso charlas lejanas, quizás conversaciones que sucedían a varios kilómetros, tal vez provenientes de Ciudad Evita, o de Aldo Bonzi, o quizás desde el otro lado, desde los Barrios Mensuales que llegaban hasta Esteban Echeverría. Se decían distintas cosas, algunas frases comunes y otras fuera de lo común, como que habíamos ganado una batalla pero no la guerra, que ahora empezaría lo peor, que el peronismo debía vengarse por el ataque a La Matanza y contraatacar, cuanto antes, invadiendo la Capital Federal. 217
Por allí aparecen los personajes del Adán Buenosayres, perdidos al principio. Páginas después terminan presos, por algún delito menor pero presos al fin. Incardona, fiel a su tiempo, no castiga a los desubicados enviándolos a las galeras o al limbo, ahí quedan, en el penal, esperando la finalización de un proceso azaroso.
Por todas estas pistas me parece que El campito espera la sedimentación que separa lo importante de lo urgente, lo político de lo estético y lo ligero de lo importante. Veremos de qué lado queda.

Quizás no leíste mi reseña en Página/12 Matías, que fue una de las primeras que salió. Allí hago mención al imaginario de ESDLA: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5579-2009-09-21.html
De todos modos, sí creo que la novela tiene que ser leída en clave política. Entre otras cosas, incluye trascripción textual de la Marcha Peronista!
Algunas líneas sobre El campito: Hace varios días que vengo pensando ésta reseña. Cómo proponer y describir un .. http://bit.ly/1tzOkS
Tenés razón, fue bastante temprana. La vi y decidí leerla una vez terminado el libro. Ahora paso por allá, gracias por el link.
Por otro lado no termina de cerrarme la clave política. ¿Viste cuándo te dicen que el judaismo no es tanto una religión como una cultura? Bueno, creo que va por ese lado. No pienso tanto al peronismo como un movimiento político sino un resabio cultural, algo que quedó, que ya no es.
¡Lo de Arlt! Bien Rufián, se me escaparon las flores Arltianas.
En líneas similares a las del Rufián, la nota que le hice a Juan Diego para el Buenos Aires Herald (http://www.buenosairesherald.com/PrintedEdition/View/14162) se enfoca principalmente en lo que me parece el elemento más literario y poderoso, que es el fantasy como género prácticamente inexplorado en nuestra literatura. Quedaron 30 páginas de un libro inconcluso de Charlie Feiling, algunos escarceos más fantásticos que “fantasycos”, el trabajo ninguneado por la crítica de Liliana Bodoc, pero nada que articule una lectura política tan fuerte desde un mundo fantasy tan definido (¡hasta mapa y losario le puso, qué ven que no ven eso!).
Como toda metáfora, es ambivalente: este libro puede ser una celebración de la mitología peronista, pero plantarse decir que la única narración posible del peronismo es la de una mitología es también una crítica poderosísima. Ahí está la fuerza. Ma qué literatura peronista ni no peronista: literatura y punto.
El de la narración mitológica es, sí, un problema del peronismo, más como representación de esa supranostalgia que es muerte y entorpece. La ambigüedad se resuelve en un Incardona crítico o en un Incardona que es parte del problema. Yo me inclino por la segunda. Ustedes a lo mejor por la primera, tratando de justificar que les haya gustado una novela con tanto peronismo explícito.
Algún día deberíamos empezar a utilizar la expresión “peronismo realmente existente” para distinguir entre aquello que es el relato mítico y esto otro que es “el hecho maldito del país burgués”
La mitología peronista se ha convertido en un buen lugar, acogedor, cálido, para recibir a aquellos escritores que posan como el ala rebelde y plebeya de la cultura oficial. Hace mucho tiempo que ya nada es lo que fué. No hay riesgo en pensar o escribir desde los imprecisos límites culturales del peronismo.
Saludos
Léase “el hecho burgués del país maldito” donde se dijo “el hecho maldito del país burgués”…aunque pensandolo bien tal vez no sea tanta la diferencia