En busca de un escritor
por José María Figueras
josemfigueras@gmail.com
Si yo les dijera que fue hijo de un próspero empresario del rubro de la alimentación, que participó en la Segunda Guerra Mundial, que tiene un hijo actor y que Sean Connery protagonizó una película donde se lo toma como referencia, ¿podrían decir de qué escritor estamos hablando?
Mmm, ¿todavía no? Bueno, entonces podría agregar que se dice que fue empaquetador de carne en Polonia en los años 30, que en la escuela le iba bastante bien en todo menos en aritmética, que en 1932 va a un famoso colegio privado, el Mac Burney, que en septiembre de 1934 lo inscriben en la Academia Militar Valley Forge de donde se inspiraría para ambientar parte de su futura novela más famosa.
Según él mismo aseguró, empezó a escribir a los 15 años. De su paso por Mac Burney, se lo recuerda como un chico “silencioso, pensativo, apartado”. Lo atraían el periodismo y la representación teatral y entre los deportes siempre elegía el ping pong y el fútbol.
¿Sigue complicado adivinar quién es? Más pistas…
Sus compañeros destacan que estaba “lleno de humor e ingenio”. Subrayan sobre todo su sarcasmo, rasgo que lo haría famoso, o por lo menos a su personaje más conocido, en quien muchos vieron a su alter ego. Durante su estadía en Valley Forge decide ser escritor pero lamentablemente de todos los cuentos que escribió en esos años, no quedó nada. Todo ese material se perdió. ¿O lo hizo perder él? Nunca lo sabremos… él también tuvo esa enfermedad que ataca a algunos escritores que reniegan de todo lo anterior a lo que consideran su obra maestra. En la Biblioteca de New York están los primeros cuentos aislados de este escritor, aunque en algunos casos habría que decir que “estaban” porque fueron literalmente arrancados de sus revistas originales. En 1974 circuló una edición pirata de 25000 ejemplares con esos cuentos tempranos. Un pequeño escándalo se armó alrededor de esa publicación, tanto que hasta el FBI salió a buscar al editor fantasma.
Tuvo varios encontronazos con su padre a raíz de su vocación: él quería ser escritor y su padre quería que estudiara una carrera universitaria. Para dejarlo contento, se inscribió en la Universidad de New York, pero la historia terminó como suelen terminar esas historias: su paso por esas aulas sólo duró un año y él se dedicó a ser escritor…
Pero el paso a la literatura no fue tan simple, antes le esperaban otras “ocupaciones” como ser animador en un crucero por ejemplo. Hasta ahí llegó junto a su amigo Herbert Kauffman. En ese crucero había otro amigo de nombre Holden quien junto a la actriz Joan Caulfield habrían dado el nombre completo a su personaje más famoso: el adolescente Holden Caulfield.
(este es el momento en que todos los lectores de HDA saltan de sus asientos al grito de ah! era él!!!)
En julio de 1936 viaja a Viena para interesarse (es una forma de decir) por los secretos del negocio paterno. Por supuesto, el curso de perfeccionamiento gastronómico es un rotundo fracaso. Un dato de su paso por Viena: Salinger pasó por el barrio judío de esa ciudad los dos primeros meses del año 1938 y el 12 de marzo la ciudad cayó en manos de Hitler. De más está decir que lo primero que hicieron las tropas alemanas fue pasar por ese barrio. Se salvó por poco, en esos días estaba llegando a París.
Sin heredar la profesión del padre y sin que logre todavía despegar su carrera como escritor, J.D.Salinger estaba un poco perdido y desilusionado aunque no dejaba de mandar sus cuentos a las revistas. Y bueno, tanto insistir que al final en enero de 1940 el director de la revista Story y a la vez profesor de Salinger, Whit Burnett, decide publicarle un cuento, el primero, que se llamó “The Young Folks”. Al año siguiente logró publicar su breve cuento “The hang of it” en Collier’s. Pero lo que él realmente quería era ver sus cuentos en las páginas del New Yorker.
¡Ah! pero esperen un poquito, todavía falta algo: su paso por el Ejército, más precisamente por el CCI (Cuerpo de Contra Inteligencia). Pronto entendió que ser soldado tampoco era para él. Se casó en septiembre de 1945 con una francesa de nombre Sylvia, pero el matrimonio sólo duró 8 meses.
De a poco empezaba a tener cierto impacto como escritor pero sólo en un círculo literario muy limitado de New York hasta que en julio de 1951 se publica la famosa historia de Holden Caulfield. The catcher in the rye tuvo muy buenas críticas desde el principio. En ese momento Salinger pensaba que su libro sería una moda pasajera hasta que saliera el próximo-libro-de-moda. Los años lo desmintieron. En 1968, esto es varios años después de su aparición, fue proclamado como uno de los 25 libros más vendidos en Estados Unidos desde 1895. En los años posteriores siguió vendiéndose a un ritmo de 250.000 ejemplares promedio en todo el mundo.
Junto al éxito creciente de The Catcher… comienza a frecuentar fiestas a las que luego se arrepiente de haber ido y de a poco descubre que la vida como celebridad literaria no era algo que pudiera soportar durante mucho tiempo.
A los 34 años se fue a vivir al campo al pequeño pueblo de Cornish. Quienes conocieron su casa dicen que tenía una vista espectacular, lo que no tenía era calefacción, electricidad y agua corriente. Ese aspecto primitivo fue el que atrajo a Salinger.
En abril de 1953 apareció Nine stories en los Estados Unidos y dos meses después en Gran Bretaña.
En las reuniones locales que muchas veces él mismo organizaba, Salinger conoció a una chica de 19 años llamada Claire Douglas con quien tendría a Matthews en 1960, el actor del que les hablé al principio de la nota. Matt protagonizó el Capitan America, película que según los que saben, no quedará precisamente en la historia del cine.
Todos los datos que acabo de enumerar se encuentran en el libro En busca de J.D.Salinger que escribió el periodista Ian Hamilton y que publicó Mondadori. Es uno de los libros que más se acerca a Salinger desde que éste ha interpuesto una barrera total entre el mundo y su persona. Ya todos saben lo difícil que es acceder a J.D. Salinger. Sin embargo algunos lo han intentado.
En mayo de 1960 la revista Newsweek a través del periodista Mel Elfin y un año después el New York Post a través de Edward Kosner intentaron romper el cerco salingeriano. Ninguno de los dos obtuvieron gran cosa. El máximo logro lo consiguió Elfin porque pudo contactar y hacer hablar a uno de los vecinos de JDS, el pintor Bertram Yeaton, quien en su momento le fue muy útil a Salinger porque le prestaba el teléfono que éste no tenía. Sus editores y allegados llamaban a la casa del pintor cuando querían hablar con Salinger. Pero Elfin no tuvo problemas en contar parte del ritual de escritura de su famoso vecino. A través de su relato supimos que Salinger se levantaba entre las cinco y las seis de la mañana y bajaba hasta su estudio, “un diminuto refugio de hormigón con el techo de material plástico traslúcido”. Allí pasaba 15 ó 16 horas diarias sobre la máquina de escribir. Jerry es “un artesano meticuloso que revisa, pule y reescribe constantemente”, aseguró Yeaton.
Por supuesto el libro de Hamilton contiene mucha más información que sería imposible volcar en este post. Me interesa el siguiente dato: Salinger apareció publicado por última vez en el número de The New Yorker del 19 de junio de 1965 con un cuento largo titulado Hapworth 16, 1924. Luego no volvimos a tener material de él.
Su silencio autoimpuesto, que podríamos decir que arranca “formalmente” en ese 1965, a veces le ha costado caro. En 1970, por ejemplo, decidió devolver un adelanto de 75.000 dolares que había aceptado de Little Brown y desde entonces ha hecho saber que no habría nuevas publicaciones. Hamilton cita en su libro a una persona que asegura que Salinger conserva al menos dos extensos manuscritos. El propio Hamilton fue quien provocó sin querer una confesión del mismo Salinger. La historia fue así: una vez que Hamilton entregó los originales del libro y los abogados de la editorial dieron el visto bueno, se empezó a imprimir, hasta que, hasta que…el amigo Salinger tuvo acceso al libro y accionó judicialmente para que no se publicara. El primer fallo favoreció a Hamilton pero el segundo a Salinger porque éste decía que sus cartas mencionadas en el libro (en su versión original, por lo menos) eran reproducidas en un porcentaje muy importante. El biógrafo pierde el juicio y por eso nunca sabremos el contenido “real” del libro pues a nosotros nos llegó una versión “lavada”. Pero el dato interesante es que durante el juicio, que recordemos tuvo lugar en 1986, se le pregunta a Salinger en medio de su declaración:
- En el curso de los últimos veinte años, ¿ha escrito usted alguna obra narrativa que no haya sido publicada?
- Sí
Hoy Salinger tiene 89 años. Según todos los indicios y según vimos él mismo reconoció, tiene obras escritas sin publicar. ¿Qué hará con ese material? ¿Lo conoceremos alguna vez?

Esperemos que sí. O, mejor, posemos nuestras expectativas en algún albacea codicioso, amigo traidor o el mismo hijo actor mediocre que ande necesitado de dinero…
Tengo ganas de leer el libro que escribió su hija, en algún momento lo voy a comprar. ¿Lo leíste?
Confío que Salinger sigue escribiendo…
Cuando cursé Literatura Nortemericana en Letras el docente de cátedra nos decía que Salinger estaba continuando la saga de la familia Glass, que todos estaban esperando que se muriera para publicarla.
lo que no me queda claro es porque nunca publicó lo que está escribiendo o lo que ya escribió. si es por su profunda aversión a las editoriales como dejó en claro más de una vez, bueno más vale que pronto queme todo porque el que venga atrás (esposa, amante, hija, hijo, amigo o allegados varios) evidentemente le va a querer sacar un billete a todo ese material y lo primero que van a hacer apenas cierren el ataud es ponerse a negociar con las editoriales que él tanto aborrece. Angel, ojala que sí podamos tener acceso a ese material y que sea tan bueno como lo que ya conocemos de él. Yo no puedo ser muy imparcial con Salinger, me parece extraordinario su Cazador Oculto y sus nueve cuentos y le tengo un profundo respeto y una gran admiración asi que discupen que no pueda tener una mirada muy objetiva. Fernando, no leí el libro de Margaret Salinger (“El guardián de los sueños”) ni lo tengo, es más, no creo que sea muy fácil conseguirlo. Pero en ese libro lo único que encontramos es una hija muy enojada con su padre y aprovecha para despedazarlo, realmente JDS no sale muy favorecido que digamos. Me parece que no agrega mucho. Ojos de suri, espero que ese docente tenga razón y haya más Salinger. Ahora de nuevo: para qué esperar a que se muera?
Gracias por los comentarios. Un abrazo.
Ya cuando muera alguno sacará provecho de eso.
[...] lo de Zunini y me encuentro con su mirada acerca de un tema que propuso J. M. Figueras en torno al “mito Salinger”, la desaparición pública autoimpuesta por célebres escritores. Ejemplo por antonomasia: [...]