21/10/2009

Sobre la nueva edición de Historia argentina, de Rodrigo Fresán

Por Fabrizio Tocco (Desde Barcelona)

Historia argentinaTras seis años de silencio laborioso, Rodrigo Fresán regresa con paso firme y con tres (casi simultáneos) proyectos consecutivos. El primero de ellos es su tan esperada novela, El fondo del cielo (la misma que en alguna entrevista se llamó Pop, y en alguna otra fue Tsunami), publicada el último viernes 16 de octubre en Barcelona por la editorial Random House Mondadori. La segunda empresa se cristalizará (aparentemente) pronto. Ya tiene su nombre provisional, La parte inventada, tal vez inspirado en una lúcida sentencia que Gerard Murphy refirió a Scott Fitzgerald y que Fresán rescató para encabezar uno de sus libros 1

Pero el proyecto del que nos ocuparemos acá será del tercero. Se trata de la cuarta edición de su primer libro, Historia argentina (1991). Aparecida este último septiembre también en la capital catalana, la nueva edición se integra en la flamante colección de la editorial barcelonesa Anagrama, denominada “Otra vuelta de tuerca”2. Esta colección, inaugurada en junio de este año, incluye obras del calibre de Patricia Highsmith o de Thomas Bernhard, entre otros. La finalidad del nuevo proyecto es evangélica y pragmática: rescatar obras que en el momento de su aparición fueron exitosas para generar nuevos lectores, pero también para dar “una vuelta de tuerca” al catálogo de la casa editorial (que este año cumplió cuarenta años), presidida por Jorge Herralde.

En el caso de Fresán, su inclusión en esta nueva colección queda completamente justificada, debido a los seis meses de gloria que obtuvo su Historia argentina en 1991, cuando fue publicada por la filial argentina de Planeta. El conjunto de relatos que puso a Fresán en el foco de atención de la crítica de comienzos de los noventa resucita en una edición corregida y aumentada, acompañada de un excelente relato nuevo así como también de un inteligente prefacio analítico, firmado por el prestigioso crítico Ignacio Echeverría.

Pero la inclusión de Historia argentina a esta colección no se debe, únicamente, a su éxito originario, sino a la fértil etapa que Fresán está atravesando estos años. Afortunadamente, el autor de Esperanto se convirtió en una suerte de crítico muy requerido por la prensa literaria hispano-parlante. Su omnipresencia resultaría envidiable para cualquier narrador decimonónico; su firma aparece en todo rincón donde se esté produciendo buena crítica literaria. Desde el prestigioso suplemento cultural del diario Abc (el Abcd, donde, como ya comenté, también escriben Jorge Carrión y Andrés Neuman) hasta la revista mexicana Letras libres, pasando por la catalana Barcelona Review y la versión española de Vanity Fair, sin dejar de lado su infaltable columna a la distancia en Página 12.

Al parecer, Fresán (nos dice en el fragmento que despide la nueva Historia argentina, fiel a su tradición) recibió quejas a causa de la ausencia absoluta de cuentos sobre fútbol entre sus historias argentinas. Para empeorar la situación, se trata de su único libro argentino (si entendemos Esperanto, más como una escenificación del rock y de un grupúsculo de freaks que del Buenos Aires de los noventa). El resto de sus novelas (tan foráneas, tan molestas para la crítica académica nacional) transcurren en lugares dispersos (La velocidad de las cosas), en Inglaterra (Jardines de Kensington, celebrada con énfasis por la crítica europea y norteamericana, entre los que se cuentan, respectivamente, el novelista irlandés John Banville y el novelista estadounidense Jonathan Lethem) o en el México del Señor Mantra (que tanto divertió a Bolaño) pasando finalmente por el difuminado Nueva York de su última novela, El fondo del Cielo. Con lo cual, Fresán decidió componer una historia argentina nueva. Un cuento de fútbol, advierte, tan distante de Fontanarrosa como de Soriano.

Se llama “La pasión de multitudes” y, era de esperar, tampoco se trata de un cuento de fútbol. Vuelven los personajes y los motivos de Historia argentina, redactados casi dos décadas después. (Casi, porque el autor de La velocidad de las cosas dice inscribirse en la irreverencia frente a los números redondos propuesta por Vila-Matas). Fresán re-escribe “El asalto a las instituciones” desde un ángulo, cómo no, desplazado y con otra voz, alterada, inevitablemente, después de la composición de cinco novelas. Refresco la memoria: “El asalto a las instituciones” es un brevísimo relato, donde se cuenta la historia ¿salingereana? de Nina, (“la hija de dos muertos en potencia”) a cuyos padres “se los llevaron” de sus casas porteñas, mientras ella se dedicaba a formar parte de un triángulo iniciático y casi incestuoso en la Costa Atlántica. Aquella chica a la que se “la voltearon el mismo día en que voltearon a Isabel Perón”. En “La pasión de multitudes” el narrador, en vez de tres, es uno solo: el padre de Nina. Su agónico monólogo es pronunciado en el preludio de la desaparición, a punto de caer, como Altazor, el alien neorromántico de Huidobro (¿Habrá escuchado Fresán los “Vuelos” de Juan Subirá?). En este monólogo se retrata la vida en los campos clandestinos de detención no exentos de fútbol (ni de ciertos pasajes que recuerdan a Primo Levi o insinúan la ausencia presente de Oesterheld). Una caída que es también un claro ejercicio de crítica lúcida, rabiosa, angustiada. El objeto de la misma es la identidad nacional(ista), que se construye desde el canto de la Aurora en el colegio primario hasta himnos menos académicos (“el que no salta es un holandés”, “lo’ vamo’ a reventar, lo’ vamo’ a reventar”), pero no menos belicosos. Fresán retrata la identidad argentina condensada en uno de sus auges históricos (la final contra Holanda, en el 78) donde la victoria del fútbol (panem et circenses, siga-siga) aparece marginada, mero personaje subsidiario, por la auténtica derrota, uno de los fines del mundo fresanianos: el Proceso.

A pesar de que la crítica haya etiquetado sus ficciones dentro de la posmodernidad latinoamericana (no sin razón), Fresán nunca dejó de mostrarse como un férreo clasicista borgeano: sus constantes re-ediciones corregidas lo ratifican. Las mismas forman parte de un síntoma: el de un autor preocupado por la unidad cohesiva de su obra, a la que siempre le faltará una coma distinta, un matiz más preciso, una ficción nueva. El 2008 fue de Chejfec, ¿el 2009 será de Fresán? Por nuestra parte, intentaremos charlar con él la semana que viene, y contarles lo que nos dijo, en ocasión de la presentación de su nueva novela, El fondo del cielo, que no trata de ciencia-ficción.

1 «Sólo la parte inventada de nuestras vidas tuvo su belleza, su estructura», en Correspondence of F. Scott Fitzgerald, citado por Fresán al inicio de Historia argentina.

2 En explícito homenaje a Henry James y a José Bianco, su primer traductor al español, artífice de la célebre alteración idiomática que sufrió el título de la novela.

7 comentarios en Sobre la nueva edición de Historia argentina, de Rodrigo Fresán

  1. Hablando del asunto dijo el

    Sobre la reedición de Historia argentina, de Rodrigo Fresán: Tras seis años de silencio laborioso, Rodrigo Fre.. http://bit.ly/qtVyU

  2. Soria dijo el

    Bien por Fresán. Y ya que estamos, ¿alguien podria explicarme por qué el cambio de “una” vuelta de tuerca a “otra”?

  3. toto dijo el

    Tengo un pequeña critica para el blog, y es que me parece que está cayendo un poco en lugares comunes, las criticas que publican, aunque muy buenas, son de obras criticadas ya en varios lugares, las entrevistas son de autores establecidos y realmente no aportan nada nuevo, perdón si soy un poco brusco. Empecé a seguir este blog porque me parecía un lugar fresco, con información nueva y bien escrita (esto no ha cambiado) pero últimamente no veo nada arriesgado. No hay critica de libros independientes o análisis de lo que pasa fuera de las grandes corrientes. Entiendo que el espacio es limitado, y que el escritorio del señor Matías F debe de chorrear libros, pero no creo que lastime un poco menos de Guillermo Martínez y un poco más de Don Nadie Nosequienes. Si es verdad que agradecen públicamente las obras recibidas, que ya es bastante.

  4. Martín dijo el

    Grande Toto!! tiene usted toda la razón del mundo.
    El blog (sin perder calidad argumentativa, aclaro), ha ido cayendo en esos nombres y libros ya conocidos por todos, o al menos predecibles. Matías hace una tarea muy loable y cuenta con colaboradores inteligentes. Pero es más que claro que cada vez tienen más peso los post dedicados a grandes editoriales que a aquellas denomindas independientes. Y la razón es obvia: auspicio.

    Y no está mal que así sea, ojalá que Matías y los colaboradores logren vivir algún día de este blog y/o de otros. Pero claro, al igual que Toto, pienso también que el blog se aleja lentamente de el espacio que se había ganado en un comienzo entre miles de blogs de literatura para acercarse cada día más a espacios como Ñ o ADN. A esos espacios comunes de pocas luces donde una nota, por muy buena que sea, tiene una sola intención: vendernos un libro.

  5. Matías F. dijo el

    Queridos amigos, gracias por sus sugerencias.
    Lamento que no encuentren en Hda lo que están buscando leer hoy, no siempre se puede cumplir con las expectativas de todos.
    Ojalá en próximas visitas puedan quedar satisfechos.

  6. Zòrdido dijo el

    Sobre la nueva edición de Historia argentina, de Rodrigo Fresán http://bit.ly/i8xdL

  7. El fondo del cielo « Cita en Hawaii dijo el

    [...] Historia argentina (1991), que ha sido reeditado hace pocas semanas. [...]

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