29/10/2009

La literatura es una lucha contra el escepticismo. Entrevista a Sergio Gaiteri {1

Por Javier Quintá

Es uno de los escritores cordobeses con mayor renombre en la actualidad. Su primera novela, Nivel medio, a publicar a principios del año 2010, obtuvo una primera mención en el premio Clarín. Este año fue finalista del premio EMECE. Lleva publicado dos libros de cuentos (Los días del Padre, 2006, ediciones Del Boulevard, y Certificado de Convivencia, 2008, editorial Recovecos, Córdoba) los cuales van por la segunda edición.

Sergio Gaiteri

A pesar de que sólo lleve publicados dos libros de cuentos, Sergio Gaiteri es, hoy por hoy, una de las prosas más fuertes en Córdoba. Cada cuento, algunos más largos, otros más cortos, parecieran formar parte de una gran novela que sólo va cambiando los escenarios y los personajes. Como en esas pinturas donde no hace falta mirar el nombre ni el título de la obra para saber a quién se refiere, así de impactante es la literatura de Gaiteri. Donde no es necesario derramar una gota de sangre ni desvestir a nadie para darse cuenta que, algunas veces, la literatura puede ser mucho más divertida que la televisión.

Se define a si mismo como un simple docente de escuela secundaria. “Soy lo más formal que hay”, dice. “Voy de saco y zapatos, uso anteojos, mi única extravagancia es que soy maratonista”, remata con una sonrisa. Antes de eso anduvo paseando por varios laburos: fue camionero y sodero. De aquellas experiencias ganó un registro que supo volcar en sus personajes, arrimándose a la materia prima de la que se nutre su literatura: la existencia humana.

Nos sentamos en su “oficina”: un barcito, kiosco, ciber y telecentro en la esquina de Rioja y General Paz, justo enfrente de la escuela donde trabaja. Hay varios papeles en la mesa, un libro abierto con anotaciones al margen, una taza de café. ¿Qué tomás? Un cortado para mí. Dos cortados, por favor

Javier Quintá: ¿Empezamos?

Sergio Gaiteri: Dale.

JQ: ¿Qué cambió desde tu primer libro Los días del padre, a este segundo libro Certificado de convivencia?

SG: Nada. No cambió nada. Sigo preocupado por los dos o tres temas que me interesan y me llevan a escribir: por qué la gente quiere o no a alguien; cómo hace la gente para levantarse a la mañana y no quedarse todo el día en la cama; cómo hace la gente para pasar la noche. La escritura para mí es como una forma de entender los actos mínimos de la existencia humana. Sobre las cuestiones políticas o más “filosóficas”, yo ya tengo algunas explicaciones.

JQ: ¿Y cómo se meten las cuestiones políticas en tu literatura?

SG: Yo puedo ser un intelectual ciertamente riguroso hablando de política, pero la política no tiene nada que hacer en la narrativa. Al menos no la política en el sentido del que habla la gente. Quizá sí en un sentido más ideológico. Mis cuentos tienen algo de lo que dejó la década del 90´, del furor neoliberal, de la situación de la gente desocupada. Yo no me había dado cuenta, me lo señaló un amigo, pero en mis cuentos las mujeres consiguen trabajo más fácilmente que los hombres. Y eso tiene que ver con una época, con tipos que laburaron toda su vida en oficios fijos y de repente se quedaron desocupados y no tenían esa facilidad de adaptarse para conseguir otro trabajo.

JQ: Es cierto, en tus cuentos se nota la construcción de un hombre en decadencia, y una mujer, por el contrario, que no sólo se sostiene, sino que es el sostén de su familia.

SG: Sí, pero no me lo había planteado. Yo veía amigos míos, en mi familia, gente desocupada que salían a buscar trabajo y después se desilusionaban y se entregaban a la desidia. No fue un planteo a priori. Me aparecían esos personajes, después me di cuenta de que había como una constante, pero eso tiene que ver con que la literatura plantea situaciones que todavía no están ni en el periodismo, ni en la sociología, ni en los libros de historia. Eso es lo que me interesa, lo que todavía no está esquematizado. La literatura, con ciertas intuiciones, puede plantear ciertos aspectos de la realidad que quizá después se vuelvan corrientes o visibles.

JQ: Como que se anticiparía a los hechos…

SG: Sí, pero no en la idea común de que Julio Verne inventó el submarino antes de que existiera, sino en las relaciones entre las personas. Me parece que ahí está la cuestión política, porque además tiene que ver con cómo un escritor desdibuja en la práctica de la escritura sus prejuicios. Eso a mi me encanta. Los prejuicios más queridos se pierden cuando uno escribe.

JQ: ¿Los prejuicios más queridos?

SG: Claro, porque uno está cargado de prejuicios. La escritura requiere cierta humildad. La realidad es mucho más importante y avasallante de lo que uno piensa. Se termina imponiendo y lucha contra lo que uno cree. Balzac, que planteaba entre otras cosas volver a la nobleza, cada vez que se ponía a escribir la realidad y el desarrollo del capitalismo se le imponía sobre su propia ideología. Eso me parece interesante, porque para escribir hay que tener esa humildad y poner a prueba lo que uno piensa. La literatura permite eso. Cosa que no permite la ciencia.

Herencia y dictadura

JQ: La figura paterna en tus relatos está marcada por cierto abandono, cierto desencanto y falta de responsabilidad. ¿Qué es un padre para vos?

SG: A mí me molestaba esa relación paternal freudiana que Kafka tenía con su padre, y que eso fuera como un tema para la futura literatura. Yo no quiero hacer de un síntoma personal un tema universal. En esta época la relación que yo veo de los padres con sus hijos está signada por cierta inmadurez. Yo creo que empecé a escribir cuando en una telefónica vi a una madre con su nenito al lado, seguramente separada, insultando al padre al otro lado del teléfono. Esa experiencia me marcó. Yo pienso que esos son los temas que la literatura debe tratar.

JQ: ¿Vos sentís que vas creciendo con tu literatura?

SG: No, al revés. Yo estoy cada día más confundido.

JQ: ¿Y para qué te sirve escribir?

SG: ¿Esto va para el título, no? La literatura es una lucha contra el escepticismo. Si tuviera alguna otra certeza me dedicaría a la filosofía. Me parece que el relato organiza la duda. Como decía Duchamp, hay que reemplazar la palabra por la palabra creo. Sacándole toda la connotación religiosa, claro. Y bueno, la literatura me permite eso, escribir sin prejuicios. Por eso sería muy difícil para mí escribir sobre la dictadura. No es que no sea un tema que no me conmueva. Creo que hasta me paraliza. Pero no me animaría a escribir sobre algo de lo que tengo una opinión muy formada. Para mí Videla es un genocida, y a mí me interesan las sutilezas. No tendría matices para hablar de eso.

JQ: En varias antologías recientes los escritores jóvenes hablan de la Dictadura como un tema del pasado. ¿Vos lo sentís igual?

SG: Para mí el proceso no puede ser un tema. La gente quiere fútbol gratis y mis personajes son los que quieren fútbol gratis, no son los intelectuales que todavía están preocupados por el proceso. Y yo no creo que sea una frivolidad escribir sobre este tipo de gente. Además está comprobado que hoy hablar sobre la dictadura te da algunos réditos, al menos en los concursos literarios. Es un tema de moda. Para mi la literatura tiene que tratar la política en las relaciones entre la gente. Cuando aparece la palabra política se acaba todo, y sobre todo lo político. O cuando aparece la palabra amor, en mis cuentos no aparece la palabra amor. Y no quiere decir que no esté. Al revés. Justamente mis personajes están desamparados, todo el tiempo buscando el amor.

Realidad y ficción

JQ: En tus textos hay mucha violencia, mayormente un tipo de violencia psicológica. ¿Cuánto tiene que ver eso con tu vida?

SG: No hay ningún cuento que sea autobiográfico. Sí pude haber observado algunas situaciones. Yo cuando salgo siempre vuelvo con alguna historia. Todo el tiempo la realidad me está despertando cosas para contar. A mí me encanta que me cuenten cosas, me gusta escuchar y no aquellas historias que parecen las más trágicas, sino los tonos medios. Y respecto de la violencia, no me propongo a escribir pensando en la violencia, porque me parece que los espacios donde yo trabajo tienen su propio sistema de violencia. La familia tiene toda una forma de violencia que no es la violencia política, es otra forma, y que se profundiza en algunas épocas.

JQ: No me refería a la violencia como un tema pero sí a cierto maltrato que hay entre tus personajes y me preguntaba si eso para vos tenía algo que ver con la realidad argentina.

SG: No, no en el sentido metonímico. A mí la violencia extrema o explícita no me interesa. En mis cuentos está todo por explotar pero nunca explota. Lo que yo cuento es el momento en que las cosas empiezan a deteriorarse. Mientras otros escritores prefieren contar la explosión, a mí me interesa el momento en que todo empezó a venirse abajo. En una novela de Saul Below, el personaje está con su mujer y después de una discusión muy fuerte, le dice: en este momento, a partir de hoy, creo que empieza a manifestarse el cáncer. A mi me interesa eso, cuando aparecen los primeros síntomas de que todo empieza a destruirse. Mis personajes, y esto lo aprendí de algunos escritores norteamericanos, tienen como una intención de seguir sosteniendo las cosas por más que sea evidente que el mundo se viene abajo. Cosa que no pasa en algunos escritores que disfrutan de la catástrofe como Charles Bukoswky. Pero en Carver, en Philip Roth, los tipos la van peleando, saben que todo puede perturbarse y deteriorarse pero siguen peleándola, pero porque la gente vive así en la realidad. No yo, que me entrego fácilmente a la depresión, a la cama y a las pastillas para dormir.

JQ: Y ahí está la propuesta de tu literatura al rescatar esa mirada.

SG: Mi filósofo preferido es Hegel. Hegel es el filósofo del “día después”. Mientras el resto de la filosofía quiere destruir el sistema de relaciones, por impuro, por autoritario, Hegel está pensando que cualquier tipo de relación, ya sea religiosa o política, es mejor que el caos. Y para mí la literatura tiene que trabajar con eso, no tiene que ser un bombardeo a la realidad, sino mostrar cómo se sigue sosteniendo esto. Es muy fácil para los intelectuales bombardear. ¿Y? ¿Y después qué? Al otro día hay que trabajar, seguir amando, relacionándose. En Chejov, por ejemplo, no hay personajes marginales, hay un médico, un cochero, son personajes que están integrados. Cuando los personajes están muy desintegrados de la órbita de la sociedad ya no me interesan. Por eso me molesta cuando dicen que lo que hace Carver, o lo que defectuosamente intento hacer yo, es realismo sucio. Es realismo. Punto.

JQ: En EEUU a lo mejor tus personajes sí puedan ser marginales, pero en Argentina, lo común es que la gente que labura o se queda sin trabajo y tiene familia, viva en esas condiciones de desarraigo, peleándola día a día.

SG: Me parece que sí. Cuando Carver escribe en los fines de la década del 60´ y del 70´ ya existía esta situación de ingravidez. Los ciudadanos estaban medios perdidos en los trabajos  hasta que se adecuaron a ciertas nuevas formas de relacionarse. En eso habría como una similitud. Para mí la década del 90´ en Argentina es la década del 70´ en EE.UU. Con las diferencias marcadas, claro. Para los personajes de Carver es fácil agarrar sus cosas e irse. Hay cierta tendencia al nomadismo en el americano. En Argentina no. Hay un sedentarismo que tiene que ver con los espacios.

JQ: Y con las dificultades que hay para trasladarse.

SG: Sí, pero también es cultural.

9 comentarios en La literatura es una lucha contra el escepticismo. Entrevista a Sergio Gaiteri {1

  1. Saurio dijo el

    ¿La literatura es una lucha contra el escepticismo?
    Mmmmmm… Creo que Gaiteri está un poco confundido en la definición de escepticismo, ya que este es la filosofía de la duda, no de la certeza. Justamente todo lo contrario, si lo que después dice es cierto (y le creo) debería decir que la literatura (o su literatura) es una lucha a favor del escepticismo.
    Si hay algo que nos caracteriza a los escépticos es dudar de todo y abordar la vida sin prejuicios, no lo contrario.
    Como sea, coincido con la imposibilidad de escribir sobre el proceso (o, mejor dicho, la dictadura, porque “proceso” es el nombre que ellos se daban), al menos en forma directa. En realidad, en mi caso, la imposibilidad a mí se me da en nivel más macro y me es imposible escribir en forma realista (es que el realismo es una gran mentira). Sin embargo yo estoy convencido de que todo lo que uno vive aparece en la literatura, así que uno a la final habla de la dictadura aunque no hable explícitamente de esa dictadura en particular (o del amor sin hacer novelas románticas, o de relaciones humanas sin hacer costumbrismo o nerviosismo existencial).
    En fin, eso. No creo que lo que Gaiteri escribe me guste (porque el realismo no me gusta, no sé si lo dije), pero el reportaje es interesante.

  2. Tweets that mention La literatura es una lucha contra el escepticismo. Entrevista a Sergio Gaiteri {1 | Hablando del asunto 3.0 -- Topsy.com dijo el

    [...] This post was mentioned on Twitter by Martin Miralo and Hablando del asunto, Hablando del asunto. Hablando del asunto said: La literatura es una lucha contra el escepticismo. Entrevista a Sergio Gaiteri {1: Por Javier Quintá desde Córd.. http://bit.ly/400kVO [...]

  3. Entrevista a Sergio Gaiteri {2 | Hablando del asunto 3.0 dijo el

    [...] Segunda y última parte de la entrevista que Javier Quintá le realizó a Sergio Gaiteri. [Clic para leer la primera parte] [...]

  4. adrián dijo el

    Acá hay un cuento de Sergio:
    http://www.nacionapache.com.ar/archives/2506

  5. Sumario /semana 44 | Hablando del asunto 3.0 dijo el

    [...] Primera parte de la entrevista que le hizo Javier Quintá al escritor cordobés Serio Gaiteri [...]

  6. Lecturas en Río Ceballos « El pez volador dijo el

    [...] Sergio Gaiteri cerró la serie con dos cuentos de su autoría, recién escritos: “Primer verano”, cuyos personajes son unos amigos que se juntan regularmente a comer un asado (el cuento estaba dedicado a sus amigos presentes en el encuentro); y también “Lona”, más breve, en cuya anécdota aparece un registro humorístico al que Gaiteri no nos tiene acostumbrados, pero que cayó justo para dejarnos un muy buen sabor de boca sobre el final de la velada. [...]

  7. susana dijo el

    ME ENCANTA LO QUE ESCRIBE SERGIO!!!
    SI BIEN EL REALISMO NO ES DE MI PREFERENCIA, ME IDENTIFICO CON MUCHOS DE SUS PERSONAJES. ME EMOCIONAN, ME TRASLADAN, ME HACEN SOÑAR!!!

  8. Ana María Grandoso dijo el

    Muy interesante la entrevista. Quiero leer cuentos de Sergio Gaiteri. Tiene posiciones.Yotambién me hago esas preguntas: ¿cómo hace la gente para levantarse a la mañana y no quedarse en la cama? y otras por el estilo.Gracias

  9. Pablo Dema dijo el

    Me parece muy buena la entrevista que hace Quintá. Siempre me ha interesado mucho saber qué piensan sobre literatura los autores que leo: cómo trabajan, cómo se ven como autores, qué escritores les interesan, etc. Gaiteri sabe exponer con solvencia cuáles son los principios que lo guían y creo que al lector le aportan pistas para acercarse a su literatura.
    No comparto, o no me agrada, la pregunta sobre el espíritu “marketinero” de los autores jóvenes. Esa pregunta lleva implícita la respuesta de que el “marketing” o el autobombo de los escritores es algo negativo. Pero el asunto es bastante complejo como para reducirlo a lo bueno o malo de la autopromoción. Un escritor es alguien que quiere ocupar un espacio en el campo literario, existir ahí, ser reconocido, y hay varias maneras de hacerlo: la fundamental es mediante la publicación de sus libros, otra es la intervención a través de vías diversas. Un blog es tan válido como una entrevista, no veo por qué puede ser malo “bloggear” las ideas sobre literatura en vez de vertirlas en una entrevista.

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