30/10/2009

Entrevista a Sergio Gaiteri {2

Por Javier Quintá

Segunda y última parte de la entrevista que Javier Quintá le realizó a Sergio Gaiteri.
[Clic para leer la primera parte]

Sergio Gaiteri

Padres, tradiciones

Javier Quintá: La mayoría de tus relatos se desenvuelven en Córdoba, te interesa Córdoba como escenario.

Sergio Gaiteri: Mis personajes viven ahí. Y para mi hay que nombrar las calles de la misma manera que la nombraríamos nosotros hablando. Yo hablo de Alta Córdoba, Barrio Providencia. Ya sé que son espacios que no tienen un aura mítica, pero son los lugares por donde mis personajes transitan. Esto lo aprendí de Daniel Moyano, es el maestro de los narradores cordobeses. Es el primer tipo que para mí nombra Córdoba como al pasar. Nombra las calles, los barrios de Córdoba sin subrayar como hacen algunos escritores todavía.

JQ: Recién citabas a Moyano, me preguntaba en qué otros autores te reconocías.

SG: Yo tengo una tradición de literatura norteamericana que en Argentina no ha tenido mucho desarrollo. Moyano me gusta mucho en Una luz muy lejana. En otros textos de él, en donde la influencia de Kafka es muy fuerte, no tanto. Hay algunos escritores que han intentado hacer este tipo de realismo. Haroldo Conti, Fogwill a veces. Pero no hay una fuerte tradición de realismo en Argentina. Si tengo que nombrar un escritor importante de Argentina a mí me gusta Lucio Mansilla. Excursión a los indios Ranqueles me parece un libro genial, donde se pone a prueba lo que él piensa con lo que está constatando. Genéricamente es un poco amorfo y difuso. De Bioy Casares me gusta el oído que tiene para escuchar a la gente, cosa que en Borges no está. Borges es otra cosa.

JQ: Y cuáles son los autores que más te influenciaron.

SG: Raymond Carver, Piliph Roth, Jhon Updike. Hay uno que no es muy conocido en Argentina que es Richard Yates. Y después, una tradición que yo leía con inocencia pero que me di cuenta que era importante, que son los escritores judios, Isaac Babel, un ruso, y un polaco como Isaac Singer. Ya no se leen más. Son tipos que narran, que privilegian la narración sobre la forma. Chejov, Dostoievsky, hay cosas de Hemingway que me gustan. Faulkner es un escritor fantástico, aunque medio fascinado con la técnica narrativa. Y los Dublineses de Joyce me parecen una de las cosas más bellas que hay escritas en el siglo XX. Los escritores franceses, Balzac, Stendhal, Flaubert, grandes maestros de la forma de narrar.

JQ: No te interesa salirte un poco del realismo y probar con algo más experimental a veces.

SG: ¿A nivel de técnica narrativa? ¿Para qué? Ya demasiado problemas tengo con la realidad. Todo es tan complicado que me parece que la literatura tendría que tener el pudor de no complicar más las cosas. Menos técnica, o mejor dicho la técnica puesta a favor de la claridad. La realidad es un magma informe, tiene su lógica pero nosotros no la vemos. La literatura tendría que tranquilizar la realidad, plantear detalles, sutilezas, que en el fragor de la observación no se ven, pero no hay que agregar más signos.

Escribir desde los bordes

JQ: ¿Y te considerás un escritor marginal?

SG: ¿Pasamos por alto el concepto de escritor o lo dejamos así? ¿Qué sería ser escritor? Yo soy un narrador, un tipo que intenta narrar algo. Escuché decir que escritor es aquel que vive de la literatura. Bueno, entonces jamás voy a ser un escritor. Seríamos muy pocos en Argentina, ¿no?

JQ: ¿Cuántos viven de la escritura?

SG: Andahazi y dos o tres más. Bueno, supongamos que sí, que me considero un escritor porque me lo tomo con seriedad. Aparte de correr, invierto la mayoría de las horas a pensar la escritura. Sí, en ese sentido sí. Porque también creo que por más que uno no viva nunca de esto, hay como una necesidad de hacerlo bien. Y marginal no, ¿por qué? No pertenezco a ningún grupo. Eso es cierto. No fui a ningún taller literario. Soy autodidacta, de una generación intermedia, cerca de los 40, en la cual estamos aislados porque quizás no somos muchos los narradores de mi edad.

JQ: Estuviste muy cerca del Clarín y del premio EMECE, ¿a lo mejor marginal a estos ámbitos de consagración?

SG: Yo tengo que mandar a los concursos porque no tengo ningún padrino ni nadie que me posicione. Eso sí: nunca voy a entender por qué es “más fácil” leer una novela histórica que mis relatos que hablan de gente de la actualidad. Bueno, sí lo entiendo: nadie quiere que le enrostren sus propias miserias y sus propias situaciones. Además yo creo que la literatura tiene que expresar la contemporaneidad. Yo tengo una pregunta que siempre me hago: ¿Cuándo la literatura empezó a hablar del pasado? Vos te lo imaginas a Chejov hablando del pasado. A Balzac, a Dostoievsky, esos tipos escribían a lo sumo de ayer, de hace 24 horas. La literatura tiene que hablar del presente, tiene que arriesgarse. Bueno, la marginalidad vendría por eso, porque me parece que el realismo, temáticamente, es marginal.

JQ: ¿Ser de Córdoba te complica las cosas?

SG: No creo que sea por Córdoba, quizá en Buenos Aires me pasaría lo mismo. Me parece que lo que yo hago tiene muchos tonos medios, tiene muy pocas estridencias. Ningún relato mío va a cambiar la historia de la literatura. No es algo muy llamativo, yo creo que probablemente tengan el modesto lugar que les corresponde.

Las nuevas generaciones

JQ: Es muy común en los escritores actuales que laburen mucho su propio marketing, ¿te considerás aparte de esa movida?

SG: Yo no solamente no tengo blog, sino que no tengo teléfono. Así que va ser muy difícil engancharme con esas cosas. Ha sido siempre una posición política. Sé que estando en los medios, escribiendo notas o estando en un grupo, se podría conseguir más visibilidad, pero yo tengo la cabeza tan puesta en la prosa que no quiero ni siquiera distraerme en escribir una carta. No quiero ni escribir un mail. Vivo para la prosa y he elegido eso, dedicarme solamente a pensar mis simples relatos.

JQ: ¿Y qué pensas de los escritores jóvenes que hacen eso?

SG: Cada cual hace lo que tiene que hacer. Para mi es tan complejo escribir que ahora que le estoy encontrando la vuelta estoy satisfecho con algunas cosas y no tengo tiempo que perder. Me parece que es importante hacer una obra. Una obra con la cual uno esté conforme. El otro día me preguntaban qué diría si me pidieran un policial. Si una editorial me dice eso. Bueno, no, no lo haría. O te dicen vamos a hacer una antología sobre sexo o sobre el fútbol. Bueno, no. Estoy dedicado a escribir mis cuentos. No sé si está bien lo que digo. Escribir no es lo más difícil. Escribir es un trabajo, requiere cierta constancia y paciencia. Lo más difícil es saber qué contar, cómo contarlo, decidir en qué momento contarlo, dónde empezar a contarlo, cómo mirar, cómo seleccionar lo que uno va a contar. Ese es el trabajo más difícil. Lo otro es una cuestión de lo que yo llamo la carpintería. En cambio, aquellas decisiones son las que a mí me van a asegurar cierto conformismo con lo que hago. Yo, al menos, no estoy para contar genialidades. Estoy para contar cositas que veo sobre la gente. Desde ese punto de vista, probablemente, nunca voy a ser considerado un escritor importante.

JQ: ¿Se aprende a escribir?

SG: Claro que sí.

JQ: ¿Hace falta un maestro? Porque vos fuiste autodidacta

SG: Yo he leído como un animal. Leí sin métodos, sin nadie que me orientara. Si alguien me hubiera explicado yo hubiera ido más rápido, no sé si mejor. Yo tengo cierta irreverencia con la literatura. Eso me permitió leer con pocos prejuicios a algunos autores muy importantes. Ejemplo: Poe es un autor técnico que no me interesa. Cortázar me parece de cuarta por más que me haya gustado en su momento. Onetti me influenció muchísimo. Digamos que yo mismo fui destruyendo lo que me impresionaba. Y lo mismo me pasa cuando escribo. Yo mismo me critico cuando veo que las cosas son demasiado redonditas. Pero hay escritores que ayudan a escribir. Para mí Carver te ayuda a escribir. Yo leo a Carver y digo este tipo no te está escamoteando la técnica de la sensibilidad. Para mí escribir narrativa es estar en el mundo con el oído abierto y la mirada atenta a lo que está pasando. La técnica es dejar de mirarse a uno mismo. Mirar para afuera. Pasa que el arte tiene esa cosa de que te la podés creer. Y ésta es una sociedad armada para creer que los artistas son seres extraordinarios. Y para mí es una profesión, a la cual uno se dedica con mucha energía

JQ: ¿Puede cambiar algo la literatura? ¿Cuál es la utilidad?

SG: Para mi la literatura sería como una arqueología del presente. Mira lo que está pasando pero participa a su vez de ese presente. Cito de nuevo a Hegel cuando dice que el espíritu de cada época aparece y desaparece, aparece cuando está desapareciendo. Y me parece que la literatura sería algo así como captar eso que está, que acaba de estar, intentar refractar lo que aparece y desaparece, que no lo hace ninguna otra disciplina científica ni estética. Porque la literatura trabaja con el lenguaje, lo más común que tenemos los seres humanos. Entonces la respuesta no es si va a cambiar el mundo, pero va a servir para que uno a lo mejor reconozca sus propias banalidades. A mi me ha servido leer a escritores que te ayudan a pensar el mundo. En términos de política la literatura no cambia nada. Ni tampoco es que el lector se vuelva mejor persona cuando lee. Esa es una idea de planificación de colegio secundario. Aunque hay algo que modifica el punto de vista de las personas cuando ven los matices de las relaciones. Por eso la literatura debe ser sobre el presente y no se tiene que escapar de eso. Los buenos escritores para mi están obsesionados con el presente.

Destacados

Para mí es muy difícil hacer una obra sin tener algunos principios teóricos claros. Hay un libro de Egleaton que se llama Contra el fin de la teoría, y el planteo es muy interesante. Qué pasa que ahora nadie quiere teorizar. En mi caso parece que no, y supongo que está bien que así sea, pero detrás de lo que escribo hay mucha teoría. Los tipos que no tienen teoría, para mí, a veces, repiten lecturas ajenas. El no tener teoría para mi es repetir la teoría que está de moda.

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