05/11/2009

Pedro Mairal en Alejandría

Por Matías F.

El día martes fui a la tradicional lectura del Grupo Alejandría. La última edición del año. Estuvieron Pedro Mairal, como se puede ver en la foto, Oliverio Coelho y Juan Cejas, además de los integrantes estables de Alejandría.

Mairal leyó un cuento y participó de una entrevista pública que le hizo Ximena Venturini, de Alejandría. Lo que sigue es esa entrevista.

Pedro Mairal y Ximena VenturiniPedro Mairal entrevistado por Ximena Venturini

Pedro Mairal: Me parece que es un ejercicio que siempre hicieron los escritores. Antes se hacía en novelas, esto de travestirse, por ejemplo. Ahora alguna gente lo hace en los blogs. En realidad hay ejercicios literarios que la gente está haciendo todo el tiempo sin saberlo, por ejemplo: cuando se cambian la identidad en un chat o lugares así de Internet. Hay un juego ahí de convertirte en otro que es muy literario, aunque la gente no piense que esté haciendo literatura, por suerte, ¿no?

Yo ya no me siento más una joven promesa porque además no le prometí nada a nadie. Pero es como un asunto de los otros, no es algo que me incumbe mucho.

Con respecto a la poesía y la narrativa: yo sé muy claramente cuando empiezo a escribir algo si es un poema o si va para otra cosa. Es un poco esquemático lo que voy a decir, pero es algo sí como que la poesía es bailar y la narrativa caminar. La narrativa se mueve con unos pasos más cronológicos, es sobre todo el uso del tiempo, una escena desencadena en otra escena y el tiempo está desarrollado linealmente aunque haya saltos para atrás.

En la poesía el tiempo está presente todo junto como si fuera un deja vu o como si fueran esas imágenes que uno tiene antes de morir, antes que te pise un auto, la vida de golpe. La poesía tiene mucho de eso, por supuesto que la narrativa también puede hacerlo, pero si lo toma esquemáticamente podría decir eso, que la poesía narra el tiempo con mayúscula, todo ovillado. Esa sería la diferencia. A veces me agarra ganas de escribir una cosa y a veces ganas de escribir otra cosa. No sé a qué obedece eso.

Ximena Venturini: Bueno, en relación con tu escritura, quizás algo que siempre dicen los críticos es que sos un escritor muy tradicional. Quizás se deba a tu formación de Licenciado en Letras. Una vez, el año pasado me habías dicho en una entrevista que Salvatierra la habías escrito antes y en realidad la crítica dijo que es tu obra más madura. Bueno, no sé qué le pasa a los lectores, pero cuando lo leí yo, me pasó eso, me parece que tiene un dejo de literatura oriental, a ver cómo debatís esta idea.

PM: Primero tengo que decir, para no quedar como esos ingenieros truchos que después no son ingenieros, como Graciela Alfano, tengo que decir que no soy Licenciado, nunca me recibí, me quedaron unos finales.

Salvatierra lo escribí en el 2003 y después escribí El año del desierto. Se publicó primero El año del desierto en 2005 y en 2008 se publicó Salvatierra. No sé por qué los críticos decían que yo había alcanzado una madurez, yo no dije nada. Siempre hay que decir que los libros son fresquitos, que los acabo de escribir, nada de decir que sacaste algo del fondo del cajón.

También me pasa que cada libro trato que sea distinto, cada libro trae su estilo. Cada libro de algún modo, a medida que lo empezas a escribir te va diciendo cómo tenés que escribirlo. Bah, a mi me pasa por lo menos, tengo que descubrir cómo escribir ese libro. No es que ya tengo un estilo y ya escribo así, sino que tengo que ver cómo escribo ese libro. En cierta forma, aunque parezca un poco exagerado, tengo que aprender a escribirlo.

En ese sentido Salvatierra es un libro que podría ser una especie de novela medio japonesa, tiene una cosa contemplativa con la naturaleza y además el río… hay una cosa un poco Juan L. Ortíz. Digo, ojalá la haya, el poeta entrerriano y también una mirada como de haiku. Pero eso me lo dijo el libro, no sé cómo explicarte, no es que fue un momento de mi vida en que mi forma de escritura se desarrolló en ese sentido sino que ese libro sentí que lo tenía que escribir así.

Entonces bueno, después los críticos piensan que eso es más maduro, lo que hiciste antes y está bien, yo lo acepto porque son lecturas y a lo mejor el acto de publicar en ese orden esos libros implique cierta madurez, cosa que puede ser, que tengan un poco de razón.

XV: ¿Cuando ganaste el premio eras muy joven no? Tenías 28 años. ¿Eso te condicionó de alguna manera, te hizo bien, te hizo mal? Y además después de la famosa película con Cecilia Roth, ¿la viste?

PM: Yo tenía 28 años cuando gané el Premio Clarín y es verdad que era chico porque era lo primero de narrativa que publicaba. Yo había publicado poesía nomás. Entonces fue buenísimo, pero estaban Bioy Casares, Roa Bastos y Cabrera Infante en el jurado. A mi me superó un poco eso y después sentí mucha exposición. Salió la película y necesité esconderme un poco.

En ese sentido usé poco la poesía para escribir y tuve que escribir pensando “esto no se lo voy a mostrar a nadie” porque esa novela se leyó mucho y por el hecho de que era un diario importante, me cayeron bastante fuerte. Yo estaba muy crudo para recibir a la vez tanto elogio y tanto palo, ¿no? Todo junto. Me volví demasiado consciente de todo eso. Me sentaba a escribir narrativa y tenía el ojo acá, el ojo crítico. Me refugié mucho pensando “estos son textos que no voy a publicar” y escribía un falso diario con cosas que en realidad no me pasaban a mi sino que tenían fragmentos de cosas que después terminaron siendo cuentos. También escribí poesía. Fue una manera de recuperar el silencio interno, ese que hace falta para escribir. Por supuesto que me vino muy bien todo eso.

En el medio de todo vi la película, y fue duro. En ese momento para mi fue como que le hagan cirugía estética a tu hijo… y mal. Pero es porque por una cuestión de amor propio vos inventaste la historia de una forma y sentís que viene un director y sobreimprime tu historia con su lectura y de hecho pasa a estar Cecilia Roth en la tapa de mi libro, o sea que no hay manera de imaginarse a Sabrina Love sin Cecilia Roth. Fue una lección eso y ahora con el tiempo puedo decir que me alegra que hayan hecho la película, por más que a mí no me haga gustado demasiado.

Es el día de hoy que si un taxista me pregunta “vos qué hacés”, “bueno, yo escribí una novela que se llama Una noche con Sabrina Love” Y bueno entró el nombre de un libro en el disco rígido de la gente, eso es bastante raro, eso lo hace el cine. Además eso me permitió después entrar a lo que más te da en el mundo este, que es escribir guiones. La única cosa rentable de escritura que trabajé hasta ahora al margen de algunas cosas de periodismo es escribir guiones de cine. Por alguna razón los directores creyeron que yo podía escribir guiones, yo dije que sí, que podía y me puse a escribir cosas. El año pasado escribí con Sorín La ventana, después de varios guiones fallidos que no se filmaron. Y esa fue un poco la historia del cine.

XV: ¿Viste que esta generación de escritores, si lo pensamos en literatura argentina de hace algunos años, siempre fue de mucho odio, no? Y mucho de tener que cortar con las influencias de antes para hacerse un lugar. ¿Ves estos escritores, esta generación como parricida o somos demasiado tranquilos como para pararnos adelante de ciertos popes que todavía, obviamente tenemos. Ahora no son Lugones ni Borges pero Piglia, Saer, nos miran desde arriba, ¿no? ¿Vos sentís que tenés que luchar contra alguien o sos amigo de tus contemporáneos?

PM: Me encantaría decir que soy de tu generación, pero con los 39 estoy entrando en la cuarentena. Me parece que hay algunos escritores de mi generación que lo que nos pasó, y voy a generalizar mucho, es que no tuvimos padres literarios. Los padres literarios no estaban, los que deberían haber sido padres literarios como Conti, Walsh y Benedetto o los habían matado o los habían silenciado. Entonces de alguna forma nos criamos con lo que serían los abuelos literarios, Cortázar y Borges. Con los abuelos no tenés conflictos, te iluminan con su inteligencia pero no los querés matar. No hay un acto parricida en ese sentido. Quizás decir esto sea parricida con otros autores. Sé que hay autores vivos a los que les cayó mal esta idea porque se sintieron que de algún modo los estaban matando.

Pero yo no siento que tuve que pasar por arriba, escribir a pesar “de”. Quizás un poquito con Cortázar que es el único autor del que siento que tuve que despegarme un poco, lo peor de Cortázar se me pegó.

A la vez pasé de leer esos autores a leer gente de mi edad. Borges decía eso que nadie le quiere deber nada a sus contemporáneos, pero yo le debo mucho a la gente de mi edad. Porque habiéndome criado literariamente por mis abuelos, tuve y tengo una cosa un poco anacrónica, como vos decías, una formación bien clásica. Entonces leer a gente de mi edad me hace sentir que estoy totalmente fuera de época y después tratar de hablar de la época, de actualizar un poco el lenguaje.

Me parece que ese es un conflicto que todo autor tiene, la época y después lo que sería la tradición literaria o lo que en algún momento él creyó que era escribir bien. Eso te juega siempre como un tironeo para un lado o para el otro y vos encontrás tu camino ahí, tu voz, es una especie de solución entre dos fuerzas: la época con la vanguardia y la tradición literaria. Tenés que encontrar ahí tu propia voz y a mi me ayuda mucho -digo me ayuda en presente porque es un ejercicio que uno siempre sigue haciendo-, leer gente de mi edad, cómo dicen. ¿Dicen auto, dicen coche, qué palabras eligen? En las palabras que se eligen está todo, el origen socioeconómico, sus ideas políticas, no hay nada ingenuo, está todo ahí.

Entonces leer a la gente de mi edad me hizo mucho bien y me hizo descubrir a los autores que tendría que haber leído. Por ejemplo, Aira. Yo encuentro a Aira después de leer a autores de mi edad como Cucurto, Bizzio… ¿Contesté mas o menos?

XV: ¿Por qué sos escritor y cuándo te sentiste verdaderamente un escritor?

PM: Creo que no sé hacer otra cosa. Yo empecé a estudiar medicina y me di cuenta que lo que quería era sanar, pero imponiendo las manos, como un manosanta. Me empecé a dar cuenta de que mi vagancia iba a hacer que corra peligro la vida de los pacientes y empecé a darme cuenta de que no tenía vocación de médico. Entonces largué la carrera, hubo algunos desencuentros en mi casa con mis viejos en esa época. Yo simulaba que iba a la facultad porque no animaba a decirlo en mi casa pero iba al bar. Ahí empecé a leer mucho, empecé a llevarme libros y a escribir muy tímidamente. Después se destapó la olla, pero estuve como un año simulando que iba a Ciudad Universitaria y ahí leí muchísimo. Mis viejos se enteraron y fue un gran desastre. Yo les dije que para mi era muy importante que fueran a ver una película que se llama La sociedad de los poetas muertos. Hay un chico que se suicida porque no lo dejan estudiar teatro. Volvieron pálidos, me acuerdo mi mamá, en la puerta, con la carterita y mi papá diciendo “es muy importante que vos estudies lo que tengas ganas”. Fue una sicopateada muy fuerte.

Empecé a ir a un taller literario, a estudiar Letras. Pero yo sabía que quería escribir, lo que pasa es que no sabía cómo era eso, porque no había ninguna persona en mi casa que se dedicara a ninguna rama artística, tuve que inventarlo, a ver cómo hacía para trabajar con eso y demás.

Todavía en la tarjeta de migraciones, en profesión pongo docente. Porque si pongo poeta me parece que me van a frenar, es como medio tuberculoso… “¿qué le pasa a este?”. Y escritor también, me van a pedir libros a ver si tengo pruebas. Entonces pongo docente y se apiadan un poco. La verdad es que yo enseño siempre en varios lugares, enseñé en la facultad así que soy docente, eso es verdad. Pero es como una decisión personal, no para explicar mucho, pero para afuera no digo que soy escritor.

Pregunta del público inaudible sobre la joven guardia y hasta cuando esas personas que ya no serían jóvenes la van a integrar.

Yo no sé bien, me parece que esas antologías son intentos por trazar unos mapas sobre lo que se está escribiendo. Llega un momento en que se satura eso, que incluso a nivel marketing no va a funcionar. De todas formas sentí con La joven guardia que fue la primera vez que era parte de una generación involuntariamente, ¿no? Porque las generaciones ahora no tienen mucho manifiesto, sino que son unos cortes así…

Como yo nací en el setenta, ahí me cayó la guillotina justo acá, en la nuca, cortaron ahí la generación y yo quedé como el más viejo de La joven guardia. De hecho, cuando salió el libro yo estaba primero y dije guaa, estoy primero, claro, porque soy el más importante. El ego siempre dice eso y no, era porque yo soy el más viejo. O sea que son cortes un poco arbitrarios los de las generaciones y supongo que en algún momento los demás dirán que uno no es más una joven promesa. Yo ya no me siento más una joven promesa porque además no le prometí nada a nadie. Pero es como un asunto de los otros, no es algo que me incumbe mucho. Yo escribo mis cosas y de pronto la crítica y el mercado o los editores hacen una cuadrícula y vos quedaste en un casillero o en el otro pero no es muy voluntario, me parece. Esto es la primera vez que lo pienso de esta manera, nunca lo había pensado demasiado.

Otra pregunta del público: ¿Alguna vez te bloqueaste y cómo hiciste para desbloquearte?

Yo vivo bloqueado, miro los libros que escribí y no sé cómo hice para escribirlos. Un ejercicio de desbloqueo que a veces hago es hacer escritura automática, sentarme en la computadora y escribir igual. Es una cosa así de palabreríos y salen muchas puteadas, por lo menos me pasa eso a mí. Salen puteadas y unas ideas recurrentes. El inconsciente es muy estúpido, siempre piensa lo mismo. Hay que sacar esa especie de tapón verbal que estaba ahí y a veces en esas parrafadas salen algunas ideas interesantes. Alguna vez agarré cosas de esas parrafadas.

Es un ejercicio que se me ocurre para desbloquear y después escribir igual, tratar de escribir igual y todo lo contrario, no obligarte a escribir. O sea que no te estoy diciendo nada. Pero a veces acumularse un poco, quedarse callado… francamente hay distintas formas de bloqueo, pero si siento que no tengo nada que decir, entonces no digo nada. Porque si no hay como una demanda de que tenés que sacar un libro como Aira, un libro por año. A Aira le sale, si yo llego a hacer eso me matan a los dos años. Sería insoportable. Hasta que no tengo una idea fuerte para una novela no me siento a escribirla, necesito esa fuerza de la historia. Tengo que confiar mucho en eso, sino pierdo la fe a las treinta páginas. Así que como consejo no te sirve para nada, hacé lo que puedas, arreglatelas y escribí si tenés ganas, qué se yo.

Un comentario en Pedro Mairal en Alejandría

  1. Facundo dijo el

    Pedro Marial es genial! Me encantó sobretodo el libro de cuentos… las cosas de su blog, no tanto así El año del desierto, que por momentos me parece algo aburrido, intrascendente, aunque la idea esta buena y como escribe él es genial!
    Un fuerte abrazo para Pedro!!!

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