10/11/2009

Necesitamos urgente el mito de la política.
Entrevista a Juan Terranova {1

Por Catalina Rossini

Juan TerranovaJuan Terranova se mueve por Caballito con los ojos cerrados. Me busca en el bar y salimos, habla todo el tiempo, decide cruzar sin avisar.  No le preocupa el paraguas porque ya está empapado. Atravesamos una cantidad inverosímil de peluquerías, inmobiliarias y parrillas hasta que llegamos a su casa. Ofrece mate y charlamos un buen rato sobre Los amigos soviéticos y algunas cosas más.

***

Catalina Rossini: Hace pocos días presentaste Los amigos soviéticos en Córdoba, ¿Cuál es tu relación con las provincias?

Juan Terranova: En Córdoba tienen la sensación de que acá pasan con cosas buenísimas. Y sí, pasan. Si uno no entra en esa especie de hastío porteño, o no se mete en el personaje del porteño saturado se da cuenta de que acá pasan un montón de cosas. Pero en Córdoba tiene esa idea de que acá pasan cosas y allá no, y no es así, allá pasan un montón de cosas interesantes porque es una ciudad enorme y compleja. Aparte en Córdoba existe esa “segundidad” en su mirada sobre Buenos Aires, o esa “distancia segunda” que también es interesante. Los amigos soviéticos es muy porteño, entonces está bueno descentrarse un poco.

El porteño quiere estar en otra parte, en París, Nueva York, Barcelona. Y sin embargo nunca puede salir de Buenos Aires y sabe internamente que por más que viaje a esos lugares va a seguir siendo el mismo. No va a cambiar. Va a seguir siendo él.

CR: ¿Y con las otras provincias?

JT: Bueno, es una pregunta difícil porque encierra el problema del federalismo. Hay provincias que me gustan mucho, otras que desconozco. Quisiera conocer Tierra del Fuego, incluso escribir algo sobre eso. A Salta viajé mucho, a Córdoba también y conozco mucho la provincia de Buenos Aires. Estuve en Catamarca, en Entre Ríos, en Santa Fe, pero podría hacer una biografía de mi vida a través de las zonas de la provincia de Buenos Aires que transité. Por ejemplo, la ciudad, el primer cinturón de conurbano, la costa atlántica, la ruta 3 hasta Bahía Blanca. Por diferentes motivos hice esa ruta muchas veces, incluso una vez por mes. Me gustan mucho las rutas de Buenos Aires, me hacen acordar a mi viejo al que le gustaban mucho los autos y manejar y los caminos de tierra y las autopistas.

CR: ¿Qué ideas diferentes encontrás en las provincias?

JT: El porteño quiere estar en otra parte, en París, Nueva York, Barcelona. Y sin embargo nunca puede salir de Buenos Aires y sabe internamente que por más que viaje a esos lugares va a seguir siendo el mismo. No va a cambiar. Va a seguir siendo él. Pero insiste con esa idea de que lo importante está pasando en otro lado. Una forma de combatir eso es viajar a otras provincias de Argentina, porque la gente te señala a Buenos Aires como el lugar donde ellos quieren ir. Es muy interesante, para valorar lo que uno tiene en Buenos Aires, viajar a Córdoba, a Rafaela, a Salta, a Mar del Plata fuera de temporada.  No pasa lo mismo si uno va a Brasil o Uruguay. Además, en esos lugares, donde no está el ruido de la gran metrópoli, la relación con el Estado y con la política es diferente, está menos mediada. Hay una relación con el Estado que en Buenos Aires se puede ignorar completamente. Eso me resulta atractivo.

CR: ¿Y eso se traduce en inquietudes literarias?

JT: No necesariamente, pero en Buenos Aires, de tanta propuesta que hay, todo parece que se vuelve una cosa homogénea, y yendo a otro lugar tomás conciencia de que eso no es así.

CR: Recién decías que tu última novela es muy porteña, pero en realidad vos sos muy porteño…

JT: Soy un fundamentalista de Buenos Aires y de Caballito.  Me pasó hace poco, en España. Viajé invitado como escritor latinoamericano invitado por la Universidad de Alcalá y les dije, en una mesa, que yo no me sentía “latinoamericano”. Me siento argentino, pero yo no podía hablar por toda la Argentina. Me siento, sí, bastante porteño, y ahí se empezaron a reír. “Entonces, de Buenos Aires” me dijeron. Pero no, tampoco todo Buenos Aires. Es una línea de Buenos Aires, que es mi línea, la línea del subte A, es Rivadavia, que es del centro al Oeste. Podría, en todo caso, haber ido como escritor “caballitense”, eso sí lo puedo representar porque es un barrio que conozco, sobre el que escribí.

Al  mismo tiempo tengo la idea de que hay que irse a otro lado para mirar. Pero a cualquier lado. A los veintidós años hice un viaje por Europa que duró casi un año y medio. Siempre viví en Caballito, y cuando volví me fui a vivir por muy poco tiempo al Microcentro y nunca me sentí tan lejos de mi lugar cuando vivía ahí. Cuando estaba en Holanda no me sentía tan lejos del Parque Centenario como cuando estaba en Córdoba y San Martín. Supongo que eso tiene alguna implicación literaria, no lo sé.

CR: Te inquieta bastante que te quieran imprimir una cierta identidad…

JT: Sí, me obsesiona.

CR: Antes te debatías entre ser o no ser parte de “La Joven Guardia”, ahora, si ser o no un joven escritor latinoamericano…

JT: Lo que pasa con estos rótulos es que, más que una cuestión de identidad como tema literario, lo que se juega son grandes equívocos. Los equívocos que tienen los españoles, los catalanes, los madrileños, los complutenses son formidables, pero los argentinos no se quedan atrás…

CR: ¿Y cuáles son esos equívocos?

JT: Son los equívocos de la comunicación. Cuando uno dice: “Vamos a comunicar una idea” y la idea es “reunamos a estos escritores latinoamericanos”, es perfecto. Entonces invitaron a una chica boliviana, una chilena, un mexicano y a mí, y a instancias reales, México, Argentina y Chile son una cosa y Bolivia es otra completamente diferente. Esto es algo que yo hablaba mucho con Giovanna Rivero, la escritora boliviana.

Los bolivianos miran mucho a Buenos Aires. Saben lo que pasa acá. No es que leen a Cortázar o a Piglia, eso lo tienen de base. Están esperando que salga la nueva novela de César Aira, o qué pasa con Juan Incardona. Saben por Internet, porque les interesa, porque viajan, por que están pendientes, porque son mediterráneos y tienen un estigma con eso. En Santa Cruz ni hablar, y los coyas también. Y acá no sabemos nada, salvo Evo y el libro de Sivak, Jefazo,  que está muy bueno. Eso me interesaba: era una residencia de escritores latinoamericanos e invitaron a tres de comunidades centrales dentro de la periferia –Chile quizás un poco menos– y Bolivia que quedaba en una relación muy diferente. Entonces, yo acepto las etiquetas,  pero si me dicen: “Vos sos de la Joven Guardia”, yo te respondo: “Ok, pero ¿cuánto me vas a dar?” Porque con esas etiquetas que son vacías, que no son políticas, me fijo para qué me van a servir, para usarlas, en todo caso, como herramientas para comunicar algo.  No soy un escritor que tenga pruritos en ese sentido. Tampoco es que reniego de lo que hice. Justo la Joven Guardia es un rótulo complicadísimo. ¡Ya es casi un mini-ideologema! No te digo que es como decir kirchnerismo o macrismo pero… Yo supongo que si a alguno de los tipos que iba a salón literario que había fundado Sastre en su librería a fines de 1830 y le decían: “Vos sos de la generación del ´37”, él te iba a decir: “No, yo soy libre pensador, quiero llevar el romanticismo al Río de la Plata.” Pero, finalmente, ellos se van a constituir como una generación, aunque es una generación muy porosa y con muchas diferencias. Sastre va a terminar insertándose en el federalismo; Echeverría va a terminar como un mártir del Rosismo; Alberdi va a buscar su entrada en el Rosismo y después va a salir expelido. Sarmiento no estaba en este grupo,  estaba en San Juan, mandándole sonetos a Alberdi a ver si se los aprobaba. A la generación del ´37 nosotros la conocemos así, pero no es una generación compacta. Eso demuestra que el marketing no es un invento, es una manera de pensar, de enseñar, incluso de leer.

CR: Además, con más o menos diferencias, es la generación que te tocó…

JT: A mí la frase “Joven Guardia” no me interpela en nada. Yo nací en el ´75 y hay pibes que están escribiendo ahora que nacieron en el ´83. Son momentos históricos completamente diferentes, biografías diferentes, y guardia no soy guardia de nada. Vengo de una tradición en la que ninguno de mis padres ni literarios ni biológicos ha tenido nada que guardar. Todos en mi familia eran inmigrantes italianos. También tengo una rama de vascos que estaban muy lejos de ser guardianes de tesoros. Digo, al estilo George Steiner que dice “La cultura hay que guardarla, hay que protegerla del ataque del fascismo de la vulgaridad.” No, mi familia, salvo claras excepciones, está más del lado de la vulgaridad que de la cultura. Tanto por la vulgaridad como por lo fascista.

Ahora bien, para mí el libro, la antología La joven Guardia, fue muy importante. Conocí a un montón de gente y creo que mi texto todavía se sostiene. Me tocan esos pares y no me voy a volver loco. A muchos de ellos los respeto, porque escriben cosas que me interpelan, porque hacen cosas, porque generan espacios. En general en las entrevistas me hacen hablar de otros y eso no me gusta. Pero tematizarlo como ideologema, en cambio, es algo que acepto hacer.

[Para leer la segunda parte]

7 comentarios en Necesitamos urgente el mito de la política.
Entrevista a Juan Terranova {1

  1. ey dijo el

    chicos, les falta mucha edición a esta nota.

  2. ey dijo el

    le, quise decir.

  3. Catalina dijo el

    Ey, gracias por leer y por la indicación.-

  4. Germán dijo el

    Pero eso de que el porteño quiere estar en otro lado, que siente que las cosas importantes pasan en otro lado, me parece algo universal. Diría mas bien que se trata de un componente de la condición humana… que se yo. No lo veo como exclusividad del porteño…
    Muy linda la nota. Saludos.

  5. Fabricio dijo el

    Estoy de acuerdo con que no es una exclusividad del porteño, pero no me atrevería a afirmar que es un rasgo universal de la condición humana: no creo que un neoyorquino o un parisino del s. XIX sintiera que las cosas importantes pasan en otro lado.

  6. Necesitamos urgente el mito de la política.Entrevista a Juan Terranova {2 | Hablando del asunto 3.0 dijo el

    [...] [Clic para leer la primera parte de la entrevista a Juan Terranova] [...]

  7. Sumario /semana 46 | Hablando del asunto 3.0 dijo el

    [...] Entrevista de Catalina Rossini a Juan Terranova por su última novela Los amigos soviéticos, primer… [...]

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