11/11/2009

Necesitamos urgente el mito de la política.
Entrevista a Juan Terranova {2

Por Catalina Rossini

[Clic para leer la primera parte de la entrevista a Juan Terranova]

Los amigos soviéticos trascurre casi íntegramente en Congreso, que no es tu barrio. ¿Para qué te sirve Congreso?

Es que Congreso está muy ligado a Caballito, a la línea A y es una zona donde voy mucho. Tiene una arquitectura muy especial.  Es un lugar de paso, pero también pero hay mucha gente que vive ahí. Es un barrio céntrico, un poco lumpen. Está el Parlamento de paisaje y eso me apasiona. Y además está lleno de rusos que, finalmente, son en su mayoría ucranianos. Justo el otro día venía caminando por Paraná, que aparece en el libro, y estaba por cruzar al estacionamiento que describí, y al lado hay una Casa de Pesca donde venden rifles de aire comprimido como el que tengo yo y como el que tiene Volodia, y atrás mío venían dos tipos hablando en ruso. Yo me reía. Está muy confirmado que tenía que pasar ahí.

Una vez Josefina Licitra me dijo: “Yo no puedo escribir una novela como hacés vos, solamente usando la imaginación.” Y yo me empecé a reír. Mi literatura es un diez por ciento de imaginación y un noventa por ciento de escuchar, ver, archivar, oir, samplear.

Dado que la novela sucede durante la segunda mitad de 2008, pensé que quizás esa elección era más bien política…

¿Estaba tratando de decir que hay que transformar el Congreso en un Soviet? No, estoy muy lejos de pensar eso, pero sí creo que hay que mitificar el Congreso. Eso es algo que estuvo pasando ahora, gracias a Dios. Empezamos a ver como funcionan los engranajes de la democracia de una manera más visceral. Me parece que un mito que necesitamos urgente es el mito de la política, en su forma más sutil que es la de la democracia imperfecta. Si tuviésemos una democracia perfecta no sería interesante narrarlo. Qué otros narren la década del 60 y del 70, la guerrilla, los tiros, las subversión, la muerte. A mí dame esta democracia que tenemos hoy. Yo la hago chocar con otros factores y salen un montón de cosas. Yo creo que, como escritor, el único capital que no resignaría nunca es el presente.

El narrador de Los amigos soviéticos se parece mucho a vos. Vos tenés una presencia virtual muy fuerte. No sé como es tu cotidianidad, pero si estamos pendientes de tu blog, de tu twitter, de tus artículos en medios digitales,  se puede intuir que pasás muchas horas en internet, a veces a la deriva, otras no, pero buscando y recaudando información que muchas veces comentas  y compartís por esos medios, y el narrador trabaja de la misma manera…

Sí, es así. Paso mucho tiempo en Internet y sí, mi vida es muy parecida a la del narrador. Si no me junto con mis amigos a tirarle balinazos de aire comprimido a la gente que está en la calle es por muy poco. Una amiga me dijo: la novela es anecdótica y wikipédica. Sí, esa es mi cotidianidad, es bastante transparente. Y creo que los mejores cuentos que escribí también tienen que ver con ese universo. Me gusta que haya un balance. Pasar muchas horas en Internet, y también pasar horas con amigos, charlado, contando anécdotas en el bar. Invierto mucho tiempo en eso: haciendo una política de la amistad, o una amistad política. Y creo que la novela refleja eso.

Alejandro Soifer, en un comentario que hizo sobre el libro, dice algo que me resultó interesante y es que a través de tu novela vos tomás toda esa inmensa cantidad de información en Internet, muchas veces bizarra e incomprobable, y le das status de literatura. ¿Qué opinás sobre eso?

Creo que no soy el primero ni el que mejor lo hace, sin embargo, es una de mis preocupaciones. En el periodismo hay algo de impulso literario y la web viene a reformularlo. Tengo una anécdota muy sencilla. Entrego la novela en Mondadori y a los quince días me llama la editora y me dice: “La leí, me reí mucho”, cosa que a mí me tomó por sorpresa, y agrega: “Ahora, tiene mucha presencia de Internet.” No entendí si me lo dijo como algo malo o como algo bueno, pero es así  y a mí me parece que está bien. Si querés un titular, te digo este: “Internet me obsesiona casi tanto como el peronismo.”

¿Qué hacés con todo ese material? ¿Con qué criterios lo seleccionas y como lo trabajás?

Lo trabajo con esfuerzo. Tengo documentos Word donde bajo las notas. Bajo videos. Tengo dos discos rígidos llenos de basura. Pero aprendí a refinarme. Joyce decía que los jesuitas le enseñaron a tomar un material, a ordenarlo y a hacer algo con eso. Yo no lo aprendí de los jesuitas pero toda mi literatura es un esfuerzo por ordenar ese material que me llega y que muchas veces no viene de la web, también viene de la oralidad. A veces alguien te cuenta algo, vos lo buscas en Internet y después lo comentás con otra persona. No es un trabajo frente a la pantalla nada más, aunque en mi caso la pantalla es muy social. No soy un nerd, me relaciono con mucha gente en la pantalla y en la vida cotidiana y con eso trabajo. No es tan raro, es una de las consecuencias directas de esta sociedad, aunque hay muchos escritores a los que eso no les interesa. Una vez Josefina Licitra me dijo: “Yo no puedo escribir una novela como hacés vos, solamente usando la imaginación.” Y yo me empecé a reír. Mi literatura es un diez por ciento de imaginación y un noventa por ciento de escuchar, ver, archivar, oir, samplear.

En la novela, la chica que sale con el protagonista le pregunta ¿Por qué pasas tanto tiempo con esos rusos?

¿Y ella qué le contesta?

Le contesta “No sé”.

Bueno, yo tampoco sé.

Yo creo que sabés…

Bueno, me atraen las sociedades donde la ideología está por arriba de todo. Donde la discusión política tocó todos los elementos y todo está atravesado por la ideología. Cuando viajé a Cuba era una historia atrás de la otra. Voloshinov dice: “Donde hay ideología hay actividad sígnica, y donde hay actividad sígnica hay ideología.” Está en el libro que acaban de sacar los chicos de Esperando a Godot que es súper recomendable.

Yo diría que donde hay actividad sígnica e ideología, existe la posibilidad de una historia. Me eduqué en una década en que todos te decían que las vanguardias y la ideología se habían terminado, que habíamos entrado en el museo de la historia, que ya no había lucha de clases, que ya no existía la derecha y la izquierda. Eso me marcó y me llaman la atención estas sociedades en donde la ideología está por encima de todo. Quizás me sirve para mostrar que acá también pasa lo mismo, que acá también hay actividad sígnica y por lo tanto ideología. O quizás todo esto sea un delirio y solamente se trate de enganchar mi historia con la historia del mundo.

¿Qué tanto tiene que ver tu literatura con tu militancia política?

Creo que nada. Pero me gusta mucho juntarme con la gente a hablar de política. Antes que a hablar de literatura, prefiero hablar de política. Si conozco a alguien, le pregunto por sus inclinaciones políticas antes que por sus inclinaciones literarias. La gente cuenta mejores historias, historias que tienen una cuota más grande de verdad, cuando habla de política que cuando hablan de literatura. Incluso cuando son gente formada en el discurso literario. O debería decir, “a pesar”.

¿Cuál fue tu Chitlin’ Circuit?

Creo que tuvo que ver con ir a un colegio del Estado, al Club Italiano, el Club Ferrocarril Oeste, con Puán, el Parque Rivadavia, las discos de la década del 90 en la Costa Atlántica. Mi Chitlin’ Circuit fue la web, el blog, el suplemento Cultura de Perfil. Creo que hoy el Chitlin’ Circuit es una mezcla de blogs y bares.

Recién nombraste a Perfil, y en la novela tenés tu espacio para hablar de eso también…

Fue algo performático, algo que se me impuso. Estaba viendo la correspondencia de Raymond Wilmart con Marx y la dirección que se da es Chacabuco al 200. Y yo dije: “Este lugar lo conozco”. Entonces ¿qué hago con eso? Al contrario de lo que piensa Licitra, yo imagino muy poco, recorto pego, modifico, mezclo. Es una forma de dar una respuesta a lo que encuentro. Por otra parte, Perfil como empresa periodística, si su dueño quisiera, podría ser modelo en América Latina. Existe el potencial para hacerlo. Pero su dueño prefiere apuntar a una empresa tradicional en el peor sentido, republicana, bajadora de línea, maltratadota. Podría ser el Sillicon Valley del periodismo. Pero Fontevecchia es un tipo tan inseguro, tiene un complejo de inferioridad tan grande que no puede trabajar con gente. Todos son prescindibles para él. Su gran legado periodístico, su gran lema, su verdadero aporte es la frase “sean sumisos”. Y en eso se equivoca, porque las cosas más importantes que hacemos las hacemos en grupo, convenciendo a otro de que confíe, uniéndonos, dejándonos modificar, fundiéndonos. Todas las cosas buenas que hacemos, las hacemos consensuándolas con alguien. Incluso cuando escribimos. Empezamos a leer antes de abrir el libro, y empezamos a escribir de la misma manera. Perfil es lo peor del capitalismo periférico, por eso necesita tener un pedazo del muro de Berlín en la puerta. Así y todo a mí me gustó trabajar en Perfil, porque yo no trabajaba con Fontevecchia sino con mucha gente que le gustaba lo que hacía, que defendía su oficio y que era muy generosa en muchos aspectos. Esa es mi lectura, de porqué está Perfil en la novela. Quizás sea errada, o quizás sea simplemente otra historia.

4 comentarios en Necesitamos urgente el mito de la política.
Entrevista a Juan Terranova {2

  1. Necesitamos urgente el mito de la política. Entrevista a Juan Terranova {1 | Hablando del asunto 3.0 dijo el

    [...] [Para leer la segunda parte] [...]

  2. pepe y la peste dijo el

    Las críticas a Fonte, son las que, tranquilamente, se le podrían hacer a Kirchner…

  3. jpg dijo el

    Muy interesante la entrevista, y todavía no leí nada de Terranova…

  4. GFG dijo el

    El saco y corbata le dá una onda “cajero del Banco Provincia (sucursal Carmen de Patagones)” no?

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