Un autor y sus tres libros: Mairal /5
Quinta y última parte del diálogo entre Alejandra Laurencich y Pedro Mairal en el ciclo Un autor y sus tres libros. Eterna Cadencia, jueves 17 de abril de 2008. [Ir a la cuarta parte]
Desgrabación: P.Z.
AL: Una vez te escuché que vos pensás primero la situación y después le buscás el personaje. Me hizo acordar mucho a cómo escribo los cuentos –que no me pasa en la novela– que se me presenta primero el conflicto y busco quién lo va a tener. Alguien que calce para ese conflicto que quiero contar.
¿Cómo empezó el germen de El año del desierto? Porque fue posterior al tema de la crisis del 2001. ¿Como empezó?
PM: Retomando un poco lo de la creación de personajes, lo que veo es que hay autores que generan un personaje y después lo someten a una serie de peripecias, obstáculos. A mí me funciona al revés: pienso una serie de dificultades y después pienso quién es el personaje que la pasaría peor.
Entonces: una persona se gana una noche con una actriz porno. Bueno, quién conviene que le pase eso. A un adolescente virgen que, además vive lejos, no tiene un mango, que no puede debutar. Ahí surge un poco la psicología del personaje, se va definiendo. Eso era Una noche con Sabrina Love.
En El año del desierto, va a suceder la historia argentina hacia atrás, como una especie de pesadilla y va a pasar de la actualidad a un deterioro, va colapsando todo hasta casi la fundación de Buenos Aires. Va a haber como una aceleración de la historia, hay guerras, guerras civiles. Si meto un hombre ahí, se muere en el capítulo 2: tiene que ir a pelear, O es la historia de un desertor: también lo pensé, pero tenía que estar desertando todo el tiempo, era un poco agotador. Además en este último siglo, varió mucho más la vida cotidiana de las mujeres que la de los hombres. Entonces me servía mucho más un personaje femenino. Que lo contara una mujer. Bueno ¿de cuántos años?: una mujer de 23 años que trabaja de secretaria, ahí se va definiendo el personaje. Traté de hacer eso.
AL: Entonces el germen era contar la historia argentina hacia atrás, la desintegración.
PM: Me gusta la palabra germen, porque fue como una especie de virus que me agarró en la cabeza. Porque hay historias que yo tengo que estar tirando de piolines para ver cómo son, cómo siguen, cómo resuelvo. Y hay otras que me caen en la cabeza como un meteorito. A veces quedo como fulminado en la cama y la gente piensa que estoy deprimido. Y no: tengo como una especie de trip mental, como que estoy en un viaje de ácido. Me acuerdo muy fuerte de eso, como que me cayó la historia en la cabeza cuando vi la máquina del libro.
Yo vi, en un momento, como una torre de esas del microcentro, en un pajonal. Esa fue una imagen que me venía dando vuelta. Decía cómo voy a llegar a eso. Y después vi la máquina del libro.
Porque además estaba sucediendo afuera en la calle. Tuvimos cinco presidentes en diez días en el 2002, en el 2001. De golpe había una situación de crisis muy fuerte. Me acuerdo que yo laburaba en un lugar donde se colgó la internet. Y alguien dijo “Uy, se colgó para siempre”. Y nos lo creímos. En un momento dijimos “Bueno, qué lindo que era internet, pero no hay más”. [Risas] No había cartuchos para las impresoras, para las fotocopiadoras tampoco. Algunas secretarias empezaron a pasar cosas con carbónico. Había una especie de tiempo para atrás, que yo lo que hice fue tomar ese registro y acelerarlo o potenciarlo hasta la destrucción total. No había más electricidad, no había más agua.
Pero cuando vi la máquina, esa mañana que me acuerdo que la vi, vi todo el proceso del libro. Me puse anotar todo lo que se me ocurría. Me puse a anotar, a anotar, a anotar cosas. Después me llevó un año entero escribirlo, con mucha investigación, mirar muchas fotos de Buenos Aires antigua. Y después dos años para corregir y sacar todo lo que había investigado. Porque me entusiasmé mucho: averigüé, por ejemplo, cómo prendían fuego antes de los fósforos –había unos chisperos que prendían chispas–. Averigüé cosas para que en el libro sacara los fósforos y empiecen a tratar de enceder fuego de otra manera. También estuve viendo cómo la mujer fue ganando más terreno en la vida cotidiana, la vida política, para justamente hacerlo al revés.
En un momento la chica pregunta “qué es ese kilombo”, “hubo elecciones” le dicen. “Ah pero yo quería ir a votar”, “pero las mujeres no votamos más”. Me di cuenta de que el truco no era que las mujeres no podían votar. Para votar vos presentabas la Libreta de Enrolamiento. Estabas enrolado en el ejército. Tenías que tener Libreta de Enrolamiento y como las mujeres no iban al ejército, no podían votar. Podían votar algunas enfermeras que tenían Libreta de Enrolamiento, enfermeras del ejército.
Me gustó mucho investigar para ese libro. No sé si el germen era la situación que se respiraba. Por un lado me desapareció la guita de mi casa. En el corralito se esfumó. Mi casa desapareció. El proyecto de mi casa desapareció.
Después mi mamá estaba muy enferma en esa época, una efermedad degenerativa que avanzaba, pero esto me di cuenta después de haber escrito el libro. Le conté a un amigo la enfermedad de mamá, cómo iba avanzando, una serie de cosas que la hizo retroceder mucho, mentalmente. Se fue quedando muda, fue perdiendo el vocabulario. Y mi amigo me escuchaba y para cambiar de tema: “bueno, che, qué estás escribiendo”. Entonces le empiezo a contar la novela, cómo avanza la intemperie, hay un retroceso, para atrás. El se me quedó mirando “escribiste sobre tu mamá”. Yo nunca lo había pensado.
Es muy difícil decir qué es un germen de un libro. Pienso que yo quería hacer un libro politico y capaz que, por otro lado, sin darme cuenta, estaba escribiendo sobre la enfermedad de mi mamá.
AL: En general, cuando aparece la llamita que te hace escribir algo es algo muy chiquito, que engancha todo lo otro, que cuando empezaste a escribir te involucra todo, ¿no? Todo el entorno, la sociedad, pero en general es siempre algo que te dispara.
Me hiciste acordar, cuando contabas de este amigo, de su inteligencia, que cuando le conté a mi hijo que tiene trece años que iba a charlar con vos y le digo “escribió un libro que a vos seguramente te va a gustar, que se llama La era del desierto, y le cuento de qué trata”, me dice “es como La historia sin fin” que la Nada empieza a comerse al Universo. Yo tampoco me había acordado. La Nada que empieza a devorarse todo.
PM: Es un libro para chicos, ¿no?
AL: Sí, pero es fabuloso.
[Intervención del público]: A lo mejor viste la película.
PM: Puede ser, puede ser que me haya quedado.
AL: De Michael Ende. Es fabuloso.
¿Tenés rituales para leer? ¿Costumbres? También me gustaría saber si tenés rituales para escribir. Pero primero para leer.
PM: No, me parece que no. No termino los libros, eso me pasa bastante. No termino todos lo que leo. Hay muchos libros que los tengo por la mitad, los tengo en la biblioteca con un señalador ahí y los retomo dos años después, a veces los termino. A veces tengo la fantasía de terminar todo lo que empecé. Sin empezar ningún libro nuevo. Pero no puedo. Siempre me agarra ansiedad y empiezo otro libro.
Ahora me mudé y tengo otra fantasía: llevarme a la casa nueva sólo los libros que están por la mitad. No creo que lo haga. Es como una fantasía de ordenar el caos de mi vida, y ya está. Soy así.
No tengo rituales para leer, me parece. Me gustan las lindas ediciones. Las ediciones me influyen mucho. Un libro con una tapa muy fea influye mucho. A veces he cubierto los libros con papel porque me molestaba algo. Había una edición, un libro sobre Galimberti. Estaba la cara de psicópata de Galimberti y me impresionaba, entonces lo forré. Lo anulé. –Es una lectura muy buena–.
Esta tapa [señala El año del desierto] mi hermana la forró también porque hay una chica con un cuchillo y sangre. Me invitaron a la Universidad de Winsconsin y estaban los libros de los autores invitados en la biblioteca. Y parece que los concurrentes a la biblioteca pidieron que a este libro lo pusieran en otro lado, que les impresionaba mucho, era demasiado salvaje. Le conté eso a Marcos López, que es con el que hice la tapa, un fotógrafo muy bueno, y le gustó mucho. Estaba marginado. López tiene una foto que es un asado criollo que es como la Ultima Cena. Por eso lo llamé a él.
Así que me influyen bastante las tapas. Y cómo está hecho el libro, si se despega, si no se despega. Los rompo mucho también, este Martín Fierro no tiene más tapas.
Y después para escribir… Poesía puedo escribir en cualquier lado. Me siento un poco impostor diciendo esto porque estoy escribiendo muy poco. Me siento como que estoy hablando de una cosa que ya no hago más. Pero bueno, poesía puedo escribir en un cuadernito, puedo escribir en un papel, en la computadora, no influye mucho. Se me puede ocurrir el comienzo de un poema, un par de versos viajando en colectivo.
Para la narrativa ya necesito la computadora. La verdad que las veces que he estado sin la computadora, escribiendo narrativa, se me hace un embrollo de flechas y tachaduras, demasiado desprolijo. Me da un poco de fiaca pasarlo en limpio.
Necesito en lo posible escribir a la mañana.
AL: ¿Cómo haces con internet?
MP: Eso también es una buena pregunta: cómo se escribe con banda ancha. [Risas] ¿Qué le hace la banda ancha a los escritores?¿Qué le hubiera pasado a Proust con banda ancha, a Balzac con banda ancha?
Me parece que hay algo. Ahora que me mudé no quiero poner banda ancha en casa. Vivo solo y tengo ese dial up, el ruidito que hace píiiiiip y engancha internet, que es como un sonido viejo. Eso me permite revisar mails y apagar. Porque si no, cualquier cosa me sirve para no escribir. Me convierto en chef profesional, por ejemplo: tengo que escribir algo y de golpe se me ocurrió hacer una torta, y estoy toda la tarde haciendo una torta. Esas cosas que me pasaban cuando quería estudiar. O arreglo todos los enchufes de la casa.
Pero algo pasa que después me agarra mucha adrenalina. Me da mucha ansiedad escribir. Siempre estoy sintiendo que estoy arruinando una buena idea. “La estoy arruinando, va mal, no va a salir, y estaba tan bien pensado, y esto es una mierda, y ya escribí dos páginas, pero no va para ningún lado” Me da mucha ansiedad. Y me parece que lo que llaman oficio no es más que sentar el culo en la silla y hacerlo igual. Y bancarte que no salga como pensaste, que salga otra cosa. Por suerte, porque si no ¿para qué lo hacés? Si es tan lindo lo que tenés en tu cabeza. Por suerte sale algo distinto, esa es la aventura, ¿no? Empezás a escribir y pasan cosas.
AL: Hay que lidiar con la materia.
PM: Sí, la materia dialoga con vos. La forma dialoga con vos. Eso me pasó mucho escribiendo sonetos. Vos sugerís una idea y el soneto como es una forma tan encorsetada, te dice “bueno esto lo podés hacer pero lo podés hacer así”. Entonces de golpe yo hablaba de Uruguay en una rima y me aparecía una chica escuchando a Jamiroquai [Risas]. Y a mí nunca se me hubiera ocurrido meter a Jamiroquai en un poema si no hubiera por un soneto. Si hubiera sido solamente por mí, por esos poemas de verso libre, hubiera sido una cosa más que aburrida. En mi caso; hay gente que le sale muy bien.
Pero la forma dialoga, es como un juego, un juego de pelota, como un frontón donde la forma nos devuelve la pelota. Con el cuento pasa un poco, supongo que con la novela también, pero es un juego distinto.
AL: Vamos terminando: cuál de los últimos libros que leíste te impactó más y porqué. Si querés recomendar alguno, también.
PM: Hace poco presenté el libro de Guadalupe Nettel, que se llama Pétalos y otras historias incómodas. Son unos cuentos como de gente muy rara, muy freak. Por ejemplo hay un fotógrafo que le saca fotos a la gente antes de la operación de cirugía estética y después. Es un fotógrafo de un médico que le saca la foto de antes y después. Y se enamora de una chica que tiene un defecto mínimo en el párpado. Pero se enamora de ella y su defecto. No quiere que ella se opere. Son cuentos así rarísimos, están muy bien. La verdad que me gustó mucho.
[Intervención del público]: ¿Cómo es el título?
PM: Se llama Pétalos y otras incómodas, lo publicó Anagrama, de Guadalupe Nettel, ella es mexicana.
AL: Bueno, vamos a agradecerle a Pedro por haberse prestado al diálogo. [Aplausos]

Pucha, se terminó. Qué laburo, mamita querida.
sí, muy buena toda la desgrabación.
¡se agradece!!
Pedro es excelente… un verdadero talento. luz
Facundo
Hola Pedro:
Espero que me pueda comunicar. Mensaje de prueba.