Un almuerzo con Agosto
Apenas había empezado a leer Agosto cuando fui a almorzar con una compañera de trabajo. Ella ya lo había terminado. Me contó que le había gustado y me preguntó qué me parecía a mí.
Le dije que pintaba bien, que me gustaba, pero que apenas iba unas cincuenta páginas, o sea que no podía dar un juicio revelador.
Hablamos del tono coloquial del libro, del diálogo sostenido con esa segunda persona que es una amiga muerta. Ella, mi compañera, me repitió que le había gustado pero que le parecía algo fácil en términos de escritura y que, en resumidas, cuentas eso terminaba produciendo un libro atractivo pero menor.
La pregunta terminó cayendo sobre qué podríamos tomar hoy como “menor” en el sentido de poco trascendente. Según mi punto de vista la simplicidad también tiene su mérito. Porque no hablamos de fácil en términos de algo hecho rápido y mal sino en términos de un efecto de lectura. Eso que parece fácil podría haber llevado mucho trabajo de escritura para que efectivamente parezca algo fácil y hasta ligero. Hasta ahí pudimos llegar porque no nos pusimos de acuerdo, para ella lo simple es fácil y para mí lo simple es un efecto a lograr. Me concedió el beneficio de la duda porque tenía tan poco leído del libro hasta el momento.
Pero vean esto:
Desde que llegué acá, desde que empecé a acercarme al valle, en el bondi ya, a la mañana, ni bien me desperté y empezó a haber montañas me vino una sensación tan potente de Julián, como si simplemente hubiera estado anestesiada, como puesta en hielo, o en sal, la sensación, todo este tiempo; desperté y mi nariz dormida había empañado el vidrio, helado, mi cara estaba fría y aplastada, esparcí el vapor en el vidrio con la manga de mi campera, vi el primer sol de mañana sobre los picos, todavía no daba sobre la ruta, y sentí, qué horror, la memoria en el cuerpo, en la vista, todo, una memoria sensitiva, de sentidos, alojada ahí, la memoria, se ríe de planes, de decisiones. (pp 25-26)
Es toda una oración que empieza en la página 25 y termina en la página 26. Una oración compleja, repleta de subordinadas que no querría analizar sintácticamente ni a cambio de algún dinero generoso. Pero hay más. El capítulo 9, por ejemplo, está repleto de oraciones con discurso indirecto, todas empezadas con el famoso “que”. El capítulo 8 empieza con el jueguito de señalar, ese, ahí, aquel. Esas palabritas son pronombres cumpliendo lo que se llama una función deíctica, como la que el dedo índice hace en la vida común, pero con pronombres en el texto, un ejemplo:
Ni contigo ni sin tí, ése es el principio, ni contigo ni sin ti. Como Fanny, como Depardieu. Ese agujero en el estómago, en el corazón, ese vacío donde nada nunca, nada de lo que puedas hacer es o va a ser suficiente. Nunca. Esa sensación de la merma, de la ausencia. Eso sentía, ese agujero sentía en mi sueño, cuando tenía a Julián enfrente, y a la vez estaba feliz, bueno, un tipo de felicidad bastante particular, tan para él, verlo ahí, tenerlo enfrente y saber que todavía no estallé desperdigándome por ahí. (p. 34)
Por último puedo nombrar también el signo de una insuficiencia de las palabras, cuando se combinan dos que tendrían aparente sinonimia para funcionar juntas “encontrado/topado” (p37), “agarra/entra” (por angustia, p.30). Queda en evidencia que los sinónimos, a pesar de lo que nos digan los diccionarios escolares1, y como bien saben los poetas, no existen.
Con mi amiga terminamos un poco acordando, más allá del mérito que cada uno de nosotros le encontraba a Agosto, que el nuevo siglo nos va a ofrecer una forma diferente de valor literario. Cada vez serán menos las grandes obras como fueron las novelas decimonónicas o incluso las grandes novelas del siglo XX. Va a pasar como con las bandas de rock que nos llegan por Internet y apenas uno las descubre, se disuelven. Lo mismo va a pasar con los libros, una joya acá, otra allá. Todo muy atomizado y eventual.
Al final y antes de pedir la cuenta podríamos haber firmado una declaración conjunta de que el valor de Agosto llegará con el tiempo, cuando quede junto a otros libros de la autora y a otros de la misma generación de escritores, que ahora es imposible determinar celebridad alguna y que, lo que queda es disfrutar de las chispas de talento que aparecen.
Todo esto lo pensé mientras fue al baño antes de irnos, nunca firmamos la declaración.
1 Esta bien podría ser una cita a Celeste y blanca, el libro de Guillermo Piro que en la página 52 dice: “La sinonimia no existe, es una conversación de la que se nutren los editores de diccionarios”
Haciéndome eco de la nota al pie, quizás Piro no esté nada equivocado respecto de la sinonimia. Estudiando el idioma inglés, las palabras tienen un significado definido, de manera que en medio de una frase sólo puede ir una determinada, no cualquiera. Algunas tienen que ver con el uso del idioma o con la sintaxis, pero otras se dicen “porque van así”, como si en la expresión sólo pudiera caber la que corresponde. Interesante tema.
Marcelo, Piro está en lo correcto, sin dudas.
No sé, además de simple, está mal puntuado. Comas de más o de menos que complican la fluidez.
Me parece interesante tu fluir de la conciencia camino al baño. Menos mal que está el blog, si no, se lo hubiera llevado el viento.
En cuanto a la puntuación, son estilos. Cine, de Martini, tiene mil comas por renglón.
Yo creo que la fluidez está “complicada” adrede (a juzgar por este párrafo), porque no puedo creer no se haya dado cuenta de esto.
Ni contigo ni sin tí (i, i, i, i, i), ése es el (esesel) principio, ni contigo ni sin ti (otra vez). Como Fanny, como Depardieu. Ese agujero en el estómago, en el corazón, ese vacío donde nada nunca, nada (nadie nada nunca, Saer y su fraseo) de lo que puedas hacer es o va a ser (aseresovaser) suficiente. Nunca. Esa sensación de la merma, de la ausencia. Eso sentía, ese agujero sentía en mi sueño, cuando tenía (ía, ía, ía) a Julián enfrente, y a la vez estaba feliz, bueno, un tipo de felicidad bastante particular, tan para él, verlo ahí, tenerlo enfrente y saber que todavía no estallé desperdigándome por ahí.
Yo qué sé. Yo leí el anterior de Paula y me pareció de lo más flojo dentro de Entropía (claro, donde hay grandes libros, sobre todo “Semana”, ¿leyeron “Semana”?)
Saludos,
Esta bueno eso que decis General…qué paradojal el asunto: complicar el fraseo para “construir” simplicidad.
Matías, me gustó el post y me inquietó la autora; Tiene oído, me parece, don musical para la lengua. A fin de cuentas, ¿no se escribe con la oreja? Saluditos.