El arte en su época de reproductibilidad digital /1
Primera parte de la desgrabación de “El arte en su época de reproductibilidad digital”, debate organizado por Noelia Rivero, editora de Zorra poesía, para empezar a discutir los problemas de derechos de autor y reprograficos con las nuevas teconologías.
Noelia Rivero, Beatriz Busaniche, Nicolás Echaniz, Lucas Funes Oliveira y Carolina Sborovsky
Gracias por venir. Lo que vamos a plantear hoy es empezar una serie de debates que espero se puedan continuar en el próximo año sobre las publicaciones digitales y lo que pasa con la literatura con el arribo de esta nueva técnica. A modo de presentación parafraseé algunas cosas de Walter Benjamin pero la idea es que se arme un debate y tratemos de cruzar los distintos conocimientos que tenemos.
Yo pensaba que en la época de la reproductibilidad digital lo que se atrofia en la literatura es su unidad tangible, el libro. El año pasado se vinieron dando muchísimas charlas en las que se vaticinaba el final del libro y se agotaba un poco en ese lugar. Me parece que habría que empezar a abrir esa discusión sobre el advenimiento de lo digital, sobre la pérdida de un ritual, la lectura de un libro impreso mientras aparece otro: el libro bajado de la pantalla, el libro ampliable o reducible, el libro luminoso, el libro que parece igual que un paper, una monografía. Sobre todo pensar que ahora la literatura va a estar soportada en softwares; no podemos tomar eso desde un lugar analfabeto al decir “escribo mi libro, lo publico en Word”. Desde el lado de lo tecnológico hay un conocimiento, ciertas luchas, resistencias y combates que se están dando en ese campo. Me parece que si la literatura va a estar soportada en ese aparato técnico, tenemos que cruzar datos y experiencias necesariamente.
Por otro lado, sentimos que estamos en el fin de una tradición, en su modo masivo pero en el comienzo de otra. Este cambio de técnica modifica el modo de percepción sensorial de una comunidad. No deja de ser algo siempre histórico y cultural, para tampoco pensar que este es el fin de algo sino que los modos de lectura y circulación de literatura siempre fueron sujetos a la técnica de un momento.
Entonces, como primeras preguntas:
¿Qué posibilidades empiezan a aparecer cuando la literatura entra en un espacio que multiplica enormemente su distribución, su lectura y su circulación? Esta enorme capacidad exhibitiva parece emancipar a la literatura en principio de una necesidad comercial editorial y de una ubicación física en las librerías como para su validación en el mercado y también para la legitimación de un autor como tal. Antes quizás si uno tenía un estante en una librería era un gran autor, ahora quizás eso no es necesario, simplemente con tener un blog o cierta difusión en la web uno ya es considerado un autor.
Por otra parte creo que esta circulación de textos en Internet, la posibilidad de conseguirlos de una manera medianamente fácil transforma al lector en una persona un poco más exigente. Conversando con amigos siempre terminamos en el mismo punto: “si este libro me va a salir quinientos pesos y bueno, yo no me lo puedo comprar, me lo bajo y lo leo igual”. De golpe la técnica empieza a generar esta demanda de querer tener acceso libre a la lectura, a la literatura.
Esto evidentemente va a afectar a las editoriales o las editoriales piensan que van a ser afectadas. Por lo tanto creo que es necesario generar una discusión acerca de qué es este objeto literatura. ¿Qué tipo de bien es, en qué tipo de bien se está convirtiendo, qué tipo de bien demanda ser y qué tipo de bien la actual situación legal y comercial lo inducen a ser?
Para aclarar algunos de estos y puntos y ampliarlos están con nosotros:
- Beatriz Busaniche. Licenciada en Comunicación social, docente de Ciencias sociales en la UBA, trabaja para la Fundación Vía Libre, activista del software libre, se especializa en aspectos políticos, sociales y filosóficos en relación a las nuevas tecnologías.
- Nicolás Echaniz. Programador, socio de la Cooperativa de trabajo en tecnologías de la información y conocimiento, miembro de Buenos Aires Libre, red digital comunitaria de La Ciudad de Buenos Aires y alrededores, activista de software libre, promotor de la convergencia de movimientos hacia una libertad construida desde la colaboración entre partes.
- Carolina Sborovsky. Licenciada en Letras, editora del sello El fin de la noche, que integra tecnología de edición avanzada.
- Lucas Funes Oliveira. Escritor y editor de la Editorial Funesiana, sus ediciones son cien por ciento artesanales.
Beatriz Busaniche: Bueno, me parece que hay una tonelada de temas arriba de la mesa. La introducción deja picando la cuestión para entrar incluso hasta pensar en las nuevas formas de escritura que hay hoy con las nuevas tecnologías. Pero no me voy a meter en eso, voy a resistir la tentación, que la verdad que me encantaría.
Una cosa que supongo les habrá llamado la atención es que cuando nos presentan, venimos del campo del software. Nico es programador y la primera reacción que uno tiene es qué hace un programador hablando en una charla de literatura. Es un momento súper interesante y esto que estamos haciendo hoy acá es indispensable y urgente. Empezar a dialogar con aquellos que trabajan en los soportes sobre los cuales se distribuye cultura; en todos los soportes, desde los libros artesanales hasta los libros digitales. Porque lo que está en cuestión acá es cómo accedemos a la cultura, quiénes producimos cultura, quiénes nos validan como productores de cultura. Me interesó también esta línea que abriste de quién valida a un escritor como importante. ¿Te valida que Planeta compre una parte en la vidriera de Cúspide o qué es lo que te valida? También hay que poner en juego esa cuestión. Pero voy a resistir la tentación de meterme en todos esos temas que me encantarían y voy a bajar al llano de por qué hay programadores en esta mesa.
Yo no soy programadora, soy como acá ya dijeron, de Comunicación. Pero llego a esta discusión desde el campo del software y llego desde el campo del software porque trabajamos en Vía libre, en otras organizaciones amigas en las que estamos encolumnados en esta convergencia, tratando de pensar cómo hacer más libre y más accesible la cultura en una época en que la técnica lo permite.
Me parece que es importante empezar a cruzar saberes, a compartir eso que en el campo del software se viene haciendo hace muchos años y que está llegando a otros campos de la cultura y está llegando a la literatura definitivamente. Como venimos del software libre, todos ustedes tienen por ahí unos cuadernillos verdes, no voy a repetir lo que dice ahí porque confío en que no las van a tirar a la salida y las van a leer cuando lleguen a sus casas. Pero básicamente de lo que estamos hablando es de programas de computadoras que tienen un rol estratégico en la sociedad de hoy. El software controla nuestras comunicaciones y nuestra memoria. Son dos tareas esenciales que hoy hacemos con él. Para los que piensen que estoy exagerando, los invito a pensar cómo se han comunicado hoy durante todo el día con quien sea más allá de las personas que conviven con ustedes en sus casas o con las que estudian o trabajan. Prácticamente todas sus comunicaciones, además de las cara a cara pasan por algún sistema digitalizado, por teléfono celular, por computadora y demás. Se administran a partir del software. Quisiera preguntarles cuánto de aquello que produjeron lo almacenaron en software, en formatos digitales. Hoy los formatos y mecanismos digitales nos permiten comunicarnos y almacenar nuestra memoria. Nos permiten guardar aquello que hacemos, sobre todo los que trabajamos en el campo de la información, ya sea de cualquier tipo. Producimos lo que fuera, desde poesía hasta software, música o textos o planillas de finanzas.
Estamos asistiendo a un momento en la historia que yo me animo a decir que es casi una bisagra. Me parece que van a pasar muchos años hasta que podamos ver con un poco de lejanía el momento en que estamos. No digo hoy, digo en estos años, en estas décadas. Los procesos históricos no son de un día para el otro, ni siquiera las grandes revoluciones lo son. Puede que haya un día en que eso pasó, pero todos son procesos sociales que tienen un largo período histórico. Estamos en un momento histórico en el cual tenemos herramientas que nos permiten compartir, crear, quebrar esta idea del autor establecido, que es un concepto muy típica de la industria editorial: el autor reconocido, el autor como aquel creador casi endiosado detrás de todo el resto de la maquinaria de la industria. Hoy tenemos tecnologías que permiten reducir muchísimo la brecha entre el autor y el lector. De hecho hay gran cantidad de proyectos donde eso ni siquiera existe como diferencia, el mismo lector es autor, el mismo autor es lector. Wikipedia es un ejemplo claro de eso, de construcción donde el mismo que lee es el que construye, el que escribe y participa.
Hay un quiebre en esta lógica del autor distante, el autor figura, el iluminado que escribió y que solo accedemos a él por la batea de la librería. Tenemos una serie de tecnologías que nos permiten quebrar todos estos paradigmas, pero que a la vez nos traen un montón de desafíos. Yo discrepo con la primera cuestión, esto de que lo que se atrofia es el libro porque yo la verdad es que descreo profundamente de todas esas voces que dicen que el libro va a morir. Como amante de los libros que soy además de usuaria de tecnologías y persona que no va casi a la esquina sin su computadora, creo que el libro, pase lo que pase, no va a morir. Quizás va a morir el modelo de industria editorial que conocemos hoy, pero tampoco tengo muy claro que eso vaya a pasar. No sé si estamos como para hacer futurología.
Hay una cosa que es clara y es que estamos en un momento que es bastante revolucionario en el cambio de las herramientas porque hasta hace unos años tener una imprenta en el living de tu casa no era una cosa sencilla. Había que tener una particular vocación para eso. Había que tener un capital mínimo para invertir en esto, la posibilidad de hacer una distribución… o sea que no era para cualquiera esto de tener una editorial en casa. Hoy cualquiera que tenga una computadora y algunas habilidades para escribir puede publicar su libro sea en PDF o en blogs o lo que fuera. Se ha facilitado mucho más la posibilidad de escribir y publicar. Pero a la vez se ha facilitado mucho más la posibilidad de reproducir lo que otros publican, la posibilidad de tener copias de lo que otros publican y de distribuir y acceder a los que otros publican. Eso plantea un desafío a los que están montados sobre un esquema, pongamoslé provisoriamente “tradicional”, de la industria editorial. Pero por ponerle un nombre que puede variar,
Hay a la vez una provocación muy grande en varios sentidos. Restringir la circulación de información hoy es prácticamente imposible y vemos todo el tiempo gente, empresas, industrias enteras tratando de inventar dispositivos para restringir la circulación de la información digitalizada que siempre por alguna grieta se cuela. Es como el agua, siempre alguien quiebra los dispositivos de seguridad, las medidas técnicas y termina circulando. Tenemos en este escenario un problema serio que es un modelo cada vez más represivo que penaliza la distribución, que trata de criminalizar a los que comparten y que avanza en otorgarle a privados derechos sobre lo que la gente hace con la cultura. Hay un cambio de modelo importante en lo que estamos viendo hoy, por lo menos de las grandes industrias editoriales y es que (pasa lo mismo con la industria de la música) antes yo te vendía el libro y vos te lo llevabas y hacías con él lo que se te daba la gana. Podías usarlo para hacer el asado si te habías quedado sin papel de diario, para equilibrar las patas de una mesa que estaba chingada, para prestarlo, donarlo a la biblioteca de la escuela o lo que se te de la gana. Podías incluso venderlo después que lo leíste, ¿cuántos negocios hay de compra / venta de libros usados?
El nuevo modelo hacia el que se está yendo hoy día, el que están impulsando las industrias editoriales grandes, es el modelo de “venta de lectura”. O sea: te vendo el derecho a leerlo una vez. La exacerbación de esto está dada en los libros digitales, todos estos chiches que vemos en los diarios y nos venden que este es el futuro del libro. Lo que no dicen cuando dicen que ese es el futuro del libro también es la limitación de la lectura: te vendo un permiso de lectura por una vez. Entonces aquello de que después que lo leíste lo vendés o lo donás a una biblioteca o se lo pasás a tu primo va a dejar de existir, hay un modelo que va a hacia eso. Se está aplicando en el software por ejemplo cuando te venden una licencia para que uses un programa un año y después de un año tenés que volver a pagar. Vos comprás un permiso, a ese modelo es al que estamos yendo y al que quiere ir la industria discográfica, editorial, las grandes industrias culturales.

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