17/12/2009

Un viaje en colectivo leyendo Shloishim

Por Matías F.

La tradición persiste justamente por su potencia. En la fuerza de sus ritos y la perseverancia de sus miembros está el secreto. En este caso hablamos de un libro marcado por la tradición en cada uno de sus aspectos, desde los más evidentes hasta los más sutiles.

Empecemos por lo exterior, el título y la forma de edición. Shloishim es el período de duelo que pasa luego de la muerte de un ser querido y también el título del libro de historieta autobiográfica de Brian Janchez. Es lo de menos, pero también hay que contar que Shloishim está editada a la manera hebrea, es decir que no se lee de izquierda a derecha sino de derecha a izquierda, también las viñetas y los globos de diálogo.

Dicho esto puedo contar que el núcleo del libro es la muerte del padre de Brian. No estoy contando nada revelador, lo dice en la contratapa. Importa cómo, porque en pocas páginas logra contar una historia delicada y con matices.

Me resulta peculiar la construcción minuciosa e inocente de esa figura paterna tan impenetrable (un personaje, el padre, que siempre tiene anteojos oscuros. Más allá de que eso responda a una clave biográfica, hay otros personajes con anteojos a los que sí se le pueden ver los ojos), la del padre. Es un personaje que se opone al de Brian, opaco el primero, transparente el segundo.

Shloishim

Brian es un chico nacido y criado en la tradición judía porteña: el shule, las actividades extraescolares y finalmente la inclinación hacia lo artístico artísticas.

La historia de Brian logra conmover porque es posible ver el contraste, son dos los Brian que la habitan. El niño y el adulto. El niño no es inocente, aún atravesando etapas de la niñez siente y sabe, la muerte del padre lo empuja a la madurez. Pero también habita las viñetas un Brian ya adulto que sirve de presentador y narrador de una historia a la que le brinda perspectiva sin intervenir en ella, como un mero visitante.

Lo judío forma parte de un fondo sobre el que los personajes funcionan, articulados en las ceremonias y costumbres agregando una dosis de exotismo que el autor introduce con explicaciones mínimas que alcanzan para entender y continuar.

Es inevitable para mi mencionar el parecido con Persépolis. Sepan entender que un tipo con no tanta historieta encima vea algo en blanco y negro y ya crea que el mundo es tan simple. Sin embargo podría decir que sí hay algún vínculo principalmente entre las figuras del mundo adulto complejas y vacías de carisma sin que por eso se tornen poco interesantes.

Me simpatizó también que el gusto del joven Brian por Los caballeros del zodíaco (gusto que amigos míos comparten, debemos ser de la misma generación, aunque no yo, que detesto los dibujitos japoneses) se haya convertido en una cabellera de animé para él.

Empecé a leerlo cuando subí al 76 en Rivadavía y Donato Álvarez y lo terminé antes de llegar a Coghlan, en una hora de viaje. Puedo decir que fue un lindo viaje, tierno y duro, divertido y emocionante. Pruebenlo si lo encuentran por ahí.

Un comentario en Un viaje en colectivo leyendo Shloishim

  1. Hablando del asunto 3.0 » Blog Archive » Qué es poesía, ¿y tú me lo preguntas? dijo el

    [...] y Repeto contra el gigante violador, de Brian Jánchez, es la historia de dos funebreros que salen a matar personas para mejorar su negocio y encuentran [...]

Dejanos tu comentario

Aprovechá este espacio para comentar, sugerir, criticar, saludar o lo que quieras.
Los insultos y cosas que consideremos inadecuadas serán borradas.
Los comentarios son de responsabilidad absoluta de sus autores y no expresan las opiniones del autor de la nota.

Switch to our mobile site