Entrevista a Carolina Sborovsky /3
![]()
por M. F.
Carolina Sborovsky es editora de El fin de la noche. Una editorial nueva que nos llamó la atención por producir y distribuir sus libros con el sistema on-demand. Al final de la entrevista nos enteramos de que hay mucho más en sus ideas que un modo de distribución original: todo un programa creativo.
Esta es la última de tres entregas. [Leer la segunda]
Agradecemos especialmente a Carolina.
¿Cómo buscan, qué les gusta, cómo deciden “este libro lo vamos a editar”, cómo encuentran esas cosas nuevas que están buscando?
Bueno, de muchas maneras. Al ser de Letras, como escribo y trabajo con un grupo de amigos y narradores, el proyecto de la editorial se transforma en una posibilidad alucinante. Todos tenemos una lista de espera de cosas… después están las ganas de poner a dialogar textos. El año pasado estuve un tiempito en Colombia. Hay una maestría en escritura creativa allá que ya va por el segundo año.
Me hablaron muy bien del ambiente cultural y literario colombiano.
Están pasando cosas que están buenísimas y parte de eso tiene que ver con el romper prejuicios y romper dicotomías: la editorial de prestigio / la editorial comercial. Hay felicidad para todos y la apuesta está en saber poner a dialogar los textos. Hay un poco de intuición y también hay que ser humilde, no hacer lo que no sabés.
Yo estoy aprendiendo de a poco, Octavio hace nueve años que es editor, y por eso abrir el juego y delegar es lo más honesto, creo. También animarse a pensar cada proyecto…
¿Son cuatro los que toman las decisiones?
Si, Octavio y yo estoy dirigimos el comité, pero la idea es: abrir el juego totalmente. A Clara [Muschietti] la convocamos porque nos encanta lo que escribe , armó el ciclo “Es a propósito“ todo el año pasado con Mercedes Halfon y los veníamos siguiendo, entonces para esta selección la convoqué a ella. Me parece sano porque yo no puedo hacer una antología con mi único criterio sino que está bueno confrontar y charlar.
Queremos hacer cosas con literatura argentina entonces convocamos a Seba Hernaiz. A mi me da mucha confianza su criterio y me encanta lo que están haciendo en El interpretador hace mucho, le pedimos que colabore en ciertos proyectos.
Florencia Abbate. Su antología Terraza propia vale la pena incluso sólo por su prólogo, respeto mucho su criterio.
Esto no tiene que hacer una exposición de egos. En lo que si somos muy tajantes es en encontrar un valor, no sé si un gusto, pero si un valor en lo que sacamos.
¿Cómo miden el riesgo? No me refiero a lo económico sino en cuanto a criterio: ¿Hasta que punto subís o bajar la vara?
Ese es un punto de discusión. No le tenemos miedo a lo experimental, no le tenemos miedo a lo novel, de hecho sacamos mucha gente novel y mucho de lo que pensamos editar tiene que ver con nuevas voces, nuevas narrativas y demás. Pero no creemos que lo nuevo sea un valor en si. Nos interesan textos donde hay un trabajo y donde el material sea un problema. Donde se note que la lengua sea un problema, donde no sale todo por un tubo. Si hay una sensación de mucha fluidez y de mucho ritmo, bueno, es un efecto logrado. Que la lengua sea un problema por un lado y que por otro lado sean textos que me hagan preguntarme si esto es literatura o no. A mi eso me apasiona. Enfrentarme a algo que yo diga: ¿Y esto qué mierda es? Textos que me emocionen y no estén cerrados sobre si mismos, donde uno pueda sentir que hay una voz. Eso a veces es medio difícil de explicar.
Hay más de una manera.
Si y no está mal dudar de la propia. Ahora estamos haciendo una antología de cuentos y hay momentos en que digo: ¿qué pasa acá? ¿esto está bueno? Y por otro lado, a mi me gusta la literatura. Ahora estoy en El fin de la noche, pero yo tengo claro que a mi me gusta la literatura. Entonces trabajar con un autor, hacerle una devolución, me encanta.
Pagué muchas veces un taller literario para que me hagan devolución de mis textos y para ver qué pasaba con textos de otras personas. Entonces haciendo ese trabajo es donde yo siento que me muevo cómoda. Con la parte de la distribución y todo confío mucho más en Octavio que la tiene mucho más clara.
Eso es otra cosa
Si, la verdad que descanso en él y lo veo como parte necesaria del juego.
¿Reciben mucho material?
Mucho.
¿Lo buscan o lo reciben?
Las dos cosas. Cuando empezamos yo tenía cierto material que me gustaba, que quería sacar.
Al principio es más fácil, porque traes la mochila de todos tus deseos, pero una vez que empezaste…
También saber decir que no, o que no ahora, es un tema que cuesta, que es difícil, hay que saber cómo y a veces es una cuestión de esperar. Quizá ese texto todavía no está maduro o puede funcionar genial más adelante para algún otro proyecto.
Pero vuelvo que para mí lo esencial, lo difícil tiene que ser hacer un buen texto y no publicarlo, no editarlo. Con la ansiedad no se va a parar a buen puerto. El deseo tiene que ser el de escribir, no el de ser escritor. Para mi la editorial es la posibilidad de compartir lo que me gusta que es la literatura. Me pasa también con la música. Tengo ciertos amigos con quienes desde que nos encontramos hasta que empezamos a pasar música que nos gusta, sólo pasan veinte minutos; con la literatura lo mismo. Poder editar como eso, como un deseo de compartir. Tengo un montón de amigos que no leen o que no les gusta y cuando estábamos con las galeras de la antología de poesía, nos juntamos un sábado a la noche, antes de salir y yo leyéndoles y mostrándoles, eso es muy lindo.
Estamos con ganas, trabajando mucho. Yo te contaba, ir a Colombia, ver cómo se labura ahí, las cosas que pasaron, me abrió mucho la cabeza. Ahora voy de vuelta.
¿Qué curioso Colombia, no? ¿Cómo no nos llega todo lo que están haciendo?
A mi sorprendió muchísimo, ya que haya una maestría en escritura creativa de la Universidad Nacional que es la universidad pública, que es como la UBA y allá la universidad en general no es pública. Está muy privatizada, aparte de ser privada es privativa te diría. En Colombia es una cosa que también pasa de muy festiva, una felicidad por compartir.
Por otro lado el mundo editorial allá nada que ver. Son Juan o Pinchame, dos casas editoriales grandes, si no salís por uno salís por otro. Como si fuesen La Nación o Clarín, cuando yo les contaba lo que pasa acá no lo podían creer y por otro lado lo que pasó allá con todo este tema de Bogotá 39, el festival que se hizo.
Ahí me perdí.
Se eligieron los 39 escritores latinoamericanos más sobresalientes y se los juntó, con un montón de festivales. Empezó a ponerse en diálogo a ver qué se escribía. Estuvo buenísimo. Después en 2007 fue Bogotá Capital Mundial del Libro y un montón de proyectos que tenían que ver con democratizar un poco el acceso a los libros. Entonces está Libros al viento o carritos con libros en las plazas, en el subte te daban un libro, lo leías en una estación y lo devolvías en la próxima.
Un montón de festivales y cosas muy piolas. El Festival de Cartagena que fue lo más divertido del mundo y estuvo genial me abrió mucho la cabeza que se pueden hacer muchas cosas, que no hay un único camino, que está bueno. Por otro lado me dieron ganas de sacar crónicas que es un género que allá pisa muy fuerte, que acá se puso un poco de moda… El libro de Caparrós, Argentina crónica, por ejemplo, compila muy buenos cronistas. Creo que todavía la crónica acá no tiene la fuerza que, creo, merecería tener. Nos gustaría sacar algo.
Te quería preguntar eso: qué libros de crónicas y específicamente crónicas de viaje tienen pensado sacar. Particularmente a mi me gustan muchísimo.
Lo estamos armando, con este viaje a Colombia la idea es cerrarlo y ver si se pueden cruzar textos de acá y de allá. Un poco la idea, lo que hablamos con Octavio es que la literatura comparte algo con el viaje, una inconformidad con lo real. Decir: esto que yo vivo no me alcanza. O la sospecha con lo real, debe haber algo más, debe pasar otra cosa y por eso uno viaja para buscar otra cosa y uno lee para encontrar otra cosa. Por eso me parece que quizás en ese punto se toquen y bueno, allá hay muy buenos cronistas. Hay revistas que sacan crónicas que son revistas de texto y nos gustaría cruzarlas. Cristian Alarcón me encanta, me parece un excelente cronista, bueno, el libro de Juan Terranova me parece excelente, Josefina Licitra me encanta…
¿El último de Juan?
La virgen.
¿El del rock, Rufus?
No, el tiene un libro que se llama La virgen del cerro. Josefina Licitra me encanta, ella escribió un libro sobre Susana Trimarco, aún antes de la telenovela, muy muy bueno. Julián Gorodischer…
¿El periodista?
Si, si. También me gusta mucho el mexicano Villoro. Me parece que en Latinoamérica no hay un único género, una única forma. Pero justamente si algo tenemos en Latinoamérica son temas e historias. Está buena la literatura de pensamiento y todo, me parece apasionante. La literatura de Alan Pauls que escribe en ese registro del preciosismo del lenguaje me encanta también como apuesta. Pero también me gusta la de “mirá, esto merece ser contado”, merece que trascienda más allá de la página de policiales, que trascienda como libro.
No tener miedo y probar y probar hasta que bueno, salga. Empezamos a trabajar hace bastante y sacamos poquito. Tenemos muchas cosas en cola.
Que ya irán saliendo.
¡Si!

“empezó con el libro de Caparrós, Argentina crónica y hay muy buenos cronistas.”
Caparrós escribió el prólologo, pero ese libro no es de él.
Fue un error que se desprendió de la desgrabación, Carolina quiso decir lo que vos decís, Fernando. Ya lo desambigüé.
sí, se nota que está desgrabado medio a los apurones, o que faltan pedazos de texto. acabo de aprender la palabra “desambigUar”. saludos a todos, Tomás
Qué raro Tomás (o Gastón, o Fede, o Carolina, o María, o Timo), la entrevista te pareció genial en las anteriores entregas cuando comentaste “genial”, con otra firma. En otros posts, en los que también comentaste con otra firma, tuviste problemas de lectura. Quizás sea hora de un curso de lectocomprensión… los hay buenos y baratos.
excelente!
soy un e-squezofrénico!
Lectores ex-quizofrénicos.
Al: te mando el reportaje a Carol, besitos
[...] [Leer la tercera parte] [...]