César Aira ilustrado por Max Cachimba
A primera vista, antes de leer, la conjunción entre César Aira y Max Cachimba –sobre todo, el último Max Cachimba– parecía natural: esas conjunciones que se vuelven naturales una vez ocurridas. Las novelas de Aira y las historietas de Max Cachimba nos ponen muy seguido en la posición de preguntar “para qué”. ¿Para qué me cuenta esto? Un modo de preguntar: “¿me está jodiendo?”. Posición útil para descubrir, con un poco de vergüenza, que uno tiene adentro cierta idea del arte como algo útil y sobre todo como algo importante, que no debe mancillarse con tonterías.
Para algo sirve releer o leer si uno no leyó. Releí Dante y Reina: tenía la edición de Mate (¿1997?) pero la perdí, por segunda vez en una semana, así que no puedo ofrecer precisiones filológicas sobre la identidad de ambos textos. Con Aira me pasa (la primera persona, la primera, en fin) que paso del fastidio a la fascinación muy seguido. Cuando empiezo a fastidiarme, encuentro una frase deslumbrante y sigo. Y Dante y Reina es sobre todo un cosido de frases deslumbrantes, porque es la más osvaldolamborghiniana de las novelas de Aira que leí: parece toda construída a partir de la conexión entre frases magníficas que se encadenan como si cada una engendrara a la que sigue, en una fuga (no en sentido musical: una huída). Alguna vez Aira (¿dónde, Reggiani? ¡busque las fuentes, bibliotecario!) dijo que leía escritores raros, difíciles, pero que le salía escribir como una tía entrada en años. Dante y Reina es rara, nunca difícil pero sí rara, sobre todo porque arma espacios imposibles. Dante y Reina cuenta los secretos ocultos del matrimonio –el melodrama– entre un perro y una mosca. El matrimonio que es además una novela naturalista –el padre borracho, la violación, la paralítica–, una novela política –las batallas entre peronistas y antiperonistas– y una cosmogonía –las capas de evolución avanzan hasta que el universo se termina y quedan sólo dos revistas literarias mecidas por el “ronco viento estelar”: “¡Hay que hacer algo por el arte!” y “La Ciencia de la Realidad”. Aira sirve las alegorías en bandeja, pero ya avisó que muchas de sus ideas aparecen por escrito porque suenan bien. Que Dante y Reina suena bien, me parece indudable:
La obra maestra de un escultor genial de la prehistoria pudo ser un piano. Un piano hecho no como instrumento sino como obra de arte, por sus valores plásticos visuales, equilibrando texturas, volúmenes, brillos superficies, hasta dar por la mayor de las casualidades con el mismo objeto que para nosotros es un piano común y corriente. Pues bien, en la prehistoria de la violencia de esa noche, Dante y Reina crearon su drama “piano”, su acontecimiento novelesco exactamente coincidente con lo que en otro estadío de la evolución sería y fue una novela. De ahí provino el malentendido que veinte años de matrimonio no alcanzaron a disipar.


