The raven by Liniers
Once upon a midnight dreary, while I pondered weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
`’Tis some visitor,’ I muttered, `tapping at my chamber door -
Only this, and nothing more.’
Prosas profanas, versos sencillos
En algún momento, calculo que a mediados del siglo XX, comenzó a perderse el oficio o la técnica de la versificación regular. No es que nadie pueda hoy hacer versos con rima y métrica regular, pero sí es cierto que los escritores y, sobre todo, las industrias culturales, perdieron el ojo para juzgarlos. Basta ver qué ocurre cuando se edita algún libro de rimas -generalmente infantil- o cuando en la televisión algún humorista pretende mimar a un payador o a una recitadora. Para no salir demasiado del ámbito de la historieta, puedo recordar la cantidad de sílabas sobrantes y faltantes y la chambona acentuación -por no hablar de las rimas triviales- en la página que Pablo de Santis escribió para Max Cachimba en la Fierro de Octubre, o en la por otra parte bella historieta “Abajópolis” que Liniers incluyó en Macanudo 6.
No pretendo incursionar en la rancia discusión entre poesía clásica y verso libre, ni deplorar un hecho que originó a buena parte de mis poetas preferidos, que no son precisamente epígonos escolares de Darío. (Aunque Dario es, digámoslo, extraordinario). Sólo noto que había una técnica más o menos generalizada y que esa técnica parece haberse hecho mucho más rara.
Aún muchas historietas mudas, incluso, son verbales, en la medida en que su contenido puede parafrasearse con entera facilidad en un par de frases: cualquiera que intente “contar” un chiste de Sempé se hunde en el ridículo. Cuando la precariedad de medios técnicos es evidente, lo verbal se vuelve dominio absoluto.
¿Qué tiene que ver esto con la historieta?
La semana pasada tuve el gusto de ser anfitrión de un debate muy interesante, y por momentos un tanto crispado, sobre el estatuto del “chiste” en las formas breves de la historieta contemporánea argentina. El propio debate me impide usar el término “humor gráfico” si lo que postulo es que la presencia del chiste dejó de ser condición necesaria para constituir una de esas formas breves.
La situación actual da cuenta de varios fenómenos interesantes. Por un lado, la presencia de “chistes sin chiste” parece ligarse a un creciente uso de modos de producción cercanos a la institución arte, lo que implica polémicas sobre el valor de esa institución y sobre los modos humillados en que la historieta la espía.
Hay además un cambio muy fuerte en el modo en que una tira construye su núcleo de lectores. Me robo la idea de una conversación con un amigo: los contenidos cada vez más prescinden de los contenedores y el lector del diario, el que lo compra en el kiosco, es el lector minoritario de la tira, el que muy probablemente ni la lee o la detesta, y las tiras van creciendo solas y de manera lateral al medio, granjeando más popularidad en Internet que en la prensa. Y esos lectores que buscan especialmente a un autor y a veces ni saben en qué medio publica, establecen relaciones de complicidad que permiten abandonar la necesidad de un efecto directo en cada entrega. Seguir leyendo
La gran llanura de los chistes
El concepto de chiste entró en crisis. Si durante mucho tiempo se pudo hablar de “la página de los chistes” de un diario, hoy la etiqueta empieza a perder sentido. Para no hablar en el aire, si pensamos estás tiras como chistes, ¿no le estamos dando a la palabra chiste un sentido nuevo?
El problema, previo a cualquier otra consideración, sería pensar qué cosa es un chiste. Para alguien con tanta resistencia al psicoanálisis como yo, algunas puertas están cerradas. Los académicos madrileños son una fuente tan poco confiable como los antiacadémicos vieneses, pero más sencilla: el diccionario de la RAE informa que un chiste es un “dicho o historieta muy breve que contiene un juego verbal o conceptual capaz de mover a risa”. La tira de Sala “mueve a risa”, la de Liners es un juego gracioso, la de Kioskerman es ya otra cosa. Pero en todos los casos, lo que ha sido alterado de modo evidente es la necesidad de una de esas construcciones sorprendentes -y graciosas- a efectos de justificar el género “tira”. No es necesario que se construya una tensión o una ruptura del sentido común, ni se ata la tira a su eficacia.
Algunas precisiones. No todos los autores de tiras y demás formas breves de la historieta (a los que empieza a ser problemático llamar humoristas gráficos) han abandonado el chiste tradicional, ni Liniers, Sala y Kioskerman (o Max Aguirre, Tute, el duo Langer/Mira en Clarín, o Rep) dejan de lado en todos los casos ese recurso. Pero me parece indudable que el chiste dejó de ser una condición necesaria para calificar algunos géneros o formatos característicos de la historieta, como la tira diaria sin “continuará”.
El pulóver azul, por Liniers

Otra genialidad de Liniers (lean hasta al asterico, abajo de todo)
El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo.
Fragmento de “No se culpe a nadie”, en Final de juego, de Julio Cortázar. [Seguir leyendo el cuento]
*Mañana Liniers va a acompañar a Javier Argüello en la presentación de El mar de todos los muertos.
En Eterna Cadencia, Honduras 5574 a las 19hs. [mapa]
Llegaron Jim, Jam y el otro
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por M. F.
Me senté a escribir sobre Jim, jam y el otro con la idea clara de relacionarlo tributariamente con Macanudo. Es que desde hace unos años fue esa tira la que revitalizó al mundo del ¿humor? gráfico desde las páginas de La nación. Pero inmediatamente después quedé obligado a pensar en otros creadores que también fueron relevantes para el género desde diferentes lugares. ¿Por qué no pensar en Maitena, por qué no en Sendra?
Puedo rectificarme, Liniers convirtió a la tira en un espacio mucho más poético, menos relacionado con el remate que con la fantasía (no lo fantástico) y lo inefable. Ahora si.
Jim, jam y el otro va en ese camino pero con particularidades que lo diferencian. Me gustaría decir que exuda contemporaneidad, la de unos personajes que podrían parecer intercambiables o neutros en la primera mirada pero que refutan la hipótesis al instante.
Los tres personajes, como dice Tute en el prólogo del libro no son identificables con sus nombres. Cualquiera podría ser Jim o Jam. Sin dudas todos son “el otro”. Algo que deleitaría al bueno de Benveniste.
Pero aún así tienen particularidades. El de pelo largo es quizás el más peculiar y alternativo. Tiene un gato que lleva siempre consigo y se suma a la larguísima lista de gatos en tiras gráficas. El pelado tendrá su búsqueda del cabello y el menos identificable de los tres porque no tiene ninguna característica llamativa es el que se hace las preguntas, quizás su rol sea el de bueno. Pero esta caracterización es absolutamente endeble.
Liniers en inglés
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por M. F.
Más de una vez confesé mi gusto por los libros de viaje o, con más precisión, crónicas de viaje. Conejo de viaje entra, sin dudas, en ese grupo, con el gran valor adicional del dibujo de Liniers.
Una señora llamada Samantha Schnee se tomó la molestia de traducir varias páginas al inglés y colgarlas acá. Ahora, este libro de viaje, va a poder llegar más allá del mundo hispanoparlante.
Presentación macanúdica
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por M.F.
Ayer a la tarde en la Boutique del libro de la calle Thames fue la presentación de Macanudo #6, la recopilación de las tiras que [Ricardo] Liniers publica todos los días en el diario La Nación.
Al llegar me encontré con una larga fila de fans que completaba todo el largo pasillo de la librería, desde la pared autografiada hasta la caja, toda gente con su Macanudo en mano. En la otra punta Liniers ni lento ni perezoso, ya autografiaba libros.
Qué voluntad tienen este hombre, por si no lo saben la gran hazaña de esta sexta entrega de Macanudo en formato libro es que el autor dibujó cada una de las 5000 tapas de la tirada a mano. Aún después de eso tiene la voluntad para autografiar.









