Entrevista a Manuel Fuentes Vázquez {2
F: ¿Estarás de acuerdo conmigo en que en España se lee en mayor medida literatura argentina contemporánea que la literatura española que se lee en Argentina?
MF: Es cierto, pero sólo de 3 ó 4 años para acá. Ahora empezó a haber un flujo en el que empieza a ser más fácil encontrar literatura argentina o hispanoamericana, en general. Pero no ha sido tan fácil. Alfaguara, por ejemplo, tiene dos líneas editoriales: una española y una argentina. Lo que publica Alfaguara Argentina no llega aquí.
MF: Claro, pero Cortázar no solamente es Cortázar; Cortázar es un negocio. Que ahora va a seguir y que empezó hace años, cuando un señor que se llamaba Juan Cruz (te hablo de hace diez años atrás) dijo: “hay que leer a Cortázar”. Pero a Cortázar no hay que leerlo por obligación, hay que descubrirlo por devoción. Sin embargo, volviendo a tu pregunta, en Buenos Aires hay escaparates con literatura española contemporánea.
El escritor mexicano Gabriel Zaid, en Los demasiados libros (Mención especial del Premio Anagrama de Ensayo, 1996), estudió cómo el volumen de producción es tan inmenso que el fenómeno de la discriminación se ha convertido en algo imposible. De ahí que siga siendo válida la idea de la sólida base de los clásicos y a partir de ahí, operar. Hay que leer primero a los clásicos argentinos antes que a lo que escriben los contemporáneos. En Argentina, la gente se cachondea de La Cautiva de Echeverría: es lógico, porque se la metían a los pobrecitos niños como aquí en España se hacía con La Celestina, desde la primaria. Pero de meterlo antes de lo que toca hemos pasado al desprecio. Eso es peligroso. Con esto que estoy diciendo, quizá me esté volviendo un tanto viejo.
F: ¿De dónde surje esa hispanofobia mezclada con anglofilia-galofilia patente en las letras argentinas? Se me ocurren, como dos excepciones, Macedonio y Mujica. Después está la ambigüedad de Borges que admiraba a Cervantes y Quevedo, pero desdeñaba gran parte de la tradición española.
MF: Esta pregunta da para muchos prismas. Sintéticamente: el romanticismo español es una mierda. Aunque mis colegas hispanistas se enfaden mucho conmigo, no lo digo yo sino una autoridad: Dámaso Alonso, quien lo definió como un “movimiento rebotado, tardío y mediocre”. Más allá de la razón política (que el español fuera el enemigo en la construcción de la identidad literaria argentina decimonónica), el romanticismo español era una basura. Si lo comparas con el alemán, el inglés o hasta el francés, sacas la conclusión de que si te hablan de romanticismo español te están engañando. Creo que esa es la principal causa por la cual los argentinos rechazan la literatura española desde el momento de su nacimiento. Un colega argentino me dijo una vez, bromeando: “ustedes tienen toda la literatura de la edad media, el siglo XVI, un maravilloso XVII, déjennos a nosotros ahora, ¿no?”.
F: ¿Cómo explicás el Martín Fierro a tus alumnos españoles? Te lo pregunto porque he oído a algún profesor establecer una analogía entre el gaucho y el gitano.
MF: Ese paralelismo es erróneo. Para explicar el Martín Fierro, primero, no hay que explicarlo como lo hizo Unamuno. Desde una postura de usurpación.


