Pedro Mairal en Alejandría
El día martes fui a la tradicional lectura del Grupo Alejandría. La última edición del año. Estuvieron Pedro Mairal, como se puede ver en la foto, Oliverio Coelho y Juan Cejas, además de los integrantes estables de Alejandría.
Mairal leyó un cuento y participó de una entrevista pública que le hizo Ximena Venturini, de Alejandría. Lo que sigue es esa entrevista.
Pedro Mairal entrevistado por Ximena Venturini
Pedro Mairal: Me parece que es un ejercicio que siempre hicieron los escritores. Antes se hacía en novelas, esto de travestirse, por ejemplo. Ahora alguna gente lo hace en los blogs. En realidad hay ejercicios literarios que la gente está haciendo todo el tiempo sin saberlo, por ejemplo: cuando se cambian la identidad en un chat o lugares así de Internet. Hay un juego ahí de convertirte en otro que es muy literario, aunque la gente no piense que esté haciendo literatura, por suerte, ¿no?
Yo ya no me siento más una joven promesa porque además no le prometí nada a nadie. Pero es como un asunto de los otros, no es algo que me incumbe mucho.
Con respecto a la poesía y la narrativa: yo sé muy claramente cuando empiezo a escribir algo si es un poema o si va para otra cosa. Es un poco esquemático lo que voy a decir, pero es algo sí como que la poesía es bailar y la narrativa caminar. La narrativa se mueve con unos pasos más cronológicos, es sobre todo el uso del tiempo, una escena desencadena en otra escena y el tiempo está desarrollado linealmente aunque haya saltos para atrás.
En la poesía el tiempo está presente todo junto como si fuera un deja vu o como si fueran esas imágenes que uno tiene antes de morir, antes que te pise un auto, la vida de golpe. La poesía tiene mucho de eso, por supuesto que la narrativa también puede hacerlo, pero si lo toma esquemáticamente podría decir eso, que la poesía narra el tiempo con mayúscula, todo ovillado. Esa sería la diferencia. A veces me agarra ganas de escribir una cosa y a veces ganas de escribir otra cosa. No sé a qué obedece eso.
Ximena Venturini: Bueno, en relación con tu escritura, quizás algo que siempre dicen los críticos es que sos un escritor muy tradicional. Quizás se deba a tu formación de Licenciado en Letras. Una vez, el año pasado me habías dicho en una entrevista que Salvatierra la habías escrito antes y en realidad la crítica dijo que es tu obra más madura. Bueno, no sé qué le pasa a los lectores, pero cuando lo leí yo, me pasó eso, me parece que tiene un dejo de literatura oriental, a ver cómo debatís esta idea.
PM: Primero tengo que decir, para no quedar como esos ingenieros truchos que después no son ingenieros, como Graciela Alfano, tengo que decir que no soy Licenciado, nunca me recibí, me quedaron unos finales.
Salvatierra lo escribí en el 2003 y después escribí El año del desierto. Se publicó primero El año del desierto en 2005 y en 2008 se publicó Salvatierra. No sé por qué los críticos decían que yo había alcanzado una madurez, yo no dije nada. Siempre hay que decir que los libros son fresquitos, que los acabo de escribir, nada de decir que sacaste algo del fondo del cajón.
También me pasa que cada libro trato que sea distinto, cada libro trae su estilo. Cada libro de algún modo, a medida que lo empezas a escribir te va diciendo cómo tenés que escribirlo. Bah, a mi me pasa por lo menos, tengo que descubrir cómo escribir ese libro. No es que ya tengo un estilo y ya escribo así, sino que tengo que ver cómo escribo ese libro. En cierta forma, aunque parezca un poco exagerado, tengo que aprender a escribirlo.
En ese sentido Salvatierra es un libro que podría ser una especie de novela medio japonesa, tiene una cosa contemplativa con la naturaleza y además el río… hay una cosa un poco Juan L. Ortíz. Digo, ojalá la haya, el poeta entrerriano y también una mirada como de haiku. Pero eso me lo dijo el libro, no sé cómo explicarte, no es que fue un momento de mi vida en que mi forma de escritura se desarrolló en ese sentido sino que ese libro sentí que lo tenía que escribir así.
Entonces bueno, después los críticos piensan que eso es más maduro, lo que hiciste antes y está bien, yo lo acepto porque son lecturas y a lo mejor el acto de publicar en ese orden esos libros implique cierta madurez, cosa que puede ser, que tengan un poco de razón.
XV: ¿Cuando ganaste el premio eras muy joven no? Tenías 28 años. ¿Eso te condicionó de alguna manera, te hizo bien, te hizo mal? Y además después de la famosa película con Cecilia Roth, ¿la viste?
PM: Yo tenía 28 años cuando gané el Premio Clarín y es verdad que era chico porque era lo primero de narrativa que publicaba. Yo había publicado poesía nomás. Entonces fue buenísimo, pero estaban Bioy Casares, Roa Bastos y Cabrera Infante en el jurado. A mi me superó un poco eso y después sentí mucha exposición. Salió la película y necesité esconderme un poco.
En ese sentido usé poco la poesía para escribir y tuve que escribir pensando “esto no se lo voy a mostrar a nadie” porque esa novela se leyó mucho y por el hecho de que era un diario importante, me cayeron bastante fuerte. Yo estaba muy crudo para recibir a la vez tanto elogio y tanto palo, ¿no? Todo junto. Me volví demasiado consciente de todo eso. Me sentaba a escribir narrativa y tenía el ojo acá, el ojo crítico. Me refugié mucho pensando “estos son textos que no voy a publicar” y escribía un falso diario con cosas que en realidad no me pasaban a mi sino que tenían fragmentos de cosas que después terminaron siendo cuentos. También escribí poesía. Fue una manera de recuperar el silencio interno, ese que hace falta para escribir. Por supuesto que me vino muy bien todo eso.
En el medio de todo vi la película, y fue duro. En ese momento para mi fue como que le hagan cirugía estética a tu hijo… y mal. Pero es porque por una cuestión de amor propio vos inventaste la historia de una forma y sentís que viene un director y sobreimprime tu historia con su lectura y de hecho pasa a estar Cecilia Roth en la tapa de mi libro, o sea que no hay manera de imaginarse a Sabrina Love sin Cecilia Roth. Fue una lección eso y ahora con el tiempo puedo decir que me alegra que hayan hecho la película, por más que a mí no me haga gustado demasiado.
Es el día de hoy que si un taxista me pregunta “vos qué hacés”, “bueno, yo escribí una novela que se llama Una noche con Sabrina Love” Y bueno entró el nombre de un libro en el disco rígido de la gente, eso es bastante raro, eso lo hace el cine. Además eso me permitió después entrar a lo que más te da en el mundo este, que es escribir guiones. La única cosa rentable de escritura que trabajé hasta ahora al margen de algunas cosas de periodismo es escribir guiones de cine. Por alguna razón los directores creyeron que yo podía escribir guiones, yo dije que sí, que podía y me puse a escribir cosas. El año pasado escribí con Sorín La ventana, después de varios guiones fallidos que no se filmaron. Y esa fue un poco la historia del cine.